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El virus que desfiguró al Sur

Las principales zonas turísticas y de veraneo de la comarca ofrecen un aspecto inédito, desolador, desconcertante, sin rastro de los cinco millones de turistas que la visitan cada año
El Médano presenta en estas fechas un aspecto muy distinto al habitual. Sergio Méndez
La zona conocida como la milla de oro, en Playa de Las Américas, presenta en estas fechas un aspecto muy distinto al habitual. Sergio Méndez
La zona conocida como la milla de oro, en Playa de Las Américas, presenta en estas fechas un aspecto muy distinto al habitual. Sergio Méndez

Hoteles cerrados, autopistas sin tráfico, playas vacías, comercios con la persiana bajada… la bomba del coronavirus ha acabado con la vida cosmopolita, trepidante, feliz, de las zonas turísticas del sur de Tenerife, donde no hay ni rastro de los más de cinco millones de turistas que prácticamente llenaban la planta hotelera cada año.

Un inédito panorama, inimaginable hace tan solo unas semanas, ni siquiera cuando el 24 de febrero se decretó el aislamiento del hotel H10 Costa Adeje Palace –primer establecimiento turístico completo confinado en el mundo- tras dar positivo de Covid-19 un turista italiano. De hecho, la cuarentena decretada por las autoridades sanitarias para 900 personas (entre clientes y trabajadores) generó algunas dudas en el seno de la patronal hotelera y hasta en el Gobierno de Canarias, que llegó a manifestar públicamente en voz de su presidente, Ángel Víctor Torres, que se estudiarían otras medidas en el caso de que se produjera un episodio similar en otro hotel.

Aquel suceso, que colocó al establecimiento de La Caleta bajo el foco mediático internacional, acabó bien –solo se produjeron seis contagios y los turistas fueron regresando progresivamente a sus países, los últimos incluso aplaudiendo al personal sanitario, en una imagen que dio la vuelta al mundo– y nos las prometíamos muy felices después de salvar aquel match ball. Hasta que, días después, nos topamos con la cruda realidad que nos esperaba al doblar la esquina y que nadie vio venir, ni cuando China construía hospitales en 10 días en Wuhan y aquí bromeábamos haciendo comparaciones con el hospital del Sur que la comarca lleva casi 30 años pidiendo a gritos y que aún sigue esperando por los quirófanos y los paritorios.

sin vida

La sensación de irrealidad que nos embarga a todos desde que el virus nos encerró entre las cuatro paredes de casa se agiganta al contemplar los efectos de la guerra devastadora y silenciosa en las ciudades turísticas y los núcleos de veraneo del Sur, donde hasta ayer la vida brotaba en cada rincón y donde el bullicio, la música, el sonido de las zambullidas, las tertulias en las terrazas y el paso de camiones de reparto, coches de alquiler y las guaguas turísticas marcaban las pulsaciones de un territorio rebosante de energía. Pero de golpe callaron calles, aceras, paseos marítimos, restaurantes, terrazas, parques, piscinas y discotecas. Todo sucumbió ante el enemigo microscópico.

Creíamos haber dejado atrás la tormenta perfecta, que comenzó a gestarse con el brexit, después con la quiebra del turoperador británico Thomas Cook, que puso contra las cuerdas al sector turístico canario; luego vendría el cero energético y la mayor invasión de arena en casi medio siglo sobre el Archipiélago que obligó al cierre de los aeropuertos de las Islas. Aquel tono sepia más propio de otra época parecía barruntar el gran cumulonimbo que estaba por llegar, la madre de todas las tormentas: el temido Covid-19 que hoy galopa desbocado sembrando el caos, el desconcierto y la muerte por los cinco continentes.

varapalo económico

Si la preocupación es máxima por la crisis sanitaria, los efectos económicos que empieza a ocasionar la pandemia han hecho saltar las alarmas entre gobernantes y ciudadanos. Las grandes cifras que conocíamos la semana pasada reflejan la magnitud del drama que ya tenemos encima: casi 20.000 parados más en marzo en Canarias -la comunidad autónoma que registró el mes pasado la mayor destrucción de empleo- y más de 3,5 millones de personas sin trabajo en España. El turismo cero empieza a pasar factura en la calle. Y más en el sur, la gran baza económica del sector en Tenerife.

Los ciudadanos comienzan a tocar en las puertas de los ayuntamientos. Los servicios sociales de los municipios del Sur constatan en estas fechas un considerable incremento de llamadas de ciudadanos preocupados y desorientados por el cariz que empiezan a tomar los acontecimientos.

Todos han tenido que reforzar los canales de comunicación, ya sean telefónicos o telemáticos, para hacer frente a una ola de peticiones de ayuda y consultas que no para de crecer. “Hay vecinos que llaman y nos preguntan qué va a ser de ellos y tenemos que actuar casi de psicólogos”, declaró a este periódico Nuria Marrero, concejala de Servicios Sociales de San Miguel de Abona, que advirtió del elevado número de personas que vive de la economía sumergida, “limpiando bares o cuidando niños y mayores”.

Gran parte de la demanda ciudadana de la comarca se centra en las tarjetas de alimentos o en solicitudes para la entrega de productos de primera necesidad, fármacos incluidos, a domicilio. También en las ayudas a las familias con niños de cuota cero, que recibían su comida en el colegio. Sólo Arona, el municipio de mayor población del Sur, con 100.000 habitantes, ha empezado a repartir entre 2.660 personas las más de 70 toneladas de productos comestibles no perecederos almacenados en Valle San Lorenzo. Y la semana pasada el Consistorio anunciaba la puesta en marcha de un segundo banco de alimentos frescos (frutas, verduras y carne) donados por empresas y particulares para su distribución entre las familias con menos recursos económicos.

Los trámites que deben afrontar los trabajadores afectados por un Expediente de Regulación de Empleo (ERTE) o la situación en la que quedan los trabajadores autónomos son otras de las dudas más comunes que los ciudadanos intentan resolver en estas fechas contactando con los ayuntamientos. Pero tampoco faltan las consultas sobre los permisos necesarios para poder circular sin ser multados, las medidas que se deben tomar en los velatorios y las denuncias sobre vecinos que se saltan el confinamiento.

cuenta atrás

El sur, como el resto del país, cuenta las semanas, los días y las horas para empezar a pintar de colores el paisaje, poblarlo de gente de todas las nacionalidades, abrir las ventanas de los hoteles de par en par y recuperar la sonrisa. Para mirar al cielo y ver aviones cargados de turistas enfilando la pista del Reina Sofía. Para escuchar el griterío infantil en piscinas y playas. Para volver a aquellos atascos de la TF-1 que nos hacían perder una paciencia en la que ahora nos hemos doctorado. Para volver a debatir sobre la terminal del aeropuerto y enredarnos entre discusiones sobre obras y retrasos. Para llenar los pulmones de libertad. Y para brindar por haber despertado a tiempo de una pesadilla que parecía eterna.

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