CLAVES PARA SER BRILLANTE

Sobrevivir en tiempos de crisis

Las crisis no tienen fronteras. Irrumpen en nuestras vidas suspendiendo la cotidianidad. Dejan al desnudo las debilidades. Pero lo cierto es que el ser humano está diseñado para sobrevivir a cualquier crisis

Al igual que ocurre con las crisis climáticas, sanitarias, políticas, sociales o económicas, la mayoría de las personas atravesaremos a lo largo de nuestra existencia nuestras propias crisis familiares, profesionales o personales. Formamos parte de un sistema donde todo interactúa, donde unos elementos afectan a otros como un castillo de naipes, y lo cierto es que al igual que un terremoto, las crisis nos proporcionan una inesperada sacudida que puede variar en forma, duración y magnitud.

¡Menuda sorpresa!

Es casi paradójico pensar que siendo tan significativas, habituales e inevitables, las crisis nos suelan encontrar tan desprevenidos. Y es que esta dramática ruptura con la normalidad es un fenómeno que con frecuencia irrumpe súbitamente, haciéndonos salir de nuestra agradable “zona de confort”. Cuando uno o varios aspectos que dan forma a la realidad cambian o se desvanecen, se genera lo que podríamos llamar un “momento crítico”, que rompe nuestros esquemas conduciéndonos a transformaciones profundas.

Todavía recuerdo la mañana del 7 de julio de 2005, cuando se produjo el atentando terrorista en el metro de Londres con cuatro bombas que acabaron con la vida de 56 personas y dejaron 700 heridos. Yo misma sorteé al caprichoso destino que hizo que esa mañana me quedara dormida y no acudiera en metro a mis clases de inglés. La crisis que sobrevino marcaría un antes y un después en la mente y los corazones de los británicos. El miedo, la incertidumbre, la confusión y el silencio, sobre todo aquel silencio, marcaron los días y semanas posteriores. Algo difícil de olvidar.

La pérdida de un ser querido, la enfermedad, la separación, la falta de estabilidad económica o una vivencia traumática son otros ejemplos de momentos críticos que marcan el punto de partida de un nuevo comienzo o aprendizaje. Son momentos excepcionales que nos sitúan entre dos realidades. La que representa el mundo tal y como era, y otra que aún no sabemos como será, pero que definitivamente traerá consigo cambios, e incluso una nueva forma de percibir el mundo.

¿Y ahora qué?

Una de las particularidades que tienen las temibles crisis es que no duran para siempre. Más pronto que tarde tienen un desenlace, pero hasta que eso ocurre suele manifestarse la insoportable incertidumbre. ¿Qué va a pasar? se convierte en la gran pregunta. Lo único que sabemos es que concluirá, pero la urgencia de respuestas, y la ausencia de éstas, puede conducirnos al bloqueo, miedo o indecisión.

Cuando las certezas se desvanecen dejan paso a un sentimiento de inseguridad que desata en nuestro fuero interno el mecanismo de huir. Como un animal que quiere escapar de la amenaza de un depredador. La necesidad de certezas forma parte de nuestra naturaleza humana, y cuando descubrimos que hemos perdido el control de una situación, cuando hay factores externos que nos afectan incluso en contra de nuestra voluntad, surgen sentimientos de enfado, frustración, angustia, tristeza o desconcierto.

Poder personal

Y es en este contexto donde toma más importancia que nunca el poder personal, es decir, nuestra capacidad para asimilar lo que vivimos, tomar decisiones y elegir nuestra actitud. Las crisis traen consigo el caos mental, emocional, social, económico, etc. quebrantando nuestras costumbres, creencias o valores. El equilibrio al que más o menos estábamos acostumbrado se tambalea. Nos sentimos vulnerables, expuestos o a la deriva de las circunstancias.

Sin embargo, las crisis nos ofrecen aprendizajes, cambian nuestros esquemas, abren bifurcaciones que marcan nuevos rumbos y cambian el curso de nuestras vidas. Si pensamos en positivo, adaptarnos y sacar partido de estos periodos transitorios es la estrategia más inteligente para afrontarlos y reencontrar el equilibrio físico, mental y emocional.

Si piensas que todo irá bien, a pesar de las circunstancias, es más probable que todo vaya bien, porque esta actitud te coloca en el estado mental adecuado para hacer los cambios necesarios que te lleven a avanzar. Y si te cuesta hacerlo, piensa en todas aquellas ocasiones en el pasado en las que experimentaste momentos difíciles y conseguiste superarlos.

Las crisis no tienen fronteras. Irrumpen en nuestras vidas suspendiendo la cotidianidad. Dejan al desnudo las debilidades. Pero lo cierto es que el ser humano está diseñado para sobrevivir a cualquier crisis. Elijamos contagiarnos de positividad, de esperanzas renovadas, y miremos al futuro brillante que siempre nos espera más allá de la tempestad. Aprovechemos la oportunidad que nos brindan los cambios para forjar aprendizajes que construyan una nueva realidad, una que mejore nuestro mundo.

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