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Cuando Barragán diagnosticó fiebre en el pacto pero a mi estanquera solo le preocupaba la vida

Con el turismo por los suelos y una situación económica y social muy deteriorada por la pandemia, mucho se van a tener que poner las pilas los líderes políticos y sociales, también en Canarias, para encontrar soluciones de futuro
Cuando Barragán diagnóstico fiebre en el pacto pero a mi estanquera solo le preocupaba la vida. Sergio Méndez
Cuando Barragán diagnóstico fiebre en el pacto pero a mi estanquera solo le preocupaba la vida. Sergio Méndez

En 2007, durante un viaje a Cuba con los amigos de toda la vida, recalamos en la agradabilísima ciudad de Cienfuegos, donde nos quedamos en una bonita y barata casa colonial del centro que pertenecía a un geógrafo y a una abogada que habían dejado sus trabajos de funcionarios para dedicarse a explotar turísticamente la planta baja de su vivienda, mientras ellos vivían en el segundo piso.

Una mañana, durante el desayuno, trabamos una interesantísima conversación sobre Cuba y la vida con aquel geógrafo retirado, que quizá se llamaba José, en uno de esos momentos irrepetibles donde la vida fluye tanto que podría acabarse de un bombazo repentino y aun así sentir uno que todo ha merecido la pena, escuchando a aquel tipo cultivado y lleno de experiencias responder con tanta franqueza a nuestras inquietudes de reporteros pequeñoburgueses en la Cuba revolucionaria.

José nos habló de Nelson Torres, un dirigente comunista de la provincia de Cienfuegos durante los peores años del cataclismo económico cubano, a principios de los noventa, cuya exitosa gestión lo convirtió en un tipo muy popular entre la gente. “Tan popular que a Fidel le empezó a preocupar. Entonces, lo puso al frente del Ministerio del Azúcar, que era un sector desastroso que él intentó reformar, pero no le dejaron. Una manera de provocar que se estallara y no hiciera sombra”.

En la crónica que Mauricio Vicent, corresponsal de El PAÍS en Cuba, hizo del cese de Torres como ministro, en 1997, explicaba: “La sustitución de Torres al frente del Ministerio del Azúcar era algo más que cantado. En el reciente V Congreso del Partido Comunista, Torres salió del Buró Político, el máximo órgano de dirección partidista, después de mantener una discusión con Raúl Castro ante los 1.500 delegados comunistas -que no fue dada a conocer por los medios de prensa cubanos- durante un debate sobre la crítica situación de la producción azucarera”.

Me acordé ayer de esta historia sobre cómo el poder puede triturar el talento humano camino de casa de mi madre, a donde fui a verla -sin entrar, una vez más-, para llevarle unos frutos secos que le había comprado en una visita al mercado. Vale, no estamos en una dictadura comunista, pero solo hace falta penetrar un poco en las entrañas de un partido político de nuestro régimen democrático para ver que allí, muchas veces, tampoco están los mejores, sino los que mejor aguantan.

“Hoy veo bastante gente en la calle, diría que demasiada”, comentaba ayer la empleada del estanco, ajena a mis cavilaciones, como si estuviera preocupada por la reactivación decretada por el Gobierno en algunas actividades productivas. Muy cerca, un proveedor que iba en su camioneta abrió la ventanilla y estornudó cuando yo pasaba cerca. “Estoy a más de seis metros”, me dijo en plan broma cuando le arqueé las cejas fingiendo estar alarmado.

Pero no lo estaba. En realidad, estaba más preocupado por el veneno en Twitter que vierte la ultraderecha y enciende a los más radicales. Por que la UE no se descomponga. Por que, cuando haya que ponerse a inventar, que habrá que hacerlo, estén los más lúcidos al frente. También aquí , en Canarias.

“Ellos dicen que están bien, pero la cara es de que hay fiebre”, decía el secretario general de CC, José Miguel Barragán, en referencia a las supuestas tensiones del pacto de izquierdas por las consecuencias que está produciendo la crisis del coronavirus. CC ha sido bastante leal estas semanas y ayer presentó una propuesta detallada de plan de choque, que podrá gustar más o menos, pero ahí está, elaborada. Por eso me extrañó una metáfora tan torpe, la de la “fiebre”, en plena pandemia. Pero siempre se notan las ganas, se notan las ansias. Ese puntito de a ver si vuelvo cuanto antes al poder, sembrando desconfianza, como el Iago de Shakespeare en ‘Otelo’. Con el mismo aroma que la moción de censura que el PSOE le presentó a CC hace unas semanas en La Oliva para hacer alcaldesa a Pilar González, la hija de Domingo González Arroyo, el marqués de La Oliva. Qué líder tienen los socialistas en Fuerteventura al frente, Blas Acosta, presidente también del Cabildo, que un día la emprende contra los padres que traen a sus hijos de Madrid por el coronavirus y otro día acusa al mercado de La Laguna, sin pruebas, de ser un foco de contagios. La mala política es transversal.

La crisis que se viene encima va a demostrar si este Gobierno progresista tiene fortaleza y mirada larga o si es, simplemente, la suma circunstancial de intereses personales. Porque las previsiones de desplome del PIB que hace la OCDE son de novela de Steinbeck, con gente subida con el perro a la camioneta para buscar la suerte en otro lugar. Solo que ahora no está claro a dónde se podrá emigrar, con todo el planeta afectado.

Ya en casa, después de poner en la nevera unas hamburguesas congeladas que mi madre me había dejado a la entrada de su piso, leí una cosa que había escrito Jaime Coello Bravo, que fue teniente de alcalde del Puerto de la Cruz con el PSOE y luego impulsor de la plataforma Vecinos X El Puerto.

“El hecho de que un pequeño virus haya sido capaz de acabar con este monocultivo [el turismo], con la principal actividad económica de Canarias, debería hacer saltar todas las alarmas y abrir un debate sobre la necesidad de no volver a tropezar […] en la misma piedra”, escribía en su perfil de Facebook.

“Aunque no sea nada fácil, es imprescindible hacer todo lo posible por conseguir algo que casi todos los grupos políticos que se presentan a las elecciones llevan en su programa electoral pero ninguno cumple: diversificar la economía”. Y ojalá las luces largas. Y que la carne lúcida no quede triturada en el camino.

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