santa cruz

Calle Sabino Berthelot

En 1901 el Ayuntamiento aprobó que la antigua calle Las Flores recibiera el nombre de un famoso investigador francés que dio a conocer en Europa las singularidades de las Islas
Retrato de Sabino Berthelot

El 11 de diciembre de 1901, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife aprobó en Pleno que la antigua calle Las Flores, que comunica la calle Castillo con la plaza Ireneo González, recibiera el nombre de Sabino Berthelot, un famoso investigador francés que dio a conocer en Europa la historia, la antropología, la geografía, la geología, la zoología, la botánica y la etnografía del Archipiélago. Con anterioridad, la Corporación municipal le había nombrado hijo adoptivo de la ciudad el 21 de julio de 1876, siendo el primer personaje ilustre en recibir esta distinción, al no existir antecedente alguno en la historia de Canarias.

Sabino Berthelot, nacido en Marsella (Francia) el 4 de abril de 1794, abandonó los estudios a la edad de 15 años para alistarse en la marina imperial francesa. Después del período de instrucción en Toulon, en 1809 comenzó a navegar como guardiamarina, participando en las guerras napoleónicas. En diciembre de 1819, cuando se dedicaba a las actividades mercantiles, y navegaba en el San Pedro desde Marsella a Senegal, las corrientes le llevaron hasta la costa africana, donde un cambió en la dirección del viento le trajo hasta Tenerife, a donde llegaron en enero de 1820.

Santa Cruz fue para el joven Berthelot una grata sorpresa, por lo que se quedó a vivir en la calle de las Tiendas -Cruz Verde-. “En febrero fui invitado al baile de carnaval que el Gobernador daba en el Castillo de San Cristóbal. A esta fiesta vienen grupos de lindas muchachas desde distinto puntos de la ciudad. Sus brillantes atuendos atraen a galantes caballeros, quienes las invitaban a bailar, intercambiándose reverencias, conversaciones chispeantes, anhelos amorosos y miradas encendidas. En la plaza reinaba la animación, pues por todos sitios había parrandas y grupos bailando. Una alegre comparsa desembocaba por la calle del Castillo y en plena calle se improvisaba un baile. ¡Esto era encantador! Como Santa Cruz no tiene teatro, los jóvenes de la ciudad montan una obra dramática o un sainete burlesco en los salones de algunas casas. Piden prestadas viejas vestimentas o confeccionan otras nuevas, y pintan los decorados sobre bastidores portátiles. Este año, la compañía de aficionados representaba El Anfitrión, una comedia de Moliere, traducida por un poeta local. Fue la época más feliz de mi vida, porque pude entregarme entonces a mis estudios favoritos, en la más total independencia.”

Según esta manifestación, consideramos que su formación tuvo que haber sido autodidacta, pues poseía una extensa cultura enciclopédica sin haber asistido a centros académicos.

En 1824 abrió un Liceo o colegio de segunda enseñanza en La Orotava, junto a su paisano Alejandro Auber, trasladándose a vivir a la Casa Franchi, donde su habitación daba al jardín del célebre drago. A su servicio tenía a Juan, un joven natural del Hierro. En 1826 dejaría de ejercer como profesor, debido a las presiones del Obispo al comandante general de las Islas, quién dictaminó: “Siendo un extranjero y no estando seguro de su moralidad y religión, me parece muy arriesgado el entregar la educación de la juventud a esta persona”.

Entonces, Alonso de Nava y Grimón, marqués de Villanueva del Prado le encargó dirigir el recién fundado Jardín de Aclimatación de La Orotava, donde se dedicó a una de sus aficiones, la botánica. En 1828, recolectando plantas en un barranco, conoció a Philipp Barker Webb, un joven y aventajado caballero inglés, rico y de buena familia, doctor en Ciencias por la Universidad de Oxford, buen conocedor de humanidades y de las lenguas clásicas y modernas. Se entendieron rápidamente, pues ambos necesitaban de un colaborador capacitado; Webb porque no podía dar abasto a su afán investigador, y Berthelot porque precisaba una base económica para poder llevar a cabo sus proyectos.

Durante dos años, ambos recorren la mayoría de los pueblos del Archipiélago, y suben al Teide en dos ocasiones. Su descripción de las personas, indumentaria, hábitos alimentarios, fiestas, oficios, viviendas, etcétera, son indispensables para conocer la sociedad isleña de aquella época.

En 1830, con los datos recopilados en sus cuadernos de campo, partieron hacia Francia, no sin antes estar tres años visitando el Norte de África, sufrir una cuarentena, pasar unas cortas vacaciones en Niza, y recorrer los Alpes.

En París se instalaron en 1833, permaneciendo quince años trabajando en la redacción de su obra: Historia Natural de las Islas Canarias, un estudio científico completo y extenso sobre el Archipiélago sobre la historia, la antropología, la geografía, la geología, la zoología, la botánica y la etnografía del Archipiélago. A él se le debe la aplicación del término ‘guanche’ a los aborígenes tinerfeños.

Dibujo de J.J. Williams

Esta obra enciclopédica, formada por nueve tomos y un Atlas, ilustrada con numerosas láminas de gran calidad artística, realizadas por J.J. Williams, pintor inglés residente en el Puerto de la Cruz, y por Alfred Diston, inglés asentado en La Orotava, académico honorario de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife.

El primer tomo de la Historia Natural de las Islas Canarias comenzó a distribuirse en 1835 a las personas e instituciones que se habían suscrito. El Ayuntamiento de Santa Cruz le contesto a los autores que, debido a la falta de fondos, el Pleno había acordado no suscribirse con un ejemplar. En Europa, donde Berthelot era miembro de varias Academias y Sociedades, la obra se distribuyo en numerosas instituciones y bibliotecas, lo que contribuiría a que la comunidad científica conociera las singularidades del Archipiélago.

En 1840 sería nombrado secretario general de la Sociedad Geográfica de París, de la que Humboldt sería su presidente, y cuyos miembros eran los científicos de mayor reputación de Europa.
En el citado año se casó con Clara Aillaud, una marsellesa, tres años menor que él, con la que tuvo un hijo que fallecería en París el 24 de febrero de 1848.

A la edad de 50 años, terminada de imprimir la Historia Natural de las Islas Canarias, el ministro de Asuntos Extranjeros de Francia le nombró agente consular interino en Santa Cruz de Tenerife (a partir de 1874 ejercería como Cónsul). Alquiló una casa en la calle del Castillo, nº 43, donde abrió el consulado, y adquirió su vivienda familiar en la calle las Flores, nº 5 -actual Sabino Berthelot-.

Entabló amistad con muchas personas relacionadas con la naturaleza y la ciencia. Sabino Berthelot falleció el 18 de noviembre de 1880, a la edad de 86 años. Su entierro fue una verdadera manifestación de luto popular, con la asistencia de todas las sociedades e instituciones tinerfeñas. Enterrado en el cementerio de San Rafael y San Roque, en su tumba podemos leer el siguiente epitafio: “Esta fosa se ha abierto para mí; aunque dicen que he muerto, vivo aquí”.

*CRONISTA OFICIAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE

TE RECOMENDAMOS