carnaval 2020

Cristo Manuel González Rodríguez: “Gracias a mi mujer conocí a ‘Navarrito’, el mejor letrista”

Ha estado once años como componente, director y batería de El Cabito; y otros seis años en la murga Los Caducos, en la que también fue componente, director y batería
Cristo Manuel González Rodríguez. DA
Cristo Manuel González Rodríguez. DA
Cristo Manuel González Rodríguez. DA

Cristo es capaz de estar en to-dos sitios. Lo mismo pinta, que dirige con maestría y tacto humano una murga de niños, además de desdoblarse en una agrupación musical y dedicarle el tiempo necesario a su mujer y a la familia. El Carnaval es su pasión y lucha porque las murgas infantiles no desaparezcan. Presume de haber conocido, gracias a su mujer, al que considera “mejor letrista de todos los tiempos: Navarrito”. Cristo Manuel González ha estado once años como componente, director y batería de El Cabito; y otros seis años en la murga Los Caducos, en la que también fue componente, director y batería. Según los entendidos, es el único murguero que ha sido las tres cosas, tanto en murgas infantiles como en murgas adultas. Además, suma cuatro años de componente en la murga adulta Guachipanduzy, diez años en la agrupación musical Salsarengue y, en la actualidad, lleva nueve años en la agrupación Nobleza Canaria. Y durante cuatro años ha estado ayudando, desde que se fundó, a la murga infantil Lenguas Largas y durante otros siete años a la murga infantil Chinchositos, “de mi compadre Berto Marichal”, señala.

-¿Quién es Cristo en el Carnaval de Santa Cruz?
“Primero, soy carnavalero. He sido murguero y, actualmente, componente de una agrupación musical. Y como dicen mis niños de El Cabito, manager de la murga. Aunque yo me considero padre y ayudante en la misma”.

-¿Cuántos años le ha dedicado a los carnavales?
“Desde los siete años, que fue cuando empecé en El Cabito, hasta la actualidad. Es decir, un total de treinta y cuatro años, ya que cumplo 41 el próximo mes de marzo”.

-¿Cuál es su vinculación con Navarrito?
“Soy el marido de su nieta Nisamar”.

-¿Dónde y cuándo escuchó hablar de él?
“Aunque la gente crea lo contrario, nadie habla de los murgueros antiguos cuando estás en las murgas infantiles. Bueno, o al menos eso pasaba en mi tiempo. Empecé a escuchar cosas sobre él cuando empecé a salir con mi mujer”.

– ¿Qué recuerdo especial guarda de Navarrito?
“Lo recuerdo todo. Cómo hablaba, su bondad, su forma de tratar a la gente y a su familia. La forma en la que quería a su mujer y, sobre todo, la gran persona que era. No por su tamaño, sino por su corazón”.

-¿Cuánto ha tenido que ver su mujer en toda esta preciosa historia?
“Mi familia lo es todo para mí, pero mi mujer, cuando van llegando los carnavales y los excesos de ensayos, intenta ir conmigo para por lo menos poder vernos. Y es que, de lo contrario, ni me vería [risas]. Lo hace, sobre todo, para darme su apoyo, que para mí es lo más importante. Gracias a ella conocí al que es para mí un murguero referente y fue una grandísima persona”.

-¿Considera que Navarrito ha sido el mejor letrista de murgas que ha existido jamás?
“No lo creo yo solo. Me acuerdo de ver saliendo de su casa a Ramón Guimerá y él me dijo quién era Navarrito. Don Jesús era muy modesto y nunca me habló de su andadura murguera hasta que le pregunté. Como letrista era el mejor en su tiempo. Fue el inventor del doble sentido en las murgas durante la etapa de la censura y, sólo por eso, ya creo que él será siempre el mejor letrista de todos los tiempos”.

-¿Qué ha aprendido Cristo del abuelo de su mujer?
“He aprendido mucho y no sólo como murguero, sino como persona. Era, según sus historias, un letrista impresionante… pero, según mi ex-periencia, era sobre todo un marido, padre, abuelo y bisa-buelo increíble”.

-¿Un letrista se hace o se nace?
“Yo pienso que se nace y es que sólo tienes que ver que hay muchos murgueros de toda la vida que siguen en las murgas, pero hay muy pocos letristas y montadores musicales. Cada uno nace para algo y en lo de las letras se tiene que haber nacido para eso”.

-¿Cuáles han sido sus mejores años en El Cabito?
“Mis mejores años en El Cabito fueron cuando estábamos en el Cuartel de San Carlos, allá por 1988, año arriba o año abajo. También fue muy bueno el año 94, cuando siendo director de El Cabito obtuvimos el Segundo Premio de Interpretación”.

-¿De cara al futuro, corren peligro las murgas infantiles?
“Creo que sí por la sencilla razón que hay murgas y murgas. Murgas de sesenta o más componentes y murgas que no llegan a treinta. En nuestro caso somos 35 este año y nos han venido niños a apuntarse y les hemos dicho que vayan a otras murgas que les hicieran falta niños, porque nosotros ya teníamos más que el mínimo. Esto va a provocar que más murgas se vayan marchando de este Carnaval. Y después están los mercenarios, que los hay y bastantes, que quieren hacer su agosto con las murgas vendiendo letras a precio de oro, montadores musicales que viven de esto, diseñadores, etc…”.

-¿Le ha valido la pena tanto sacrificio? ¿Por qué?
“Sí que vale la pena. Sobre todo, cuando le ves las caras a esos niños y cuando te cuentan sus problemas e intentas ayudarlos. Bueno, para mí cada niño de la murga es casi un hijo más, al que quiero ver siempre contento y por eso vale tanto la pena”.

-¿Cambiaría las bases?
“Sí, desde luego. Cuesta mucho encontrar niños menores para las murgas infantiles y todo el mundo sabe que siempre se mete algún colado para ganar hombría en las voces y premios. Pienso que la Comisión de Fiestas debería intervenir cuando ven a niños grandes”.

-¿Se las puede incentivar de alguna manera?
“Creo que, al igual que se pide un mínimo de 30 niños, se debería tener también un máximo por murga. Eso dejaría más niños para que buscaran otras y se tendrían que retirar menos murgas”.

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