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Rosa María murió de forma “agónica, lenta y violenta”, sin posibilidad de defenderse

El cadáver de la víctima fallecida en Ofra presentaba “traumatismos por, literalmente, todo su cuerpo”, según la autopsia
En primer plano, Gonzalo, acusado por la Fiscalía de ser el asesino y maltratador de Rosa María; en el recuadro, vivienda de Ofra donde apareció muerta. Efe
En primer plano, Gonzalo, acusado por la Fiscalía de ser el asesino y maltratador de Rosa María; en el recuadro,           vivienda de Ofra donde apareció muerta. Efe
En primer plano, Gonzalo, acusado por la Fiscalía de ser el asesino y maltratador de Rosa María; en el recuadro, vivienda de Ofra donde apareció muerta. Efe

T. F. /Efe

“Innumerables traumatismos por, literalmente, todo el cuerpo”. Así los explicaron ayer forenses que practicaron la autopsia a Rosa María C.H., de 60 años y fallecida el 2 de febrero de 2019, presuntamente, a manos de su pareja y sobrino, Gonzalo S.C., de 57 años y al que la Fiscalía considera responsable tanto de su asesinato como del maltrato habitual a la que la habría sometido desde 2012. Por el contrario, el encausado niega los hechos y sostiene que se encontró a la mujer muerta en su cama, tras lo cual intentó suicidarse ingiriendo dos cajas de tranquilizantes.

Sin embargo, las pruebas se han acumulado contra Gonzalo, para quien la acusación pública pide la prisión permanente revisable, durante las cuatro sesiones que se han celebrado de este juicio, que se sigue en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Los testimonios de los vecinos palmeros (vivían en San Andrés y Sauces, pero Gonzalo se trajo a Rosa María a Tenerife tras sentirse descubierto al acudir la mujer a un hospital y confesar que él la había tirado por las escaleras) resultaron muy significativos. La autopsia determinó que la víctima murió de un shock hemorrágico producido por la “incontable” cantidad de golpes que recibió en todo su cuerpo a lo largo de varios días, tal y como se recordó en la sesión de ayer.

Estaba viva

Porque Rosa María murió de forma “violenta, lenta y agónica”, boca arriba y sin posibilidad de defenderse, detallaron los forenses, uno de los cuales explicó que las hemorragias evaluadas fueron “vitales”, es decir, se produjeron cuando la víctima aún vivía, porque la sangre pudo filtrarse por los tejidos adyacentes.

La hemorragia interna que provocó un “grave” traumatismo facial dio pie, además, a que la mujer comenzara a tragarse su propia sangre, dados los restos que se encontraron en su estómago, parte de los cuales estaban digeridos, de lo que se deduce que aún estaba viva cuando comenzaba el proceso. Llevaba seis horas sin comer. Y el análisis realizado al cuerpo de R.M.C.H. mostró que tenía fracturas “agudas y recientes” en tres costillas, más otras antiguas en cuatro, soldadas de forma natural y sin intervención médica, que debían de producirle dolor continuo al respirar, según los testimonios, y otras roturas en la clavícula izquierda. El hecho de que los traumatismos presentaran distintos colores demuestra, además, que fueron provocados en días distintos, aunque muchos de ellos, incluso, estaban superpuestos.

De especial interés resultó el testimonio de que, al comienzo de la noche de los hechos, la mujer se defendió con las manos, hasta que llegó un momento en que, según los forenses, Rosa María, una mujer discapacitada cuya pensión de 700 euros aprovechaba Gonzalo para comprar “grandes cantidades de ron y cerveza”, según desvelaron los testigos, dejó de defenderse mientras él la continuaba golpeando.
Igualmente, los restos de sangre y los elementos rotos en el baño, entre otras cosas, sugieren a la Fiscalía, en su conclusión final, que Gonzalo golpeó a su tía no solo con las manos, sino también con objetos, mobiliario, electrodomésticos, paredes y suelo, en lo que ha calificado de paliza “brutal” e “inhumana”.

Hoy se entrega el objeto de veredicto al tribunal de jurado popular

Salvo que sus deliberaciones se prolonguen más de lo previsible, las nueve personas que conforman el tribunal de jurado popular deciden hoy la suerte de Gonzalo, el varón de 57 años acusado de asesinar y maltratar habitualmente a su pareja y tía carnal, Rosa María, de cuya pensión vivía. Por la mañana, se les hará entrega del objeto de veredicto, una suerte de test en cuyas respuestas se dilucidará si el encausado es culpable o no de los delitos de asesinato y maltrato habitual. Tras la decisión del jurado, serán los magistrados de la Sección Quinta quienes dicten sentencia y, por ende, decidan posibles penas.

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