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Me puse a pensar en los viajes hasta que empezó a oler a chuletada y vi a una chica y un barbudo frente a casa

En el confinamiento, el idea del futuro se tiñe de algunas imágenes apocalípticas, pero ayer la primavera brillaba rotunda, olía a flores y algunos sorteaban las mascarillas y las distancias para coquetear en la calle o los balcones
Pájaros vuelan sobre La Laguna. Sergio Méndez
Pájaros vuelan sobre La Laguna. Sergio Méndez

En ‘El enigma de la llegada’(1987), el premio Nobel de Literatura V.S Naipaul cuenta la historia de un escritor caribeño que, después de varios años viviendo en Inglaterra, se instala en una zona rural del sur del país, muy cerca de la ciudad de Salisbury y de Stonehenge, uno de los conjuntos monumentales megalíticos más importantes del mundo, construido hace varios miles de años. Acompañado de ese paisaje ancestral y de una comunidad esencialmente agrícola, el personaje reflexiona sobre su identidad y su mirada, construidas en el largo viaje vital desde Trinidad, su isla natal, hasta Inglaterra, núcleo del viejo Imperio Británico.

“Gran parte de aquello yo lo veía con ojos literarios, o con la ayuda de la literatura. Forastero allí, con los nervios del forastero y, sin embargo, con conocimiento de la lengua y la historia de la lengua y la escritura, era capaz de encontrar un pasado especial en lo que veía; con una parte de mi mente era capaz de admitir la fantasía”, cuenta el personaje de Naipaul.

En el viaje a otro lugar hay siempre un suplemento de imaginación hecho de libros y películas que se activa en cuanto uno pisa tierra y que, poco a poco, negocia con la realidad. Durante los años que estuve en Madrid, los mitos políticos y culturales con los que había llegado se fueron acomodando a una ciudad que resultaba divertidísima, etílica, erótica, cuando uno conseguía engancharse a un grupo de amistades. Y dura y difícil cuando uno no le seguía el ritmo, aquejado por algún tipo de dolor o melancolía, solo, sin familia ni playa donde meter la cabeza en el agua fría para que se fueran los malos pensamientos. Entonces me iba en coche -que conducía mi novia de entonces- o en guagua, como un viajero, buscando una península popular, campestre y bonachona.

Y hubo de todo: en un pueblo fronterizo entre España y Portugal comí unas judías con callos en un restaurante con manteles de cuadros que me aliviaron la desolación urbana. En un pueblo de la sierra de Madrid descubrí que el botellín tiene el tamaño perfecto mientras charlaba y me tomaba unos torreznos mezclados con puré de papas. En una cuneta de Ciudad Real, con el coche averiado, conocí a un gruista que vivió sus días más felices cuando hacía la mili en Canarias y se echó una novia de aquí a la que todavía echaba de menos. En un bar gris de La Mancha descubrí las miradas más ásperas y alcohólicas de Castilla, sin humor ni esperanza. En una venta de Zamora encontré la mejor empanada de carne hasta ahora.

Nadie tiene muy claro a dónde lleva este viaje del confinamiento, y el imaginario que tenemos es apocalíptico, crepuscular. Pero ayer, el tendero del barrio de mi madre estaba ocupado como nunca y se había levantado a las 3:30 de la mañana para conseguir buena mercancía en el Mercatenerife. “Esta tienda ya ha resistido más que el Muro de Berlín”, le decía para bromear, viéndole la cara de agotado.

Fuera, las calles estaban solitarias pero brillaba una primavera rotunda y olía como a jazmín en la Concepción, aunque dice mi amiga Pilar, para estropearme la crónica, que la planta se llama Acokathera oblongifolia. Menos mal que sí había dos palomas que echaban una carrera en el aire. Y que delante del Mr Snack, una chica que iba con su perro coqueteaba con un pibe. “A partir de ahora, llámame Habana”, le oí decir.

Cuando llegué a la azotea para seguir haciendo un poco de ejercicio, ya empezaba a oler chuletada. ¡Un martes! Busqué para saber de dónde venía el humo. Pero no vi nada. Solo había un barbudo a pecho descubierto y una chica besándole el hombro con una camiseta bien ancha. Ellos también parecían estar viviendo su propio viaje. ¿Sin saber a dónde?

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