La Palma

Cuando ocultas el miedo porque ‘toca’

Los libros de historia hablarán sobre las hazañas de los sanitarios, y sus páginas estarán ilustradas con fotografías de Emilio Barrionuevo

El fotolibro incluirá instantáneas que reflejan el desconcierto que vivieron los sanitarios al tener que ponerse al frente de una guerra en la que no eligieron estar | EMILIO BARRIONUEVO

Cuando falleció, hace poco más de un mes, el comentarista deportivo Michael Robinson por el cáncer que padecía, las redes sociales se llenaron de condolencias hacia su familia y amigos; el mundo del fútbol lloró una gran pérdida. Y la frase más repetida en las publicaciones era You’ll never walk alone (Nunca caminarás solo), título del himno del Liverpool, equipo que el también exfutbolista británico amaba.

Se trata de un lema que representa con exactitud lo que, durante los periodos más críticos de la crisis del coronavirus, los sanitarios palmeros han percibido, pues reconocen haberse sentido arropados por una sociedad que, día sí y día también, salía a aplaudirles a las siete de la tarde, y procuraba seguir al pie de la letra las recomendaciones para evitar que hubieran nuevos contagios.

Todo comenzó el pasado 13 de marzo, horas antes de que el Gobierno decretara el estado de alarma. Un grupo de personas fue citado en el despacho de la gerente del hospital de la Isla Bonita, Mercedes Coello. La reunión fue larga, hasta el punto de que los asistentes acabaron almorzando un bocadillo de mortadela a las 18.00 horas, porque la temática a tratar era de suma relevancia para la salud pública.

“Miradas nerviosas, papel y lápiz para dibujar un borrador y muchísimo esfuerzo para afrontar una tarea cuya magnitud apenas pudimos imaginar (…) no lloramos, pero la sensibilidad ya estaba en el ambiente”, reconoce Nieves Felipe, facultativa especializada en Medicina Interna que, a partir de ese día, se puso al frente de la unidad especial desplegada excepcionalmente en el acuartelamiento de El Fuerte, en Breña Baja, para hacer frente a la pandemia. “El Hospital y Atención Primaria se dieron la mano y nació Coronhado”, nombre que recibió el equipo.

Estaba compuesto por profesionales que, aunque héroes de puertas para fuera, en el fondo eran seres humanos intentando dar la mejor versión de sí mismos: “Las enfermeras tuvieron que inventar el tacto y el cariño a través de la incertidumbre y el plástico para combatir la soledad de los pacientes. Los médicos de familia se las ingeniaron para teletransportarse cerca de sus pacientes y hacerles llegar apoyo, cariño, escucha y ciencia a través de los muros”, explica.

Aunque los llamáramos héroes, detrás de las batas y mascarillas había seres humanos dando lo mejor de sí mismos | EMILIO BARRIONUEVO

Otra fecha que quedó grabada en la memoria de Nieves Felipe es el 16 de marzo, porque fue la jornada en la que el mundo dio un vuelco y tornó a algo completamente distinto, extraño y frío: “Dejamos de sonreír y ocultamos el miedo tras las mascarillas”. Eso sí, admite que “nos llenamos de fuerza. Aprendimos a sonreír con los ojos y a llorar tras las pantallas. Y también a veces, para aliviar la presión, a respirar”.

Y si alguien logró introducirse en las improvisadas trincheras e inmortalizar el que, probablemente, recordaremos como uno de los capítulos más sombríos de nuestra historia es el fotógrafo palmero Emilio Barrionuevo, que en el marco de su proyecto El año que reinó el silencio tomó instantáneas en el epicentro de la gestión de la emergencia sanitaria en la Isla. Con su cámara, captó desde los momentos más duros de la guerra declarada contra la enfermedad hasta pequeños episodios que llamaban a la esperanza.

De igual manera, el ganador de un Premio Lux quiso embriagarse de todos los sentimientos que flotaban en el ambiente. Por ello, anotó los pensamientos y sensaciones de nuestros soldados en primera línea; de enfermeros, médicos, auxiliares… Testimonios que quedarán plasmados en las páginas de un fotolibro que publicará a finales de este año o principios del que viene, en función a cómo transcurran los acontecimientos, y a los que ha tenido acceso DIARIO DE AVISOS.

Relatos como el de Domingo, trabajador de ambulancias que tan solo puede describir lo vivido como “días donde tuvimos que vencer al miedo; días de improvisación donde el compañerismo fue lo único que nos mantenía firmes”. O la propia gerente del Hospital, Mercedes Coello, que reflexiona sobre los orígenes de lo que ocurría en un sitio, aparentemente lejano, llamado Wuhan: “Resultaba lejos, resultaba improbable. No entraba en nuestro planes. No contábamos con ello. Pero llegó, y nos mandó a parar”.

Durante los meses más críticos se tejieron vínculos entre profesionales y pacientes | EMILIO BARRIONUEVO

“Se nos paró la vida, las risas, los besos y los abrazos. Solo había trabajo: se nos fue el sueño y los sueños, y sentimos miedo. Pero seguimos, porque no había otra que seguir. Y luchar. Luchar para cuidar, para curar. Aprendimos la importancia del verbo prevenir, y seguimos, y seguimos. Y aún esperamos una solución, una cura, una vacuna. Pero ya no seremos los mismos, porque aprendimos la verdadera dimensión de nuestra profesión”, detalla Coello dentro de uno de los pasajes que se incluirán en la publicación de Barrionuevo.

EN CARNE PROPIA

El coronavirus ha sido un fenómeno mundial, y ese es un concepto que tiene muy claro el autor del fotolibro. Y a fin de que su trabajo adquiera una perspectiva más amplia, se incluirán otras historias, algo más alejadas de La Palma, pero igualmente descriptivas de lo acontecido en un extraordinariamente convulso 2020.

El año que reinó el silencio contará con las conclusiones de Pilar Adeva, una mujer madrileña que padeció la enfermedad que ha hecho temblar a todos los gobiernos del planeta y pone en riesgo a millones de personas. Mientras estuvo convaleciente, meditó sobre el vertiginoso ritmo al que estábamos acostumbrados antes de que apareciera la Covid-19: “Tenemos que escuchar al mundo, porque nos está diciendo algo. Nos contaron lo que era lujo, pero nos mintieron. Lujo es que te abracen, no dormir en un hospital; amar a alguien y llenarte de su amor; es prescindir de una llamada telefónica, Whatsapp, email, y elegir los abrazos, besos, bailes descalzos en el suelo. Lujo es salir a correr por la calle, en la playa, por el campo; es cocinar, invitar a tu gente querida a un arroz, brindar con un vino. (…) [El mundo] nos está invitando a quedarnos en casa para salvar vidas, las nuestras, las vuestras, las suyas”, decía.

Ahora que el Coronhado ha cerrado sus puertas gracias a las buenas cifras de las que goza la Isla Bonita, es importante recordar. No dejar que se evaporen los nombres, las vidas que se han perdido de civiles y soldados que tomaron parte de una guerra en la que no pudieron elegir si querían luchar. Para muchos de ellos se abren otras puertas: las del cielo.

Los momentos duros también quedarán plasmados | EMILIO BARRIONUEVO