TRIBUNA

Hoy más que nunca

Hemos llegado a una situación límite, con una producción de áridos de calidad y legalidad limitada y muy por debajo de la necesaria para un correcto y sano crecimiento

Aunque advertimos en un artículo anterior sobre el particular (Sin áridos y sin futuro), insistamos en la necesidad de darle seguridad jurídica y certeza a los empresarios canarios que no saben muy bien a qué atenerse. Los ciudadanos, desentendidos por mero desconocimiento, deben saber los riesgos que corremos como sociedad en el caso de no resolver estos problemas que son un ejemplo claro de todo aquello que no funciona en la Isla. Vayamos por partes. Hemos llegado a una situación límite, con una producción de áridos de calidad y legalidad limitada y muy por debajo de la necesaria para un correcto y sano crecimiento.

Los distintos gobiernos tienen a bien declarar la importancia de la inversión en infraestructuras, sin percatarse de que para que esto ocurra se requiere todo un arsenal de medidas que desmonte la legislación alambicada que se ha ido construyendo en décadas. Los empresarios que actuamos en el sector nos sorprendemos, las más de las veces, al comprobar como aparecen problemas donde en apariencia ni los hay ni debe haber, que las concesiones mineras existentes cuentan con tantas dificultades para su desempeño, que diera la sensación que se otorgan las licencias con la condición de hacerlas irrealizables. Llegado el punto en que siquiera obras emblemáticas y sobre cuya importancia hoy nadie discute, tal el Puerto de Granadilla, deben ralentizarse al no encontrar relleno para su dique. Se dice, con frecuencia, que para casos de esa naturaleza se puede conseguir material traído de fuera, pero no parece que sea ni lo sensato ni lo racionalmente económico.

Vivimos tiempos complejos porque aún existiendo normas, somos conducidos por un camino en el que un empresario no se mueve cómodamente, aunque no quede más remedio. Se judicializa todo, se retrasan las obras, se generan gastos innecesarios, se producen sentencias en las que se fijan daños y perjuicios y todo debería resultar evitable. Eso es lo que se ve; pero hay una parte que no es visible y sobre la que no se llama la atención, aún siendo sus efectos igualmente graves: los empleos que no se crean, las obras que se paralizan, el coste de oportunidad empresarial, el desencanto de quienes tenemos que pelear en tan desigual cuadrilátero y, sobre todo, la imagen que transmitimos hacia el exterior desincentivando que empresarios de fuera tengan el más mínimo interés en invertir en un sitio tan poco claro (y amigable) para los negocios.

Los empresarios no estamos pidiendo un imposible ni que nadie haga lo que no debe. A finales de 2018, conscientes de las dificultades que comentamos en este escrito, las autoridades insulares autorizaron la modificación del Plan Insular de Ordenación Territorial (PIOT) específicamente en lo relativo a la ordenación de las actividades extractivas y adaptarla a lo que se contemplaba en la Ley del Suelo y de los Espacios Protegidos de Canarias. La idea era agilizar una actividad muy limitada, pero tan necesaria y lógica, que existía consenso sobre ella. Sin embargo, la nueva Corporación paralizó la modificación del PIOT y sigue, por tanto, vigente la consideración de que “con carácter general, solo pueden delimitarse y explotarse canteras en los ámbitos extractivos delimitados en el PIOT”, lo que nos deja en una situación de claro desamparo, esas canteras existentes hoy o están agotadas, o están paralizadas judicialmente o al final de su vida útil.

Parece claro que no nos pueden conducir a un callejón sin salida y tampoco pueden crearse soluciones mágicas de importación de áridos, obtención en lugares no adecuados o de menor calidad. Estamos implorando alternativas viables que nos permitan seguir avanzando y creciendo como sociedad. Un crecimiento comprometido y sostenible, como el que avala a toda una nueva generación de empresarios del sector, sensibles con las demandas de una sociedad también interesada en el progreso adecuado de la Isla.

La parálisis no es una opción y llevamos muchos años observando los enormes retrasos que acumulamos en Tenerife por razones que no siempre son sencillas de explicar. En Santa Cruz, sin ir más lejos, existen en este momento un par o tres de obras iniciadas por los problemas derivados de su Plan General sin que nadie acepte sus responsabilidades. En Las Palmas, por ejemplo, su paisaje es bien distinto, lleno de grúas que dan buena cuenta de su vitalidad económica.

Estamos comprometidos con Tenerife, su crecimiento y fortalecimiento, pero precisamos que nos dejen demostrarlo. Hoy más que nunca necesitamos que nos dejen trabajar.