conversaciones en los limoneros

Caco Senante: “El que interpreta boleros dice cantando lo que no se atreve a decir en persona”

Caco puso a Canarias en el mundo de la música –como antes habían hecho, entre otros, Los Canarios, de su amigo Eduardo, Teddy, Bautista—, con una canción que ya es un clásico en la salsa mundial: Mojo Picón (1982)

Caco Senante –Juan Carlos Senante Mascareño— (Santa Cruz, 1949) montó su taberna en Madrid, que le dio fama y dinero, gracias a los dos millones de pesetas que su madre, Rosalba Mascareño, le regaló a su hijo cuando a ella le tocó la lotería. Ahí empezó la aventura de esta gaviota en Madrid (melodía compuesta en 1979), que puso a Canarias en el mundo de la música –como antes habían hecho, entre otros, Los Canarios, de su amigo Eduardo, Teddy, Bautista—, con una canción que ya es un clásico en la salsa mundial: Mojo Picón (1982). 18 discos grabados –uno con Rubén Blades, que apenas circuló; una pena–. 12 películas. 65 canciones compuestas. Actuó por España en el Festival de la OTI (Sevilla, 1985). También es representante taurino y gran aficionado al boxeo. Caco Senante, premio Taburiente de esta casa, lleva casi 45 años en la música y disfruta ahora -más moral que económicamente- de haber ganado la querella por intromisión ilegítima en su honor, por presuntos hechos cometidos durante su etapa directiva en la Sociedad General de Autores (SGAE), que le interpuso a la cadena SER. Y me lo explica: “Mira, el dinero, que fueron 3.000 euros más costas judiciales, se lo regalé a mis hijos, para que ellos vieran que cuando uno intenta quitar la fama a los demás, se paga”.

-¿Quiénes fueron los responsables y por qué?
“Javier del Pino y Pedro Aznar, en el programa del fin de semana de la SER, A vivir que son dos días. Esa resolución judicial es una victoria moral, ya que ellos juzgaban peyorativamente mi paso por la Sociedad de Autores. Gané y tuvieron que leer la sentencia en antena. Hay cosas que no se pueden permitir”.

-Con Mojo Picón pusiste a Canarias en el mundo de la salsa.
“Y eso que la compuse para que no gustara. Íbamos a sacar un disco que se llamaba Mojo Picón/Salsa Canaria. El productor me sugirió, en contra de mi criterio, que compusiera un tema con este nombre. Lo hice en diez minutos y cuando le presenté la maqueta, me dijo: “Justamente es lo que estábamos buscando”. Y es que hay sonidos que se quedan en la mente de las personas con mucha facilidad. Ahora cuando canto boleros siempre me piden Mojo Picón en los bises”.

-¿Qué pasa con la SGAE?
“Que se la han cargado y se han portado fatal con Teddy Bautista. Llegó a ser la quinta empresa de gestión de derechos de artistas que más recaudaba en el mundo. Ahora la siguen tomando con Teddy, pero no le encuentran nada, porque no hay nada raro en su labor. Todo lo contrario. Pero continúan molestándolo. Yo estuve años trabajando a su lado”.

-La Bodeguita del Caco fue como un santuario de los canarios en Madrid.
“Sí, aquello era como un nido de gaviotas, una taberna de artistas que duró trece años y que me dio fama y dinero. Funcionó muy bien”.

-Tu vida ha sido una aventura. ¿O no?
“Bueno, he recorrido mucho mundo. Mis primeros tiempos fuera de España fueron como profesor de español en la universidad americana de Bucknell, pero yo había estudiado antes arquitectura en Las Palmas. Más bien me había matriculado, porque estudiar, lo que se dice estudiar, estudié poco. Te diré que esta profesión mía de la música se sustenta en la mentira. Hay gente que siempre está llegando de América; a mí me hacen gracia y me inspiran ternura estos personajes”.

-Y tú siempre con la guitarra al hombro.
“Sí, yo compongo mis canciones con mi guitarra aunque, si te digo la verdad, cada vez la toco peor. Ahora las compongo mentalmente, sin instrumentos, y luego las toco”.

