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El agosto en el que las mascarillas fueron a la playa

Las nuevas normas para la prevención de contagios de la Covid-19 son acatadas por los tinerfeños que quieren disfrutar del verano
Las mascarillas, habituales en las playas durante la pandemia

La entrada en vigor de la normativa este fin de semana que exige el uso de la mascarilla en la playa, dejará para el recuerdo aquel verano en el que además del traje de baño, la toalla, el protector solar y la gorra, el nuevo accesorio indispensable pasó a ser el cubreboca.
Canarias, menos afectada que otras comunidades españolas, está resignada a que hay que cumplir con las reglas si no quiere volver a un nuevo confinamiento, una posibilidad que esperamos sea lejana, pero cuya simple mención, llena a todos de temor al pensar en una mayor caída económica.
La mano dura ha sido necesaria, porque siempre hay quienes se confían demasiado, creen estar por encima de las leyes poniendo en peligro a los demás, o como en el caso de muchos jóvenes, por simple incosciencia.
Se han tenido que prohibir las fiestas no autorizadas; el ocio nocturno, para pesar del sector que tiene que cargar con el sanbenito por la falta de responsabilidad de clientes que después de dos copas olvidan que estamos viviendo, o sobreviviendo, una pandemia; se han impuesto límites de aforo, también en las playas; y hay que usar siempre mascarilla y respetar las distancias sociales.
La nueva restricción para fumadores en las vías públicas y terrazas, hay que admitir que es para muchos una de esas situaciones en las que se puede aplicar el refrán de “que no hay mal que por bien no venga”, y, naturalmente, ha sentado mal a quienes o bien llevan años tratando de dejar el “vicio”, o simplemente no quieren hacerlo. La drástica medida ha alegrado, eso sí, a los no fumadores.
En la nueva normalidad hay que contar con la nueva responsabilidad, y esta tiene que venir de mano de la voluntad de los ciudadanos o de la imposición de normas si no prima el sentido común ante la época, casi calamitosa, en que vivimos.
Tal vez haya que convivir con el coronavirus por un tiempo, al menos hasta que haya una vacuna confiable y las perspectivas son prometedoras. Entonces, el ir a la playa con mascarilla será visto como cosa del pasado, como una curiosidad del primer cuarto del siglo XXI, o incluso como una historia de cautela para pandemias en el futuro.
Por ahora, lo que sabemos es que los científicos nos dicen que nos vayamos acostumbrando porque estas epidemias globales van a ser de alguna forma recurrentes.
Ya veremos.
Lo cierto es que, aunque siempre hay alguna oveja descarriada, el resto del rebaño se está sometiendo bastante bien a la imunización en masa involuntaria, y en la mayoría de los casos, los canarios cumplen con las normas, respetan las señales de prohibido entrar a donde sea si el aforo está completo, y se ponen la mascarilla, como está mandado, aunque sea para adquirir un bronceado pandemia este verano.

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