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La Guardia Civil detiene a Gabriel, el hijo menor del matrimonio muerto en San Miguel

Agentes del Instituto Armado apresaron ayer en una gasolinera de Granadilla de Abona al principal sospechoso del doble crimen; los cuerpos presentaban heridas de arma blanca
La vivienda y la granja de Isabel (en el recuadro) y Juan Manuel se encuentra en una zona aislada a la que se accede por un camino de tierra. Norchi
Isabel, una de las víctimas del homicidio. DA
Isabel, una de las víctimas del homicidio. DA

Isabel no participará en la mesa redonda del próximo miércoles en el Museo de Historia Casa de El Capitán, en San Miguel de Abona. Era una de las trabajadoras elegidas por el Ayuntamiento sureño como ejemplo de mujer emprendedora en el municipio, y estos días le daba forma a su discurso.

Su cadáver fue hallado por su hija, Luz, que se presentó a media tarde del jueves, junto a su hermano Víctor, en la casa terrera en la que convivía con su marido, en el paraje de Viña Vieja, junto al barranco de la Orchilla, que marca el límite entre San Miguel y Granadilla.

Minutos después, la Policía Local y la Guardia Civil descubrían también el cuerpo sin vida de su esposo, Juan Manuel. Ambos cadáveres presentaban heridas de arma blanca. Abiertas de inmediato las líneas de investigación, los agentes del Instituto Armado sospecharon desde el primer momento del entorno más próximo a las víctimas, concretamente del hijo menor de la pareja, Gabriel, de 34 años, un hombre corpulento de barba descuidada al que algunos vecinos coinciden en describir como una persona “desequilibrada emocionalmente” que había participado en programas de tratamiento contra las drogas.

Gabriel fue detenido en una acción coordinada por la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil a primera hora de la mañana de ayer en la gasolinera de Los Llanos, en Granadilla de Abona. Según pudo saber este periódico, el sospechoso, que pernoctaba periódicamente en la vivienda de sus padres, presentaba una herida en la frente, cubierta con un aparatoso vendaje, de lo que se puede deducir que las víctimas intentaron defenderse. A la espera de la confirmación oficial, las primeras hipótesis apuntan a que se entabló una fuerte discusión en el domicilio familiar que desencadenó el fatal desenlace.

María Isabel Díaz, de 61 años, y Juan Manuel Mateo, de 67, vivían junto a una granja de cabras y gallinas de su propiedad al borde de un profundo barranco que cuenta con varios antecedentes por suicidios. Allí producían leche, huevos, queso y yogur que vendían en la Quesería Orchilla y en el Mercado del Agricultor de San Miguel, en Las Chafiras, los miércoles, sábados y domingos, recinto que ayudaron a fundar hace 20 años, según indicó a DIARIO DE AVISOS el alcalde sanmiguelero, Arturo González, que definió al matrimonio como “gente de campo, muy sencilla y trabajadora”.

El mandatario sureño, que se personó el jueves en el lugar de los hechos nada más tener noticia del suceso junto al concejal de Policía, Manuel Rodríguez, decretó tres días de luto en el municipio. A las 11.35 horas de ayer un operario encaramado a una grúa colocaba a media asta la bandera de San Miguel de Abona por fuera del Ayuntamiento. “Expresamos nuestras condolencias y solidaridad a los familiares de las víctimas”, subrayó González.

Tanto la vivienda como la granja se encuentran apartadas en medio de un paisaje áspero y seco, bajo la carretera general, y a ellas solo se puede acceder por una pronunciada pendiente estrecha de tierra. A 50 metros de la casa, un coche de la Guardia Civil cerraba ayer el paso.

Tres agentes custodiaban la entrada a la vivienda después de que la Policía Científica realizara su trabajo a primera hora de la mañana. De hecho, sus uniformes blancos y guantes azules aún permanecían junto a la verja y los muros de piedra. Los agentes del Instituto Armado facilitaron el acceso hasta la reja del acceso principal al reducido grupo de periodistas que logró dar con el paradero del crimen, una tarea que no resultó fácil. Al otro lado de la puerta, dos perros amarrados no paraban de ladrar desde que advirtieron la presencia de los reporteros. Era el único sonido que sofocaba un silencio abrumador.

Una camioneta estacionada, un par de tuneras, una concretera junto a tres bolsas de cemento, un bidón, dos postes eléctricos de madera, unas cuantas sillas viejas y un par de mesas corroídas por el sol ofrecían a la entrada un cierto aspecto de abandono. En la zona más próxima al barranco se apreciaba el techo del corral, protegido por varias piedras contra el viento. A unos metros, tres cabras, que de vez en cuando soltaban algún balido que sonaba a lamento, deambulaban al borde del precipicio. Junto a la puerta, una cinta verdiblanca de la Guardia Civil advertía de la prohibición de continuar por el camino de tierra que parecía conducir a ninguna parte. Las formidables vistas a la costa, con la Montaña Roja de El Médano como gran icono en la distancia, completaban el paisaje.

ejemplo de lucha

Isabel y Juan Manuel eran muy apreciados en San Miguel de Abona. Encarnaban la cultura del esfuerzo y sacrificio que caracteriza a la gente del campo. Ella se mostraba encantada estos días con aportar su granito de arena en la lucha feminista. Su imagen aparecía en folletos y carteles que aún se pueden ver en las vías públicas junto a tres sanmigueleras más, entre ellas Ángela Delgado, presidenta de Asaga. Cuatro ejemplos de entrega y de éxito. “Por el hecho de ser mujer, antes se te cerraban las puertas, solo había hombres y nosotros estábamos en segundo lugar”, fue el último mensaje que dejó grabado en un vídeo del Ayuntamiento con el que se pretendía agradecer la lucha de las mujeres emprendedoras como ella.

La consternación y la incredulidad han roto estos días la tranquilidad habitual que se respira en el casco de San Miguel de Abona. “Eso es la luna llena”, comentaba ayer un vecino.

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