otras coordenadas

La peste

El virus nos ha colocado ante la singularidad propia de un agujero negro, donde el horizonte de sucesos es imprevisible. De manera que el presente desaparece y queda el pasado que fue y el futuro que viene. El mundo globalizado bajo el soporte de las libertades se quiebra. Los estados obligados a preservar nuestras seguridades, la física, la sanitaria, la ambiental y la económico-administrativa, se enfrenta a la peste que nos mata y demuele la economía, con efectos de largo recorrido. Los estado-nación se pliegan sobre sí mismos, convertidos en ámbitos estancos y unitarios para la gestión sanitaria. Privados de libertad por el Estado, nos cambian las prioridades, el juego de poderes y el enemigo.

Queda ante el espejo un Gobierno construido por factores que el virus ha superado, donde se actúa por conveniencias políticas sobre las sanitarias. El sistema admite incluso la corrupción, que ve como mecanismo para agilizar la gestión de sus clientelas, pero actúa con ineficacia ante el virus. Que ha nacionalizado la sanidad fracturada en las autonomías, incapaces de gestionar la Tarjeta Nacional de Salud en toda España. Responder con igualdad en un Estado montado en las desigualdades y las deslealtades catalana y vasca, que hoy soportan el Ejecuivo. Concatenan errores e ineficiencias que bloquean la credibilidad.

Albert Camus (Argelia 1913- Francia 1960), Premio Nóbel de Literatura 1957, escribió La Peste en 1947, donde trata de manera simbólica la epidemia de cólera en Orán, Argelia, en 1849 y los efectos de la plaga sobre la población. Retrato de la condición humana, que debe elegir entre la entrega y el egoísmo. Camus decía que no era existencialista, para apartarse de la apropiación marxista de este por Jean Paul Sartre, donde el ciudadano se debía a su clase. Valoraba la vida y la libertad individual por sí mismas, ajenas a causas superiores como ideologías, partidos o religiones.

La Peste puede leerse como ejemplo de la ocupación nazi de Francia, donde el juego de entrega y egoísmo se repite. Al igual que hoy en España, mantenida en la entrega de tantos contra el egoísmo de menos. Puesto en evidencia por un Gobierno soportado en valores imposibles ante la crisis.

El futuro que viene se construye hoy. Actuar preventivamente antes que el virus se expanda, minora la enfermedad y mejora los resultados. Vemos respuestas desde la política en los extremos, como las que nos prometen más estado y menos mercado. Respuestas desde lo simbólico, que ven bacterias y virus, micro y nano organismos que viven de sus huéspedes, respondiendo a los desequilibrios de GAIA. En 2000 años de historia hemos visto no menos de 20 Pandemias, viruela , sarampión, gripe española, peste bubónica, sida, de amplias mortalidades, que han reconfigurado la historia.

La gestión del día después requerirá nuevas habilidades, que garanticen seguridades y libertades, en un mundo globalizado que exige comercio y turismo. Fuera de posiciones redentoras y apocalípticas, se precisa innovación social y tecnológica. España tendrá que recomponer su estado nacional en términos de economía y administración. Asumir la integración en todos los ámbitos de lo público y lo privado, cultura de colaboración. Reducir sustancialmente los procedimientos administrativos y, en consecuencia, las leyes y normas de soporte.

Ampliar la gestión y trabajo telemático. Vemos estos días en Canarias cómo la obligación de atender al ciudadano ha aligerado las tramitaciones, minimizando plazos y recursos humanos públicos, todos ello en gestión remota. Solo ha cambiado el virus y la conciencia de la administración, primando al ciudadano ante el procedimiento.

TE PUEDE INTERESAR