superconfidencial

En busca de la dentadura perdida

En cierta ocasión invité a comer, en el Puerto de la Cruz, a un anciano sacerdote que había sido entrañable profesor mío. El hombre pidió un potaje de berros y en un lance de la conversación se le aflojó la dentadura postiza, que fue a caer en la piscina de los propios berros. Como estaba […]

En cierta ocasión invité a comer, en el Puerto de la Cruz, a un anciano sacerdote que había sido entrañable profesor mío. El hombre pidió un potaje de berros y en un lance de la conversación se le aflojó la dentadura postiza, que fue a caer en la piscina de los propios berros. Como estaba viejito, el hombre no sabía qué hacer y heme aquí, armado de dos tenedores, pescando la dentadura del bondadoso sacerdote y metiéndola en un vaso de agua para aclararla y que se la colocara otra vez en su sitio. Eso de las dentaduras postizas es muy traicionero. A un conocido político local se le aflojaba la suya cada vez que pronunciaba la palabra Maastricht; y salía disparada ante el pavor del interlocutor. Y hubo un tiempo en que el Tratado de Maastricht estaba en boca de todos los políticos canarios. En cierta ocasión, buceando en la costa portuense por los alrededores de la desembocadura de un emisario submarino, la periodista Eva María Fariña, que hoy cumple sus funciones profesionales en el Ayuntamiento de La Orotava, halló una dentadura postiza, que filmó convenientemente con su cámara y que pasó a la inmortalidad gracias a Radio Burgado, que trincó tremendo vacilón con el hallazgo. Esto ocurrió, probablemente, porque su propietario estornudó y se le colaron los dientes por el desagüe del retrete, me imagino que con gran consternación de aquel desafortunado personaje. O vete tú a saber si la estaba manipulando mientras hacía sus necesidades, porque por el desagüe del lavabo no cabe aquel dentario completo. No sé por qué las dentaduras postizas son siempre objeto de chanzas entre el público en general, pero así ocurre. Tengo un amigo al que le colocaron una hace unos días y ahora habla silbando. Parece gomero el tío. No se le entiende un carajo.