Economía

Llega el turismo sostenible

La ‘vergüenza a volar’ es un movimiento social que aumenta y que amenaza con ser el mayor problema del turismo en los próximos años

En la imagen, turistas en la terminal del aeropuerto Reina Sofía, en el sur de Tenerife. DA

Actualmente, el sector turístico no pasa por su mejor momento. Aunque el año 2019 arrancó medianamente bien para esta industria, los últimos datos de los meses de mayo y junio y las previsiones para este invierno [temporada alta en las Islas], con una caída en las reservas de turistas procedentes, sobre todo, de Alemania y Países Bajos, no son nada prometedores y distan mucho de las cifras récords alcanzadas en los últimos tiempos. Por si fuera poco, en este escenario entra en juego una preocupación más para el sector: el movimiento social denominado flygskam, término original sueco que significa vergüenza a volar.

Se trata de un movimiento que nace en Suecia y que no hay que despreciar, puesto que ya está en las agendas de los principales gobiernos de Centroeuropa. Y es que viajar ya no está tan bien visto, porque hacerlo contribuye a la emisión de gases invernadero. Los que siguen este movimiento proponen sustituir el avión por otro medio de transporte menos contaminante, aunque sea más incómodo. No se trata de dejar de viajar, sino de encontrar medios alternativos y de irlos compaginando a lo largo de los viajes que realicemos.

El avión emite 285 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro. Para entender la magnitud de esto hay que compararlo con los 158 gramos que produce el coche y los 14 del tren.

En 1950 había 25 millones de viajeros. Hoy hay más de 1 billón de desplazamientos. Según datos de la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas, hemos pasado de ser 25 millones de turistas en 1950 a 1.240 millones en 2016. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, los aviones son los principales contaminantes en los últimos 20 años. Sin embargo, el pasado mes de junio el tráfico aéreo disminuyó el 2%. Esto significa que este movimiento social está teniendo su efecto y ha encontrado seguidores en la Europa Central y Occidental. De hecho, los Gobiernos de Holanda, Bélgica y Francia ya están pensando medidas fiscales para gravar los viajes de avión. Francia, por ejemplo, propone un impuesto sobre el billete que puede llegar hasta los 18 euros.

Pero ¿qué ocurre con España, cuyo turismo llega en el 82% por vía aérea? ¿O Canarias, donde casi el 100% de los turistas entra por el aeropuerto? En nuestro país, el Gobierno en funciones ya está pensando si imita o no a países como Francia. En Canarias, la apuesta es clara. Ante la caída del turismo, el Archipiélago tiene que optar por otras variantes que le den valor añadido al destino y una de ellas es, precisamente, hacer sostenibles  los establecimientos hoteleros como estrategia de posicionamiento turístico clave.

“Ser el primer destino que pueda certificar que sus hoteles solo consumen energía limpia tendría mucha más penetración que cualquier campaña de marketing”, consideró Jorge Marichal, presidente de la Asociación Hotelera y Extrahotelera de la provincia de Santa Cruz de Tenerife (Ashotel). “Tenemos que ser conscientes de que este será uno de los inconvenientes con el que nos vamos a encontrar en los próximos años, tanto a corto como a medio plazo, y por ello tenemos que ponernos a trabajar desde ya”, señaló Marichal. Desde Ashotel, explicó, “estamos trabajando para que las infraestructuras hoteleras sean lo más sostenibles posibles, desde lo social a lo medioambiental. Ahora lo que necesitamos es el apoyo de las administraciones públicas para que entiendan que esto será un problema y que tienen que ayudar a paliar la vergüenza a volar, que se está haciendo cada vez más fuerte”.

Precisamente, una de las medidas en las que la patronal hotelera está trabajando es en un proyecto para la instalación de una planta fotovoltaica en Tenerife que abastezca de energías limpias al mayor número posible hoteles. La idea es ir sustituyendo progresivamente la dependencia de la energía fósil y reducir la huella de carbono. El proyecto está en fase de búsqueda de localización con la capacidad de acogida adecuada para una instalación con potencia de 50 megavatios, para cubrir una parte importante de las necesidades eléctricas y sustituir el consumo de combustibles fósiles, incrementando así la eficiencia energética de un grupo notable de establecimientos. Este modelo debe irse replicando, incluso con otras fuentes renovables, que finalmente cubran las necesidades de energía eléctrica del conjunto de la planta alojativa.

“Tenemos que ser pioneros, ser valientes y dar un paso adelante, mediante la certificación de nuestros hoteles para compensar al máximo esa huella de carbono que generan los aviones que nos traen clientes”. Se trata de un proyecto que no se basa en reducir costes, sino en cambiar la idea del turista para que no tenga miedo a volar y de que cuando venga a Canarias a través de unos bonos se pueda certificar que el CO2 usado en el avión se ha compensado alojándose en hoteles sostenibles. Para ello, indicó Marichal, “solo falta un poco mas de implicación y cariño por parte del Gobierno de Canarias y el Cabildo insular”.

Una medida polémica y que va encaminada también a mejorar la sostenibilidad de los hoteles es la puesta en marcha por dos cadenas en Tenerife, que consiste en intercambiar bonos descuento en el hotel por la limpieza de la habitación. Sobre este aspecto, Marichal afirmó que se trata de políticas de empresa, pero aclaró que nada tienen que ver con la precariedad laboral o con futuros despidos. “Ocurrió algo similar cuando se impuso aquella medida para no lavar las toallas todos los días. Se trata de algo voluntario y que precisamente contribuye a la sostenibilidad porque se gastará menos agua, menos productos químicos y menos transporte. Estoy seguro de que con los años nadie se sorprenderá. Es algo voluntario a lo que el cliente se adhiere si quiere y, además, supone menos carga para las camareras de piso”.

A pesar de todo esto y rompiendo una lanza por el sector de la aviación, hay que tener en cuenta que este contribuye en solo el 5% a la emisión de gases invernadero, y de que el sector está haciendo su contribución a frenar el cambio climático tanto en la fabricación de las aeronaves como en los motores, que son cada vez más eficientes. Contribuyen, además, con 5.000 millones de euros en tasas medioambientales y derechos de emisión, que, en muchas ocasiones, los Gobiernos de turno no destinan precisamente a lograr una aviación más sostenible.

La ecotasa de la que no quiere oír hablar el presidente de Ashotel

El presidente de la patronal se mostró totalmente en contra de la implantación de una tasa turística, tal y como plantea el nuevo Gobierno de Canarias, y afirmó que no entiende cómo en un momento como el actual, con un cambio de ciclo, “se esté hablando de una tasa turística cuando ni siquiera saben para qué la quieren. Se trata de un impuesto más que nos va a hacer menos competitivos con destinos fuertes como Grecia, Túnez o Turquía. Después, que nadie nos eche la culpa cuando se destruya empleo. Cualquier tasa supone un sobreprecio y una pérdida de competitividad”. Marichal indicó que es una “pena” que en lugar de tasas no se dé más presupuesto a infraestructuras y a promoción. “Una tasa turística, sea como sea, es una muy mala noticia para el sector que más empleo y recursos tributarios genera. Estamos hablando de 1.400 millones de euros, de los que 400 proceden del IGIC, que se han duplicado en los últimos años, y solo se gastan 19 millones en promoción”.