conversaciones en los limoneros

Pardellas, el chico de la armónica

Lo ha ganado todo a sus 82 años, pero sobre todo el cariño de miles de personas. Vino con 10 años, trabajó eternamente en la radio y en la televisión de las Islas y es premio Ondas, premio Taburiente (que concede Diario de Avisos), premio Canarias de Comunicación y seguramente tiene en su haber algún desconocido galardón de armónica
Pardellas, el chico de la armónica. DA
Pardellas, el chico de la armónica. DA
Pardellas, el chico de la armónica. DA

José Antonio Pardellas Casas (Vigo, 1938) lo ha ganado todo a sus 82 años, pero sobre todo el cariño de miles de personas. Vino con 10 años, trabajó eternamente en la radio y en la televisión de las Islas y es premio Ondas, premio Taburiente (que concede Diario de Avisos), premio Canarias de Comunicación y seguramente tiene en su haber algún desconocido galardón de armónica, porque toca muy bien este instrumento musical. Ha publicado dos libros –Oh, la radio y Hermana Radio, que están agotados— y ha trabajado con figuras de la comunicación radiofónica en España, tales como Eduardo Sotillos y Luis del Olmo. A Pardellas se le debe la coletilla de “una hora menos en Canarias”. Y cuando le pregunto cómo gana uno tantos premios, me dice, ya sentados en nuestra mesa de Los Limoneros, sin estrecharnos las manos, siguiendo la recomendación de la autoridad sanitaria por lo del coronavirus: “No sé, yo creo que me los han dado por manga”. Con Pardellas transmitía yo para TVE los cosos del Carnaval del Puerto de la Cruz y de Santa Cruz, sentados ambos en el techo de la unidad móvil de la televisión pública en blanco y negro, y escuchando por el pinganillo los gritos del realizador, Mariano Martín, que era un malcriado. Y presentábamos el Telecanarias. José Antonio Pardellas es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de La Laguna y master en Medios Audiovisuales por la Complutense.

-Mariano Martín era un hombre muy bruto, que gritaba mucho. ¿No, Pardellas?
“Sí, pero también era un buen tío, muy competente, que sabía mucho de televisión y que bordaba las transmisiones en directo; ¿dónde andará?”.

-Nacido en Vigo y ensolerado en la isla de Tenerife. ¿Cómo fue eso?
“Sencillo. Mi padre era un gallego que vino aquí en 1948 con mi madre, como delegado de Pesquerías Paulino Freire, al frente de su flota. Y aquí se quedó. Yo tenía 10 años. Éramos una familia de cuatro hermanos, dos chicos y dos chicas, y disfrutábamos de una buena posición económica”.

-Y te dio por la Náutica.
“Bueno, siguiendo la tradición familiar materna empecé a estudiar Náutica, pero lo mío parece que era la radio”.

-Y la armónica.
“Sí, fui otro chico de la armónica, como aquel al que cantaba Micky, ¿te acuerdas?”.

-De pronto llegó la radio.
“Hice el curso para entrar en Radio Juventud de Canarias, luego Radiocadena Española, que tenía su sede en la Ciudad Juvenil. Ya se había ido a Venezuela su primer director, Mauricio Gómez-Leal, y el responsable entonces era Miguel Ángel Yanes Contreras”.

-Aquello era como una universidad de la radio.
“Aprendíamos de profesores muy curiosos, el mismo Miguel Ángel; Ignacio García-Talavera, que impartía clases de teatro, y Carmelo García-Cabrera, luego director del Instituto Oceanográfico, que era el jefe de Programas. Entramos entonces seis locutores: Goyo Pérez, Maite Acarreta, Marina Agulló, César Fernández-Trujillo, Pacolín Padrón y yo. Era el año 59”.

-¿Echas de menos todo aquello?
“Mira, echo de menos los seriales, las novelas radiofónicas, el teatro en las ondas. Ignacio García-Talavera montó El Avaro, de Moliere, para teatro y para la emisora, en versiones excelentes. era, evidentemente, otra radio”.

-Tienes 82 años y has logrado varias cosas: muchos premios y que casi todo el mundo te quiera. Ahora, la radio en Canarias, en general, está en manos de indocumentados.
“Hay mucha gente con poca cultura, pero no generalicemos. Cierto que el nivel ha bajado mucho. Yo sigo haciendo un programa, una tertulia con gente muy buena, en la emisora del CIT, pero reconozco que los programas locales, y sigo hablando en general, tienen poco atractivo. Ya sé que esto va a molestar a algunos, pero no me importa. Y escucho más las emisiones nacionales”.