-Ha muerto recientemente Pepe MacDonald, todo un referente de la noche en Canarias.
“Sí, una grandísima pérdida. Su Toca-Toca de Las Palmas era toda una referencia. Fue muy emotiva la despedida por carta que le hizo su hija, la actriz Kira Miró. Pepe era una persona muy querida para mí y para mucha gente. Hay gente relacionada con la música que tiene mucho mérito en Canarias. Por ejemplo, Javier Zerolo trajo la salsa aquí y la puso de moda. ¿Y quién se lo agradece?”.

-¿Qué haces ahora?
“Bueno, tú sabes que los artistas vivimos hoy de las galas. Hago bastantes. Y, con dos músicos, actúo cada sábado en un restaurante muy famoso de Madrid, en la calle Jorge Juan, Los Gallos, que es propiedad del tinerfeño Pepe Caldas, hijo de aquel gran rector de La Laguna. Estoy muy contento y lleno cada sábado cantando boleros. Los viernes actúa otro tinerfeño, David Ascanio”.

-¿Y no vives de los derechos de autor de Mojo Picón y de otras composiciones?
“Sí, ahí están, pero, ¿qué te queda de una canción? Muy poco. Los artistas tienen que acudir a las galas y a las actuaciones en directo. Los discos ya no te aportan casi nada. Además, todos estamos desconcertados por la velocidad a la que va esto: primero, el vinilo, luego las casetes, después el CD y ahora el pen drive. ¿Pero qué es el pen drive? Esto es una locura”.

-Tú tienes buena relación con los grandes españoles, como Sabina y Serrat. ¿Siguen siendo los mejores?
“Sabina es quien mejor maneja el idioma y Serrat el mejor compositor. Sabina es tan bueno que ha sido capaz de meter al Banco Hispano Americano en una canción. Esto no lo consigue sino él”.

-Para mí, Serrat fue y es mágico.
“Hombre, poner música a los poetas es muy complicado. Y él se la ha puesto, nada más y nada menos que a Miguel Hernández, a Antonio Machado y a Mario Benedetti. Casi nada. La juventud de hoy no se ha enterado de que Serrat se tuvo que marchar de España a causa de la música, por no renunciar a sus principios. Sabina también tuvo que sufrir un largo exilio en Londres”.

-Y eso que su padre era policía.
“Sí, es verdad, se cuenta en su biografía”.

-¿Una mujer desnuda es un enigma, como Benedetti escribió y repite Serrat?
“Por supuesto”.

-De los vivos, ¿quiénes son tus referentes? Casi siempre le hago esta pregunta a mis entrevistados.
“Pablo Milanés y Rubén Blades, porque Mercedes Sosa ya no vive”.

-Entre otros, supongo.
“Por su puesto; vamos a ver, hay viejos cojonudos y otros que no afinaban, sobre todo al final de sus carreras. Le pasaba a Chavela Vargas, por ejemplo, que era muy buena pero no andaba muy acertada con la afinación. Luego están otros genios, como José Alfredo Jiménez como autor. Es que saben decir bien las cosas”.

-¿Y Silvio Rodríguez?
“Tiene mucho talento, pero es surrealista. No entendí el Unicornio azul hasta que él no me lo explicó. Parecía una marca de pantalones vaqueros. Pero no ha perdido el tono y tampoco ha perdido la voz”.

-Te conozco desde que éramos muy jóvenes. Y siempre estabas obsesionado con la música y el artisteo.
“Es que soñaba con que quería ser cantante. Yo le cantaba a la hija del portero de una casa de discos. Y aquel festival de música en el Guimerá, organizado por Paco Álvarez Galván, me abrió la puerta de la música. Participaron Los Sabandeños, Los Chincanayros, Taburiente Folk, el Minuto y yo. Y gané. Renuncié a mi puesto de profesor en aquella universidad americana y envié en mi lugar a un compañero para que cumpliera mi contrato”.

-Y mucho más tarde montaste un espectáculo: El bolero siempre llama dos veces.
“Es que el bolero siempre te da una segunda oportunidad”.

