otras coordenadas

Europa liberal

Se cumplen 30 años de la caída del muro de Berlín en 1989, que reconfiguró la nueva Europa, luego del desplome económico y de valores del comunismo

Se cumplen 30 años de la caída del muro de Berlín en 1989, que reconfiguró la nueva Europa, luego del desplome económico y de valores del comunismo. Con ello parecían cumplirse las tesis de Francis Fukuyama, sostenida en el Fin de la Historia (1992), donde aventuraba que el mundo caminaba hacia un modelo único de “democracia liberal” y de libre mercado. En su reciente obra Identidad (2019), se repliega en sus tesis, reconsiderando las respuestas que da la globalización a la economía de mercado sin límites, con los riesgos que implica hacia el ciudadano. Donde aparecen “la religión y la nación”, como vectores del debate político. No ya la “clase social” que defendía el marxismo como motor de la historia. El proceso de occidentalización forzosa de los países del Este, produjo el conflicto de conciliar europeización con democratización, y con ello las reacciones ante la dilución de sus diferencias. Cuando el Este de Europa, venía de recuperar religión, tradiciones e identidad nacional, machacadas por el marxismo y con la socialdemocracia europea vencida, ante los retos de la globalización. Se produce este fenómeno, donde deben competir culturas, religiones y economías. En el caso de Europa la caída del muro cambió la política por la historia y la cultura. Con sus herencias “latina y eslava” y su común patrimonio espiritual de valores cristianos, soportados en los derechos del hombre, con libertad de conciencia y libertad religiosa. Con la globalización aparecen los fenómenos de Trump, el brexit y los populismos europeos de izquierda y derecha. También las derivas islamistas de Turquía y de Irán, y el nacionalismo chino, que acepta hacia afuera la globalización para exportar sus bienes industriales y cierra su mercado interior a la competencia: incumple las reglas de la GATT sobre los derechos del libre mercado y de propiedad intelectual, con una dictadura de partido único. Asistimos a los terremotos sociales de Sudamérica en análogas claves. Argentina hacia atrás, renovando el peronismo tras el fracaso del gradualismo de Macri. Evo Morales huido de Bolivia, luego de engañar la Constitución renovando mandatos y el sistema electoral. Venezuela, Cuba y Nicaragua, más allá del desastre. Hasta Chile, el mejor situado, con su sociedad civil reclamando equilibrios ante la globalización. Fenómeno que vemos extendido en Hong Kong, Irán y más países, soportados en la libertad que ofrece Internet. La viabilidad de Europa, depende de su capacidad para reconducir su estado liberal, enfrentado a la “globalización”, donde no puede derivar en 100 naciones, cuando no puede con 28. El momento político de España ofrece análogos retos. La nación plegada ante los nacionalismos, descuadernada la Constitución del 78, luego de ir primando durante 40 años a los rebeldes a ella. Todos los “terueles” son ya posibles, impulsados por los beneficios de las diferencias, que se retroalimentan explosionando la nación, con imposibles soluciones pactadas La España iliberal, juega con el franquismo para reescribir la España republicana y plurinacional y en clave ideológica se desliza, como vemos con la reciente lectura de la “educación concertada”. En el núcleo ambos de la guerra incivil, que vimos superada por la Constitución del 78. Recuperadas por el pacto podemita, que no ve más educación que la pública. Cuando el artículo 27 de la Constitución, reforzado por 4 sentencias del Tribunal Supremo, confirma la libertad de enseñanza, de elección y creación de centros. De cátedra e ideario. Derecho a la formación religiosa y moral. La España iliberal, nos lleva a una crisis prolongada, que se sumará a la economía que viene, desde la globalización, los incumplimientos con Europa y las rebeldías nacionalistas contra la Constitución, ya sin control.

TE PUEDE INTERESAR