-¿Cuál fue la mejor etapa de la radio en Tenerife?
“La más romántica, la que te conté. La mejor, cuando apareció Paco Padrón García, que revolucionó las ondas con aquellas unidades móviles amarillas de Radio Club que estaban por todas partes. A él se debe el inicio de una nueva era. Hace mucho tiempo que no lo veo y me gustaría darle un abrazo y agradecerle todo aquello”.

-En Televisión Española lo pasamos bien. Eran los tiempos heroicos. Recuerdo que podías llamar por teléfono a España y a cualquier parte del mundo sin pagar un duro. Yo telefoneaba -de baracalofi- a mis novias en Argentina.
“Era como una familia. En blanco y negro, claro. Transmitíamos los cosos del Carnaval sin guion y nos llamaban la atención porque no nos llevábamos por el monitor para contar lo que estaba pasando, sino que relatábamos el ambiente de la calle a nuestra bola”.

-Es que muchas veces no teníamos ni siquiera monitor.
“Es verdad, o no llegaba la señal o no existía el aparato”.

-Y aquellos viajes, Pardellas. Por todo el mundo.
“Yo me acuerdo de almorzar contigo y con el fallecido padre Siverio en las Torres Gemelas de Nueva York. Y de navegar por el río Carrao, en Canaima, en la selva amazónica. Hasta hicimos un viaje juntos en un Concorde fletado por CajaCanarias, ¿te acuerdas? Tengo fotos de todo eso”.

-¿Cómo fue lo de “una hora menos en Canarias”, que tú inventaste?
“No, no tanto como haberlo inventado. Yo hacía programas con Luis del Olmo (Protagonistas) y con Sotillos (Para vosotros, jóvenes), y ellos daban la hora de la península. Yo, desde el estudio de RNE en la calle de San Martín de Santa Cruz, puntualizaba siempre: ‘Una hora menos en canaria’. Y así fue calando la famosa coletilla en la opinión pública e incluso en los profesionales que emitían desde Madrid”.

(Dirigió el Centro Emisor del Atlántico de Radio Nacional de España en Canarias desde 1981 a 1993. Desde el 78 hasta su nombramiento como director fue jefe de Programas de la emisora estatal en las Islas. En Tenerife se casó con Loli, su mujer. Tuvieron dos hijos, Juan Manuel y José Felipe, que también están en la profesión de la comunicación. Siempre ha usado coches de la marca Volvo y a sus 82 años conduce uno. El primero se lo vendió Antonio Molano, otro hombre de las tertulias radiofónicas, que era jefe comercial de la marca, y que usaba el siguiente eslogan: “Cómprese un Volvo o lo hago polvo”).

-¿Qué le falta a los hombres y mujeres de la radio de hoy?
“Ya te he dicho que cultura”.

-¿Y eso?
“Cualquiera monta una emisora y se pone al frente de ella. Hay que saber asomarse al micrófono, como decía Pepe Cabrera. Algunos hablan, pero no saben de lo que hablan”.

-A eso se le llama ser analfabeto funcional.
“Pues eso, no hagas que lo repita, que te conozco”.

-¿Y qué echas de menos de la radio de tus tiempos juveniles?
“Si te digo la verdad, programas tan habituales y sencillos entonces, como seriales, discos dedicados tipo La Ronda, u otros como Rompa su disco, de Arturo Navarro-Gráu, que decía que rompía el disco que demandaba el oyente, para no escucharlo más, y luego se cargaba otro viejo, de los de pasta. Claro, el oyente no lo veía”.

-Era una hermosa radio, sí señor.
“Y programas caritativos, como La Hartanga Gigante, de César Fernández-Trujillo (a favor de los hermanos de San Juan de Dios); De corazón a corazón, que presentaba Somar. Te voy a contar lo que me pasó a mí”.

-Cuenta, cuenta.
“Pues que, ya en Radio Nacional, se me ocurrió la idea de poner en antena un programa titulado Haz bien y no mires a quién. Recibíamos llamadas de gente necesitada que pedía un deseo y se lo concedíamos en lo posible, a través de los propios oyentes. Un ciego que vendía cupones en la plaza de Weyler pidió un transistor, para matar las horas escuchando la radio, y recibió diez, pero me suspendieron el programa”.

