conversaciones en los limoneros

Celso Albelo, tenor tinerfeño: “Con el tiempo, he aprendido a enamorarme de las cosas imperfectas”

El dinero no le importa demasiado; hasta el punto de que oficialmente reside y tributa en España, aunque viva en el mundo, sobre todo en las afueras de Roma

Antes de sentarme a escribir esto he leído varias entrevistas ya publicadas con Celso Albelo (La Laguna, hace 45 años). En todas ellas se habla de si un tenor nace o se hace, de si al principio no llegaba a una nota, de sus estudios de música, de sus triunfos internacionales. Poco de su faceta humana, mucho de música culta. Incluso tampoco se habla en ellas de los trucos que utiliza un tenor cuando se olvida de la letra. A lo mejor Celso es -nada más y nada menos- que un trozo de volcán que rueda por los escenarios del mundo, cantando, ganando dinero, gastando dinero. Me da que el dinero tampoco le importa demasiado; hasta el punto de que oficialmente reside y tributa en España, aunque viva en el mundo, sobre todo en las afueras de Roma, que es una ciudad dicen que eterna, que a mí me apasiona. Durante la conversación recibe una oferta de un programa de televisión, en el que Celso entrevistará a grandes artistas del bel canto: tenores, sopranos, mezzo sopranos, directores de orquesta. Una producción internacional. Se casó con una joven y gran directora de escena italiana –Giorgia Guerra-, que es su motor; y tienen dos niños. Dice su hermano Badel que Celso, además de un enorme tenor, es un caradura. Es decir, que le importa poco olvidarse de la letra sobre un escenario. Creo recordar que una vez, ¿en Japón?, se equivocó, pidió al director que parara la orquesta y repitió el pasaje, o como se llame eso, completo. Y el público estalló en aplausos.

-El día 5, disco nuevo.
“Espero verte allí. Será en el Leal. Quise que fuera aquí, en mi tierra. Respirando mi propio aire”.

-Celso, me han dicho que será el primer disco de la historia grabado con teléfonos móviles.
“No sé si será el primero, pero se grabó con teléfonos móviles. Nos intercambiábamos las voces, luego se ponía la música y todo quedó muy bien, aunque no es un disco perfecto”.

-Joder, más que bien, con un sistema tan poco académico.
“Yo, con los años, he aprendido a enamorarme de las cosas imperfectas”.
(Es un disco en el que intervienen, en sus distintas facetas, Javier Camarena, Sergio Núñez, Blanca Valido, Pancho Corujo, Antonio Corujo “y hasta mi hijo, Roberto Albelo, que tiene seis años”. Y en el disco están canciones como Silencio, Perdón, Viejas promesas, Quizás, Ocho islas -que eran siete, pero se sumó La Graciosa- y otras melodías. 1.000 ejemplares de tirada, o sea que será una pieza cotizada: Ocho islas tengo/de esmeralda y oro/que como un tesoro/vigila un volcán”. “Nacidas de un beso/ que la primavera…”, etcétera).

-Yo de tu vida me lo sé casi todo.
“¿Sabes acaso que el disco es un vinilo? ¿Sabes que hay una melodía dedicada a una bodega de Tenerife, Linaje del Pago? ¿Sabes que se ha lanzado una edición especial para BMW? ¿Sabes que suena en él una samba desestructurada? ¿Sabes que en el Leal me acompañarán seis músicos, todos canarios?”.

-No sigas, porque entonces me haces la entrevista tú a mí. ¿Vas a seguir cantando toda la vida?
“No. Esta pandemia lo ha destrozado todo. De momento tengo firmado hasta el 2023, voy despacio. Ya llevo veinte años en los escenarios y ahora viene este disco con sonido pandemia con el que no quiero ganar dinero. El disco tiene siglas APDP, que no desvelaré hasta el día del estreno y está producido en Almería por Atlántida Music. Sí que tiene un subtítulo: en busca de la Paz”.

(Entonces le pregunta al camarero que si en Los Limoneros están ahorrando las papas fritas; ha pedido huevos, también fritos, y se le ve disfrutando de su tierra, tan emocionado como cuando cantó Teide enamorado. Resulta que Fernando Estévez, su autor, se ha empeñado en que el Teide se ha enamorado/perdidamente de Anaga; y ahí está Celso, en las redes, cantando una canción preciosa con los Amigos del Arte de Güímar, pueblo en el que reside cuando viene a la isla. Y la cantó allá arriba, pasando frío y sin siquiera conocer a la trigueñita que le esperaba en el Puerto de la Cruz. Ay, Celso. No sabes nada, hermano).

-¿Dónde, después del Leal?
“Uf, tengo varias citas. Pero anota dos. En octubre en el teatro de San Carlos, en Nápoles, y en noviembre en Bérgamo, con Plácido Domingo”.

