La Palma

Así son los opositores al TMT

Las movilizaciones que ahora emprende la comunidad nativa hawaiana contra el telescopio solo constituyen la punta de lanza de una serie de agresiones culturales que dicen haber sufrido por parte de los Estados Unidos

Los detractores a instalar el telescopio en el monte de Mauna Kea han bloqueado durante meses los accesos al enclave. Pu’uhonua o Pu’uhuluhulu Maunakea

La instalación del Telescopio de Treinta Metros (TMT por sus siglas en inglés), que se convertirá en el instrumento de observación más potente y avanzado del planeta, ha sido, a lo largo de esta semana, objeto de debate para la comunidad científica internacional. En el Centro de Congresos de Hawái, isla escogida para acoger la infraestructura, se han dado cita hasta 3.400 expertos, durante la celebración del 235 aniversario de la Sociedad Astronómica de Estados Unidos, la AAS.

Sobre la mesa, dos opciones: la primera, el monte de Mauna Kea, un volcán inactivo de 4.207 metros que la comunidad nativa hawaiana considera “terreno sagrado”, motivo por el que varios grupos locales han mostrado su oposición a que se construya el aparato óptico en el que, por otro lado, los promotores del proyecto han denominado su “lugar preferido”. Y en segundo término, como opción B, La Palma, que ha puesto a disposición del consorcio internacional una superficie de 9,8 hectáreas en el observatorio del Roque de los Muchachos.

No fue hasta el pasado 26 de diciembre que los detractores a emplazar el telescopio en Hawái abrieron los accesos por carretera a la ‘tierra sacra’. Lo hicieron, tras permanecer durante cerca de seis meses acampados en la base de la montaña, obstaculizando la entrada de cualquier camión o vehículo que pudiera participar en la construcción del TMT. Pero no se trata de una retirada; solo es una ‘tregua’ pactada con el gobernador del Estado -equivalente al presidente de la Comunidad Autónoma-, David Ige, una vez recibida comunicación oficial del alcalde del Condado -cabildo-, Harry Kim, en la que se especificaba que “la construcción no va a dar avances, como mínimo, hasta final de febrero”.

Y en el transcurso de este pequeño ‘impás’ entre las instituciones públicas y los grupos opositores, Noe Noe Wong-Wilson, una de las kupuna o ancianas de la comunidad nativa más respetadas, ha accedido a una entrevista, en exclusiva, con DIARIO DE AVISOS, que ha seguido de cerca tanto el proceso administrativo desarrollado en la Isla Bonita, como las trabas y dificultades con las que han tenido que lidiar los promotores del aparato en Hawái. “Se pretende hacer un telescopio de 18 pisos de altura y dos pisos de estructura base, ocupando, además, una superficie de aproximadamente cinco acres (20.000 metros cuadrados). Esta instalación es demasiado grande y no se puede construir en Mauna Kea”, señala.

Reconoce que la demografía no está de su parte, puesto que la población nativa representa, en la actualidad, el 23% de los habitantes de la ínsula. Sin embargo, matiza que estas cifras responden a un conflicto histórico que se remonta al siglo XIX. Según una de las personalidades más destacadas del movimiento Kia’i, en 1893 Estados Unidos perpetró una operación para derrocar a la reina Lili‘uokalani junto a lobbies empresariales. En ese momento, de acuerdo a su versión, habría comenzado el calvario para los tradicionales moradores de la isla del Pacífico. “Luego, en 1898, se anexionó ilegalmente a Hawái”, explica la líder local. Es más, indica que en 1959, cuando el archipiélago hawaiano obtuvo la denominación de Estado número 50 del país, “se hizo mediante un plebiscito que no cumplía con los criterios de las Naciones Unidas”.

