sociedad

Alexander, un autónomo tinerfeño en ‘huelga de sueño’ para salvar su negocio

Hace 8 meses apostó todos sus recursos para abrir su peluquería, pero la Covid-19 ha frustrado esas ilusiones; con su original queja, quiere llamar la atención sobre este tipo de casos
Alexander Pérez, frente a su negocio, ayer en La Cuesta. Sergio Méndez
Alexander Pérez, frente a su negocio, ayer en La Cuesta. Sergio Méndez
Alexander Pérez, frente a su negocio, ayer en La Cuesta. Sergio Méndez

“Cuando llegué a Tenerife hace cuatro años no pedí ayudas, sino que me puse a trabajar duro para reunir algo de dinero y hacer realidad mi sueño, que era montar un negocio propio. No fue fácil, no, y tuve que pedir al banco y a los amigos, pero hace ocho meses abrí mi peluquería en La Cuesta. Ahora, cuando empezaban a hacerse realidad, la pandemia me ha quitado mis sueños”. Es la historia de Alexander Pérez (41 años) y, aunque él solo quiere exponer cómo le afectan personalmente tantos cambios como los acaecidos en los últimos dos meses, sirve su historia de referencia para acercarse a la cruda realidad que hoy atraviesan muchos autónomos, esos emprendedores a los que el confinamiento los ha dejado con las manos atadas y sin respuestas factibles para seguir adelante.

Por esas ilusiones interrumpidas, por el insomnio derivado de darle vueltas a la cabeza en busca de tan esquivas soluciones, Alexander se ha declarado en huelga de sueño, y lleva desde el martes sin dormir.

“Con lo que trabajé al principio tuve derecho al paro -sigue nuestro protagonista- y todo lo puse en el negocio. Me endeudé, pero abrimos la Peluquería Alexander Pérez, que la trabajamos una empleada y yo.

Pero cómo iba a imaginar lo que iba a pasar. Ahora tengo las deudas de lo invertido, y hay que pagar los recibos y hasta el datáfono al banco, que no te lo perdonan aunque no lo uses. Como cada vez dormía menos, por la preocupación, se me ocurrió ponerme en huelga de sueño. Solo busco reivindicar el derecho que me gané con mi esfuerzo para mantener mi casa y mi negocio, porque las ayudas no están mal, pero no llegan para salir adelante”.

Asimismo, Alexander explica que, a pesar de la fase 1, reabrir la peluquería para volver a tener ingresos, por poco que fueran, no es posible en su situación. “Para eso necesito recursos, porque hay que comprar el material del día a día, pero también para poner las medidas de protección e higiene, que son lógicas y entiendo que son necesarias. Pero los ahorros, pocos, se van con los recibos que han seguido llegando y para mantener la casa, claro”, detalla este hispano-venezolano, nieto de canarios emigrados desde Icod y Taco al país hermano allende el Atlántico, como tantos isleños no hace tanto tiempo.

Sobre las medidas adoptadas por las autoridades para los autónomos, este emprendedor no es particularmente crítico, e incluso ve con buenos ojos algunas, pero su reivindicación radica en que, para él (como para tantos en su caso), no son suficientes. “Los 600 euros los tengo solicitados desde el 18 de marzo, aunque aún no he recibido respuesta. También está el aplazamiento de la cuota como autónomo, algo que veo bien, pero con el tiempo hay que pagarla, más el recargo”, detalla este afectado, que reside en La Cuesta con su pareja y uno de sus dos hijos, el que sigue residiendo en la vivienda familiar.

Algo tiene muy claro este trabajador: “Ni pedí ayudas cuando llegué hace cuatro años, ni quiero que ahora me regalen nada, solo busco poder ganarme la vida honradamente con mi trabajo, pero ojalá mi protesta sirva para que nos escuchen y, si es posible, faciliten que podamos salir adelante”, insiste. En cuanto al singular formato elegido para su protesta, esa huelga de sueño, Alexander explica que ayer quiso llevarla a cabo frente a la Subdelegación, pero se le indicó que no era posible dado el estado de alarma.

Ahora, pasa el día frente a su negocio, ubicado en la calle de Santa catalina de Siena, en La Cuesta (término municipal de La Laguna). “Solo con el apoyo recibido en redes sociales y vecinos que se han interesado, ya me está mereciendo la pena”, explica el hombre, quien no se olvida de agradecer a la persona que le alquila el local su comprensión ante los impagos.

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