-¿Tú sabías que aquella canción de Frank Sinatra, Extraños en la noche, la compuso realmente un famoso músico catalán que vivía en Tenerife, el maestro Estany?
“Eso se dijo. El compositor fue Ben Kaempfert, pero el maestro Estany decía que Kaempfert había venido a Tenerife, había oído su chotis y lo había copiado (se titulaba No se puede ser guapo). Vete tú a saber”.

(Alfonso García-Ramos, en una crónica publicada en ABC el 29 de octubre de 1966, daba cuenta de la denuncia del maestro Estany ante la Sociedad General de Autores por este presunto plagio, sin que yo sepa las consecuencias posteriores del pleito, si es que las hubo. A mí me lo refirió directamente el propio maestro Estany, ya en los setenta, en una entrevista para el desaparecido vespertino La Tarde).

-Defíneme el bolero, que ahora es la esencia de tus canciones.
“Mira, el bolero consigue decir a la cara a los demás lo que la gente no se atrevía a hacer sin cantar. “Te fallé como amante”, reza uno. ¿Quién le dice a una mujer que le ha fallado como amante si no es cantando? Es que le da vergüenza a cualquiera”.

-¿Sigues siendo feliz sobre un escenario?
“La música tiene que conmover y yo quiero seguir conmoviendo a la gente. Yo donde soy feliz es ahí, subido a una tarima, cantando, emocionando al público. A mí me gusta robar canciones. Me llamo Caco por eso, porque robo melodías a los demás y las canto”.

-Eso hacían también Sinatra y Aznavour.
“El inglés de Sinatra lo entendían hasta los que no sabían inglés. Y Aznavour, sin esforzarse mucho, levantaba pasiones. Lo hizo hasta los 90 años”.

-También las levanta tu amigo Pablo Milanés, que ya será multimillonario.
“Es uno de los grandes. Pero no es millonario, porque ya sabes cómo son los cubanos: de él dependen 100 personas y eso cuesta mucho dinero”.

-Han muerto algunos grandes de la copla y el fado, como Carlos Cano.
“Sí que lo fue, yo estaba con él en el estudio cuando grabó su primer disco. Te contaré algo: una vez me encontré en la SGAE a Juanito Valderrama. Y le dije: “Maestro, me arrodillo a su paso”. Y él me respondió muy amablemente, llamándome por mi nombre y deseándome éxitos. ¡El gran Juanito Valderrama!”.

-Programas como Viaje al centro de la tele (La 1) contribuyen a recordar a los más grandes, ¿no crees Caco?
“Sí, pero sólo están destinados a un tipo de público de nuestra edad. A la juventud no le puedes recordar cosas que no vivió. Ahora prima el reguetón, que carece de textos, de armonía, de belleza. Te dice un tipo, cantando trap: “Aféitatelo, Tota, que esta noche te la voy a meter”. O “qué buena está la madre de José”. Y nosotros cantándole al monte de Venus. Son unos impresentables”.

-Tienes razón.
“A mí me enamoran la melodía y los textos y ahí no hay nada de eso. Todo cambia. Cuando los americanos llegaron a la Luna nosotros no teníamos televisión. Íbamos a las casas de algunos amigos ricos a ver el aparato, no la tele; se captaba alguna señal de alguna parte y dábamos saltos de alegría. No había ni siquiera semáforos, sino aquel guardia subido en la tarima dirigiendo el tráfico. Lo mismo pasa con la música”.

(Conoció a Yaser Arafat, en Palestina, que le impactó. A Saramago y a Vargas Llosa también. Arafat le agradeció a Caco que le dijera que iba a contar lo que había visto allí. Y ha recorrido muchos países de Europa y América a lo suyo, a cantar. Un canario en el mundo, como otros que llevaron muy adentro y soltaron muy afuera el nombre de las Islas. Y, no lo olviden, una gaviota en Madrid, a donde se fue con una maleta de cartón y 25 años. A triunfar. En la Aduana de Cádiz, el Minuto, que iba con él, le preguntó al guardia civil que registraba su coche: “Oiga, agente, ¿usted sabe por dónde se va a Tacoronte?”. Menos mal que el guardia de la Benemérita no captó la broma, porque todo el mundo sabe que la Guardia Civil no tiene sentido del humor).

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