Noe Noe Wong-Wilson es una de las ancianas más respetadas de la comunidad nativa y una referente entre los colectivos. Pu’uhonua o Pu’uhuluhulu Maunakea

Para la también conocida como ‘tía Noe Noe’, el conflicto territorial se acentuó a principios del siglo XX, cuando “era ilegal hablar el idioma hawaiano en público y en las escuelas”. Una circunstancia que, entiende, “hizo que la lengua casi se perdiera, hasta que un pequeño grupo hizo un esfuerzo por revitalizar nuestras costumbres en la década de los 70. Todavía hay unas pocas miles de personas que pueden hablar el idioma nativo con fluidez, y por suerte vamos en aumento”.

Cuestionada por los motivos exactos que les han llevado a emprender una batalla tan larga y dura contra el TMT, organizando manifestaciones semana sí y semana también -tal como relató el joven palmero Kevin Cabrera, que viajó esta navidad a otra de las islas del Estado-, la cabecilla apunta que “Mauna Kea es la montaña más alta del Pacífico, y en la cosmología hawaiana es considerada una montaña sagrada; un lugar donde la tierra y el cielo se encuentran. En las historias sobre el origen de Hawái, el monte se crea de la unión de la tierra (Papahanaumoku) y una extensión del cielo (Wakea)”. De hecho, Noe Noe aclara que “los protectores de Mauna Kea no estamos en contra de la ciencia o de la astronomía. Los antiguos hawaianos eran astrónomos y entendían el movimiento de las estrellas y planetas. La objeción es por el tamaño del edificio y su ubicación en nuestra montaña sagrada”.

En lo referente a liderazgos del movimiento, como el que le atribuye una buena parte de los manifestantes, explica que “la montaña es nuestra guía en las decisiones; yo solo soy una portavoz de los kupuna que ha decidido proteger la montaña de una mayor profanación”. Y sobre la estructura de funcionamiento, añade: “no somos una organización en sí, sino un grupo de individuos; la mayoría, residentes de Hawái, pero también tenemos aliados de todo el continente, aparte de las personas de otras partes del mundo que se unen a nosotros a través de las redes”.

El próximo 15 de enero también es una fecha señalada en el calendario de las protestas. No en vano, la campaña Hawai‘i Rising aboga por una movilización masiva frente al Capitolio -equivalente al Parlamento regional-, órgano en el que se espera que la senadora Amy Perruso defienda una propuesta de ley que paralice definitivamente las acciones de construcción en Mauna Kea. “Algunos representantes ya nos han transmitido su apoyo a nuestra demanda para bloquear el proyecto”, asevera la líder opositora. Por el momento, se han sumado a la iniciativa un total de 27 colectivos.

Sea cual sea el resultado de esa concentración a las puertas de la cámara legislativa, algo que tienen claro es que “no nos rendiremos. Estamos comprometidos a permanecer en contra de ese proyecto hasta que anuncien que no lo construirán en Hawái”, indica. Además, asegura que “los gobiernos del Estado y el Condado desean que abandonemos, pero nos negamos”. Y en cuanto al consorcio internacional del TMT, cuyo vicepresidente de Relaciones Exteriores, Gordon Squires, afirmaba que continuarían “manteniendo conversaciones privadas con los líderes de la comunidad nativa”, Noe Noe responde con suma contundencia: “No hay nada que negociar con ellos sobre nuestra tierra”.

EL PLAN B, CON ESPERANZAS DE QUE SE INCLINE LA BALANZA ANTES DE FEBRERO
En Canarias, los representantes públicos mantienen vivas las esperanzas. El presidente regional, Ángel Víctor Torres, en su primera visita oficial a la Isla Bonita, celebrada el pasado mes de noviembre, recordaba que en caso de optar por el plan alternativo a Hawái, podría iniciarse la construcción con rapidez, puesto que dispone de todos los permisos para ubicarse en Puntagorda. Y era, precisamente, el regidor local, Vicente Rodríguez, quien hace una semana se congratulaba de que el consorcio internacional hubiera pagado el importe correspondiente a la licencia de obra. Mientras, el líder del Cabildo palmero, Mariano H. Zapata, sostiene que se tomará una decisión antes de febrero.

Los nativos son minoritarios, pero están movilizados. Protect Maunakea