tribuna

Bien estará lo que bien acabe

Parece llegado el momento de tomarse con suficiente seriedad la desburocratización que paraliza muchos proyectos en las Islas. Momento al que llegamos, no solo por las reiteradas peticiones hechas por empresarios de distintos sectores, también por el reconocimiento por parte de las distintas administraciones de que los tiempos que emplean en facilitar un determinado proyecto resultan incompatibles con las necesidades actuales de la sociedad. Bien está lo que bien acaba.
En estas mismas líneas hemos resaltado esa necesidad, no por interés particular o no exclusivamente por interés particular. Un empresario observa oportunidades y allí arriesga su dinero y crédito, esa es la esencia y naturaleza del verdadero empresario. Pero hemos llegado a un punto en que las interferencias son tantas y de tan alto calado, que las más de las veces no es suficiente con la idea, el talento y el capital.
De hecho, bien haríamos en reflexionar sobre si en muchos más lugares de la Unión Europea es tan complejo invertir treinta, cuarenta o cincuenta de millones de euros como resulta aquí. Es la misma razón que me llevó a escribir anteriormente que daba un poco igual el volumen de inversión que se consiguiera para remontar el daño fruto de la Covid-19, sin agilizar los procedimientos apenas era algo más que un sonoro brindis al sol.
Es posible entender que el convencimiento de que vivimos en una tierra sin igual nos lleva a querer proteger el espacio que nos acoge. De ahí no se deduce necesariamente que haya que mantenerlo en su primitiva configuración o que un solo grupo de ciudadanos recojan ese sentir. Nos desarrollamos, vivimos, convivimos en espacios que deben tener las prestaciones adecuadas y reunir las características necesarias para que sean origen de nuestra riqueza como la sociedad de hoy y de las generaciones venideras.
Por eso, aun reconociendo que no todo se ha hecho bien en todo momento, sí que podemos presumir de tener una generación de nuevos empresarios del sector que aman a su tierra y promueven su prosperidad con proyectos que la engrandecen. Actuamos con responsabilidad y no nos encontrarán en la defensa acrítica de ningún empresario que cometa una mala acción. Está en juego el futuro de las Islas, algo que nos compromete a todos.
Esto explica la confianza que depositamos en las acciones de cada uno de los empresarios y la forma en que deben cambiar las relaciones con las administraciones. Existen ejemplos sobrados de éxitos en buena parte del mundo civilizado donde con una declaración responsable y el aval o garantía de la empresa que desarrolla el proyecto es suficiente para poder comenzar una actividad de este tipo. Es obvio que en esos sitios no existen normas tan garantistas ni alambicadas como las que tenemos en Canarias pero por eso es labor de todos avanzar en la dirección correcta.
Hoy no resulta aceptable que leyes que no funcionan se perpetúen en el tiempo sin que nadie les ponga freno o se proceda a su modificación. Porque insistimos, quizás no lo suficiente, en lo que demandamos los empresarios pero no es complicado empatizar con aquellos funcionarios eficaces que se ven paralizados en sus intenciones si los proyectos no están claros al 100%, so pena de sufrir en sus carnes consecuencias que pueden evitarse quedándose quietos.
Esa demora, provocada por la inacción, es un lastre colosal y por eso resulta imperativo entender que una mayor claridad legislativa, una mejor seguridad jurídica no resulta en exclusiva del interés de los empresarios, también de los trabajadores públicos y del conjunto de la sociedad. Estamos asistiendo al desplome de la recaudación de impuestos, una forma de compensarla es agilizando proyectos haciéndolos viables hoy, que es cuando los necesitamos.
Lo que nos ha pasado no es una maldición divina y podemos hacer mucho por recuperarnos, se producirán nuevas oportunidades pero hay que estar preparados. Los gobiernos, empezando por la propia Unión Europea y terminando en cada uno de los municipios, desean mejorar las prestaciones ambientales de nuestras sociedades.
La nueva construcción, el desarrollo de novedosas infraestructuras, la modernización y mejora de la planta turística, las energías renovables, la eficiencia energética o el desarrollo del autoconsumo son hitos al alcance de Canarias con el primero y certero diagnóstico pero, sobre todo, con la correcta simplificación administrativa en la que parece que, al fin, nos hemos puesto de acuerdo. Estaremos a la altura de las circunstancias.

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