-¿Qué te parece la leyenda que intentan crearle a Plácido?
“Lamentable; se construye sin pruebas. Yo ya no me subo a un ascensor con otra persona. Quiero gente a mi alrededor. Te pueden acusar en falso y te dejan marcado. Porque aquí, en este mundo de locos, quien da primero da dos veces”.

-Te diré que yo tampoco me subo a un ascensor con una desconocida. Lo siento, pero lo tengo que decir. Siento miedo. Vamos a dejar eso. ¿Te resulta fácil aprenderte las letras, en ocasiones tan complicadas?
“En francés y en italiano, sí. Pero el alemán es un idioma que fomenta la ansiedad”.

-¿Canario que no canta, algo tiene en la garganta?
“Es verdad, vivimos un boom de intérpretes muy buenos. Y girando en torno a la ópera, otras cosas van saliendo”.

-¿Cómo por ejemplo?
“Hemos creado, mi mujer y yo, Opera Tips. Un curso online de arte escénico para cantantes. Preparas sus roles, los enseñas a moverse en el escenario, porque cada ópera exige una actuación determinada (opera acting), el arte escénico está lleno de matices que hay que aprovechar al máximo. Y está teniendo mucho éxito, sobre todo porque ella es muy buena en su profesión”.

(Es Celso Albelo Medalla de Oro de Canarias, Hijo Predilecto de La Laguna, premio Taburiente de DIARIO DE AVISOS y en Italia ha conseguido algunos galardones muy importantes. Pero tenía ganas de preguntarle en qué escenario se siente más feliz).
“En La Fenice”.

-¿Fue ahí donde Plácido te envió una botella de champán?
“No, eso fue en el Metropolitan Opera House de Nueva York, cuando debuté; fue una manera de desearme suerte, un detallazo que le agradezco. La Fenice, en Venecia, es el teatro de mis sueños”.

-¿Tú lloras en escena?
“Por supuesto, yo soy muy llorón”.

-¿Y llegas a creerte el papel que interpretas?
“Claro, me enamoro del papel que hago. No puedo aspirar a la elegancia de Alfredo Kraus. Una vez, en un ensayo de Rigoletto, se puso unos leotardos rojos y seguía el tío perfecto. Me los enfundé yo y no te digo lo que parecía; un tomate”.

-Lo dominas todo, porque también has cantado en el coro.
“¿Y quién no? Y grabando con los grandes. Creo que cuando Plácido grabó su último disco yo cantaba en ese coro. Vamos todos muy deprisa”.

-¿Por qué hablas siempre de que no vas a estar toda la vida en un escenario?
“Porque tenemos dos hijos a los que hay que atender. No quiero que mañana digan que su padre los abandonó en sus mejores años. Todo tiene un tiempo, todo, hasta la profesión que amas. Los hijos son mucho más importantes”.

-Dicen que los cantantes de ópera destrozan los boleros. Lo digo por tu disco del día 5.
“Joder, sí, es verdad; pero todos menos yo”.

-Yo no tengo ganas de entrevistarte, sino de seguir hablando contigo y de presumir de amigo famoso.
“Pues no me hagas más preguntas. Total, vas a poner lo que te dé la gana”.

(Hemos terminado los huevos fritos, él, y yo un arroz a la cubana. Corre el fresquito en Guamasa. Como el tiempo es magnífico almorzamos en el patio de los limones. “Yo no quiero ganar dinero con el disco”, me dice. “Uno lo hace para que quede y, sobre todo, para que permanezca en el tiempo de la manera que se grabó, en medio de una pandemia, usando la precaria tecnología (para la música) de la telefonía móvil. Luego viene una tarea impresionante en la producción: las mezclas, limpiar las voces, no te imaginas lo que hay detrás”).

-Me muero de ganas de oírlo.
(Y entonces me envía, por whatsapp, las canciones (creo que en total son diez) que conforman el vinilo. Celso es un hombre imaginativo, creativo. La oferta del programa de entrevistas a grandes de la música culta, recibida en la misma mesa por parte del presidente de la productora, le ha encantado; y empieza a barajar nombres, que me callo, por prudencia. Bueno, ¿Plácido? ¿Ainhoa Arteta?, muchos más).

-Nos vemos el día 5, amigo.
“A las ocho y media en punto de la tarde. Y la capacidad del local se ha reducido a un 30% del aforo, por la pandemia. Así que ya lo sabes, a comprar la entrada”.
(Y se va, me parece que en un Audi blanco, con su hermano Badel, que es como su alter ego, su persona de confianza. Seguramente pasarán por La Laguna antes de irse a Güímar, “en medio de cuatro árboles”, como él dice, a disfrutar de su familia. Se merece el éxito, porque se lo ha currado).