cultura

Cuando el canto no tiene barreras

La Escuela Coral es un proyecto de intervención cultural que permite a niños y adultos adquirir conceptos musicales de forma gratuita
Una treintena de niños de entre 8 y 12 años integran la modalidad infantil de la Escuela Coral de Tenerife. Fran Pallero
Una treintena de niños de entre 8 y 12 años integran la modalidad infantil de la Escuela Coral de Tenerife. Fran Pallero

La clásica canción de cuna A la nanita nana resuena en la parte baja del Auditorio Adán Martín, como cada martes por la tarde, gracias a la voz de una veintena de niños y niñas que integran la Escuela Coral de Tenerife, en su modalidad infantil. Con aguja e hilo invisibles, los pequeños corrigen su postura corporal, mejoran su forma de respirar, adquieren disciplina y método de trabajo, y como efecto colateral, aprenden a cantar. Este coro, impulsado por el Cabildo insular, es de carácter gratuito y está dirigido especialmente a familias de bajos recursos, con el fin de eliminar las limitaciones económicas presentes en la enseñanza musical.

“Cantar hace felices a las personas”, dice sonriente Roxana Schmunk, directora musical de los diferentes coros infantil, prejuvenil, juvenil y adulto, que integran la Escuela. Roxana está implicada en que estos grupos, a los que cualquier ciudadano puede acceder sin ningún tipo de filtro, adquieran un nivel profesional. Y aclara que el único requisito que se pide a los participantes y sus familias, “es la implicación”.

Esta Escuela, según Roxana, se clasifica entre los proyectos “de intervención”, que son aquellos en los que el arte entra en tu comunidad. Y concretamente el canto, asegura, “tiene muchos beneficios, incluso la Organización Mundial de la Salud ha descrito que permite aprender a escuchar, a respetar y a crear un espacio común”.

Con la pregunta “¿Cómo están chicos?” y un mensaje de bienvenida, la profesora de ritmo y expresión corporal, Nazareth, pide a los pequeños que se pongan en pie y anden en círculo mientras escuchan el ritmo de las pisadas.

“¿Han traído aguja e hilo?”, dice la profesora a los niños, que sacan estas herramientas imaginarias de sus bolsillos y simulan que estos materiales están sobre sus cabezas, con lo que consiguen mantener recta su espalda.

La pandereta, el sonido de un silbato y las directrices de la profesora marcan el calentamiento de la voz, en el que, a través de los múltiples ejercicios, Roxana explica que se enseña a los niños conceptos musicales: “realizan actividades de técnica vocal, trabajan las articulaciones, practican el masaje de los cantantes y se mejora la afinación y los agudos”.

Aunque en esta Escuela no se trabaja por niveles, sino que todos los niños son bienvenidos independientemente de sus conocimientos, la intención de la directora musical es que en el futuro, estos niños se conviertan en “la cantera” del Coro Juvenil de Tenerife, que está enfocado a la práctica profesional y se ha labrado una “buena reputación” gracias a sus éxitos en concursos internacionales.

Roxana cuenta que la dinámica de las clases en el coro infantil y el adulto no es muy diferente porque “se parte de nociones básicas”. Así, la mayoría de los alumnos son personas interesadas en el canto. En el coro adulto, cuenta que hay inscritos varios murgueros y también personas mayores de 70 años que ven en estas clases una forma de ocio “diferente”.

Aunque la Escuela Coral solo lleva funcionando tres años, desde su puesta en marcha se organiza un concierto con motivo de cada final de curso en el que siempre se agotan las entradas: “Esa es la época de trabajo más intensa, se preparan canciones específicamente para esos días, además de la puesta en escena en la Sala de Cámara”, dijo Roxana, quien se mostró orgullosa con el esfuerzo que realizan los diferentes grupos de cara a ese concierto.

Pública y de calidad

Era frecuente que desde las distintas administraciones se proporcionaran subvenciones a clubes deportivos, principalmente de fútbol y baloncesto, mientras que en el ámbito musical predominaba un vacío formativo en la Isla. Para compensar esta situación, hace tres años nacía la Escuela Coral de Tenerife, un espacio pionero en su ámbito que repite la exitosa fórmula de Barrios Orquestados, ser un proyecto social de carácter pedagógico y con fines artísticos que entra en comunidades con personas de escasos recursos económicos.

Fue hace poco menos de un año cuando el Auditorio de Tenerife inauguró varias salas destinadas a la Escuela Coral, con suelos brillantes, pianos, pizarras, sillas y todo el material necesario para llevar a cabo las clases de canto. En la parte de docencia, el equipo profesional cuenta con un profesor de ritmo y expresión corporal, otro de puesta en escena, dos asistentes de dirección y un pianista acompañante.

La directora musical, que se muestra cercana con los niños a la vez que firme cuando ve que se distraen, ha puesto toda su confianza en el proyecto y cree que ya se están viendo los resultados:“La aceleración en el nivel ha sido de cero a cien en estos tres años e incluso han venido directores reconocidos mundialmente para verles actuar, aunque creo que todavía hay margen de mejora”.

El canto, el lenguaje musical, la técnica vocal, la expresión corporal y la puesta en escena son aprendizajes secundarios, a juzgar por lo que disfrutan niños y grandes en cada una de las dos clases semanales que tienen en la Escuela, donde cada grupo es casi como una segunda familia. Porque al final, como dice Roxana, “lo importante no es educar en el arte, sino hacerlo a través del arte”.

El canto como agente posibilitador del cambio social

Esta Escuela Coral, perteneciente al Área Educativa y Social del Auditorio de Tenerife, se enmarca en las acciones de intervención comunitaria que una administración puede realizar y tiene como objetivo fortalecer las relaciones entre personas y el empoderamiento de las mismas a través de la participación y los trabajos basados en la creatividad.

En este tipo de proyectos, se persigue como objetivo fundamental la autonomía, a través de un proceso emancipatorio para que las personas vivan en situación de libertad e igualdad. De esta forma, la Escuela es una opción gratuita que nace como respuesta al vacío formativo que existía en esta materia en la Isla.

Rivero: “La música, el canto y el baile tienen valores terapéuticos”
El Cabildo de Tenerife, a través del Área de Cultura que gestiona la consejera Concepción María Rivero, lleva a cabo diferentes programas que buscan que el arte sea accesible a personas con discapacidad, escasos recursos o mayores. Entre estas actividades se enmarca la Escuela Coral de Tenerife, un proyecto que según Rivero ha tenido una gran acogida entre las familias de la Isla y cuenta en este curso 2019 -2020 con 220 inscritos.

“Queremos que el canto llegue a quienes desean aprender desde cero, sin ningún tipo de impedimento, porque sabemos que cuando se trata de iniciativas privadas hay personas a las que les cuesta acceder. Por eso, este proyecto, de carácter totalmente gratuito, no solo permite que estas personas puedan aprender conocimientos musicales, sino ponerlos en práctica a través de conciertos y competiciones”, explicó la consejera.

Asimismo, Rivero resaltó que desde la Corporación también se potencian otros programas con los que, a través del arte y la cultura, se trabaja con colectivos vulnerables: “La música, el canto y el baile tienen valores terapéuticos, por eso creemos que este tipo de proyectos hay que seguir impulsándolos, como también hacemos con Danza en Comunidad o Mano a Mano.

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