otras coordenadas

El bienestar de la familia

Colocados en la globalización, la institución familiar es soporte básico de la sociedad. Maltratada y no reconocida por el estado de bienestar

Colocados en la globalización, la institución familiar es soporte básico de la sociedad. Maltratada y no reconocida por el estado de bienestar. Arrancamos nuestra historia desde la Suecia socialdemócrata de los años 70 del siglo XX. Donde, en su estrategia de La Familia del futuro, una política familiar socialista (1972), defendían una sociedad de individuos autónomos, donde la familia debía ser sustituida por el Estado. No fue un caso aislado. Suecia, Reino Unido, EE.UU., socialdemocracia, laborismo, demócratas del New Deal, apostaron por una doctrina ya presente en la historia, Platón, Rousseau, Marqués de Sade, Marx, Wilhelm Reich, y cuyos resultados han sido dramáticos. Estado y sociedad civil reconfiguran la familia y los fines que soportan. Crianza, educación y valores. Seguridad, socorro y defensa. Producción de bienes y servicios. Conflicto que debemos resolver en el mundo de las ideas, lo demás es instrumental.

La rotura de la familia lleva a la atomización del ciudadano, que se aísla y sobrevive en un marco sin soporte afectivo. El colapso del matrimonio en las sociedades occidentales produce que más del 50% de los hijos nazcan fuera del matrimonio, por lo que la educación es ofrecida en hogares solteros y/o divorciados. Con un sistema de ayudas públicas que de facto incentiva la disfuncionalidad. Dando lugar a una pobreza endémica consecuencia de la destrucción de la familia. Presiona sobre los recursos públicos, que en fase de crisis se vuelven inaccesibles. En las socialdemocracias se sufre el ciclo perverso de las transferencias públicas, siendo los hijos las víctimas directas, que al tiempo los condena a mantenerse en el círculo de la asistencia pública, de compleja salida.

Otra víctima es la mujer que aislada se ve desprotegida ante la violencia. Resultan paradigmáticos los casos de Dinamarca, Finlandia y Suecia, con sus elevadas ratios de violencia machista, superior a las sociedades del sur, donde existe un mayor soporte familiar que corrige el fenómeno. En las sociedades multiculturales a que vamos el fenómeno se dispara, cuando el tejido social se descapitaliza.

Nos conduce a un creciente estatismo, con los consiguientes efectos sobre el gasto público y la burocratización de las relaciones civiles familiares. Da lugar a una eclosión de asistentes sociales, pedagogos y psicólogos, que suplantan funciones propias de la familia. El Estado invade su espacio, cuando la familia renuncia a sus responsabilidades. Por el contrario, ha sido en la crisis la institución clave para mantener la estabilidad social; sin cuyo concurso los efectos del paro, pobreza y exclusión social serían otros. Sin su decidido apoyo no es posible sostener la natalidad y las pensiones, posiblemente los conflictos de mayor calado a medio plazo en España, llamada a ser la nación con mayor longevidad y más bajo índice de natalidad. La familia es la que soporta la existencia de un modelo social sólido, creativo y pujante. En los desequilibrios de la globalización, ofrece fórmulas más eficientes en términos económicos y más sólidas social y emocionalmente.

El Estado debe detenerse en corregir las deficiencias, cuando la familia no es capaz de proveerlos. Cuando ponemos a Europa a competir en la globalización, con sus beneficios desplazados hacia oriente, el modelo es insostenible. Incapaz de superar los costes derivados del intervencionismo estatal y ajeno a los valores fundadores de las democracias occidentales, donde la familia es una de sus bases. Imprescindible para mantener nuestra identidad, cultura, natalidad y pensiones. Exige políticas en positivo.

TE PUEDE INTERESAR