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El sueño que mutó a una lucha por vivir

Jóvenes del grupo que pernocta desde el sábado en el Pancho Camurria cuentan a DIARIO DE AVISOS su vida, experiencias y drama
El grupo de 25 africanos afirma preferir pasar la noche en las inmediaciones del Pabellón Pancho Camurria a volver al recurso de La Montañeta, en Garachico. Sergio Méndez

“Estamos mejor durmiendo aquí, en el suelo, que en La Montañeta”. De este modo se expresa Lou Lou, uno de los 25 jóvenes africanos que, tal y como desveló DIARIO DE AVISOS el pasado fin de semana, pernoctan en los alrededores del Pabellón Pacho Camurria, en Santa Cruz, tras haber estado ocho meses en un recurso habilitado por Cruz Roja en Garachico. Mantienen un aspecto aseado, ya que pueden hacer uso de las duchas instaladas en el Centro Municipal de Acogida, a escasos metros del recinto deportivo, y poseen unos modales envidiables. Ahora son Saifou, Traore y Pare los que, en declaraciones a este periódico, ponen rostro a los problemas en torno a la inmigración; a la búsqueda desesperada de un futuro más próspero, mejor, a kilómetros de sus países de origen.

Saifou Ba tiene 23 años y es de Conakri, la capital de Guinea. Allí se dedicaba a la compra y venta de productos. Era, en esencia, un comerciante. Algunos de sus familiares se habían desplazado años atrás a Valencia -no sin dificultades en el recorrido-, logrando instalarse allí, donde esperan reunirse con él. El joven quiso emplear, a finales del año pasado, los recursos que tenía a su alcance para viajar en patera a Canarias y, una vez llegado a las Islas, trasladarse a tierras mediterráneas. Pero el camino sería, ciertamente, algo más tortuoso de lo que imaginaba. Primero, pasó cinco días en el mar, aterrado, resistiendo las embestidas de las olas. Únicamente alentado por el objetivo de abrazar de nuevo a su familia.

Luego llegó La Montañeta, un campamento ubicado en lo alto de Garachico, rodeado de pinares, en el que permanecería desde su llegada hasta el pasado viernes, momento en el que un nutrido grupo de usuarios decidió marcharse, al considerar que las condiciones en que estaban no eran las idóneas. “Si teníamos dolor de cabeza, nos daban un paracetamol; si nos molestaba el estómago, también. Cuando preguntábamos por un médico, la directora nos decía que vendría más tarde, pero tardaba en venir varios días; pocas veces fue”. Este sería, según cuenta, uno de los motivos por los que optaron por echarse a la calle, andar por la carretera del Anillo Insular, y, tras la intervención de la Guardia Civil, pasar una noche en una infraestructura de La Guancha para, finalmente, ser transportados en vehículo hasta la capital tinerfeña.

Otro joven afincado en las calles de Santa Cruz es Traore Balla, también de 23 años, procedente de Mali. En su caso, ingresó en el recurso del norte de la Isla a principios de febrero, cuando su cayuco arribó a las costas canarias. Al partir desde Senegal, reconoce, “pensaba que cuando llegara tendría trabajo, que mi vida cambiaría a mejor”. Pero se topó con una realidad distinta. Asegura tener recuerdos que le quedarán grabados de por vida sobre su estancia en la instalación garachiquense. “Mi corazón nunca olvidará lo que pasó en La Montañeta”, dice.

Hacía tiempo que los inmigrantes se mostraban descontentos con la dinámica en la que se habían visto inmersos, consistente, de acuerdo con su relato, en comer y dormir; sin poder salir a buscar trabajo ni formarse, puesto que las clases de español que iban a recibir por parte de la entidad se vieron interrumpidas al decretarse el estado de alarma. Aparte, añade que “teníamos frío” porque, si bien los empleados de la organización les daban una manta, la temperatura era, al parecer, “imposible de resistir”. En este sentido, admite que “estamos mejor en la calle”, coincidiendo otro de sus compañeros, Lou Lou, que hace las veces de líder a pesar de sus 22 años.

Mientras Saifou y Traore cuentan su experiencia al DIARIO, un coche blanco se detiene frente al pabellón. El conductor, que porta mascarilla, hace señas al grupo de africanos para que se acerque. Cuando uno de ellos se aproxima a la ventanilla, el hombre del vehículo comienza a darle hasta tres bolsas, en las que hay ropa y mantas. El joven le da las gracias con la mano en el pecho y una ligera inclinación hacia delante; ese gesto, aún simple, para ellos supone sentar los cimientos de su nueva vida. El drama que viven ha hecho aflorar un sentimiento de solidaridad en la sociedad tinerfeña, avivado por los llamamientos de la Asociación de Vecinos Azorín, que ayer mismo recogió en La Orotava 50 kilos de vestimentas donadas por un particular para los sintecho que pernoctan alrededor del Pancho Camurria.

Traore ha podido ponerse en contacto con su familia, residente en Barcelona, que está dispuesta a sacarle un pasaje a la ciudad catalana, pero antes debe arreglar su documentación con el trabajador social del Centro Municipal de Acogida. Algo que, adelanta, hará. Sin embargo, Pare Zouani, de Burkina Faso y 37 años, no ha corrido con tanta suerte. Llegó hace cinco meses a Canarias, y desde entonces no le ha sido posible establecer comunicación con su familia. “Quiero decirles que estoy vivo”, dice con expresión de pena e impotencia.

Atrás dejó, al subirse en la embarcación que lo trajo a las Islas, a su esposa y un pequeño de tres años. Ambos esperan tener noticias de su esposo y padre, que partió hacia una tierra de la que habían oído hablar maravillas para dedicarse “a lo que sea”, explica, porque en África era campesino. Labraba la tierra, como había visto a sus padres y sus abuelos. La agricultura era su forma de vida, que en Canarias representamos con la guataca, símbolo, sin duda, de lucha constante.

AZORÍN MANTENDRÁ OTRA REUNIÓN HOY CON EL AYUNTAMIENTO

La Asociación de Vecinos Azorín, que mantuvo un encuentro el domingo con la concejala de Atención Social de Santa Cruz, Marta Arocha, y el edil del distrito Salud- La Salle, Andrés Casanova, a quienes les transmitieron sus demandas referentes a la limpieza del entorno cercano y la presencia policial, se reunirán hoy con otros tres representantes de la institución local. En esta ocasión, irá de nuevo Arocha, pero, tal y como se comprometió con los vecinos, estará acompañada de sus compañeros responsables de las áreas de Seguridad y Bienestar Comunitario, Florentino Guzmán y José Ángel Martín Bethencourt, respectivamente.

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