-¿Por qué?
“El gobernador civil de turno, que no recuerdo quién era, llamó a Juan de Rojas, a la sazón director de la emisora, para decirle que en la España de Franco nadie pasaba necesidades y que, por tanto, esos programas tenían que ser apartados de la programación de Radio Nacional”.

-Qué bruto.
“Así se las gastaban los poncios de la época”.

(Me cita a Paco Álvarez Galván, el locutor que recitaba monólogos y que murió muy joven, con el que trabajó en la radio y en la televisión. A Genoveva del Castillo y Miguel Rodríguez, en los tiempos de la Radio Club de los sesenta. Yo le recuerdo a Juan Rolo. Y también echa de menos Pardellas los montaditos de salmón de Alonso el Chino y los whiskies servidos en vasos especiales, que sabían mejor que nunca en aquel bar, el Shangai, de la calle de La Marina. Y recuerda el bar Portuarios, junto a RNE. Y a Paco Marrero, otro hombre de la vieja escuela que acaba de morir).

-Has de saber que si la diñas antes que yo no iré a tu funeral, Pardellas. Los odio.
“Pues tú has de saber también, que si mueres antes que yo, sí iré a tu funeral”.

-No habrá tal, me llevarán directamente al horno y al cementerio.
“Ah, bueno, qué se le va a hacer”.

-Radio Nacional también creó escuela.
“Sí, por supuesto. Había profesionales buenísimos. Y fue un vehículo para acercar a mucha gente desperdigada por el mundo. Recuerdo aquellos programas de Españoles en la mar. Y otros de éxito, como La hora del soldado, que dirigieron Carlos Ramos Aspiroz y Juan Arencibia, que acaba de fallecer, nonagenario”.

-Y que se escuchaban en los enormes aparatos de radio y en los modernos transistores que vendían los indios y que se llevaban los godos como rosquillas.
“Pues, sí. Aparatos buenísimos como los Nordmende y los Grundig alemanes y más tarde los de las marcas japonesas”.

-La radio dicen que aporta magia a la comunicación.
“No sé si magia, pero sí es un medio fantástico, que no puede ser exclusivo de marinos, taxistas y enfermos. Tiene que ser algo más. Tiene que añadir a la información veraz, inmediata y puntual, cultura. De lo contrario, estamos perdidos. No se puede estar todo el día diciendo boberías, alarmando sin sentido o haciendo proselitismo”.

-¿Hablamos mal de alguien, Pardellas?
“No es necesario”.

-Pues hablemos de los criterios para la concesión de emisoras en Canarias. Tú y yo fundamos las dos primeras alegales de Tenerife, Radio Burgado y Radio Isla.
“Y qué bien lo pasamos. Esto de ahora ha sido un disparate. Paulino se equivocó. No entiendo cómo le conceden veinte y pico emisoras a un señor para que no las ponga en marcha y no cree empleo, vulnerando el sentido de la convocatoria, y a mí me quitan la mía, o no me conceden la que pedí, y tuve que mandar a casa a diez personas. Un auténtico disparate”.

(Fraga inauguró RNE en Canarias, Centro Emisor del Atlántico, en el 64. Llegaba su señal a todo el mundo desde estas islas. Fue la revolución. Aparatos modernos, onda media y onda corta, un centro magnífico en Las Mesas, que hoy existe. Y este hombre que está junto a mí vivió los mejores años de Radio Nacional. También fue designado para dirigir, por absorción, en toda España, la fusión de Radiocadena Española y Radio Nacional de España. Pardellas es prudente y ha contado de su profesión todo lo que sabía en dos libros magníficos e imprescindibles, ya citados, para conocer lo que la radio ha sido en estas Islas. Es verdad que unos han sido mejor tratados que otros en sus relatos). “Si lo dices por ti, no apareces en uno de los libros porque me cabreé: no me mandaste el cuestionario que te pedí reiteradamente. En el otro sí estás, además ampliamente citado”.

-¿Puedo titular esto con “Pardellas, el chico de la armónica”?
“Titula como te dé la gana”.

-Pues ya está. Hecho.

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