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Robinsones modernos

Como les contaré, puede ocurrir todavía hoy. Tres hombres que viajaban en una embarcación de siete metros de eslora entre dos atolones del Pacífico Sur se quedaron sin gasolina y la corriente los arrastró hacia la islita de Pikelot, a 190 kilómetros de su punto de partida. Estuvieron varios días sin agua ni comida, hasta que se les ocurrió pintar un enorme SOS en la arena de la playa, que fue observado por los aviones de reconocimiento. El Gobierno australiano, al ser localizados, envió un helicóptero del barco de guerra de su Armada, el Canberra, que navegaba desde Australia a las islas Hawái. El comandante Terry Morrison, capitán del buque, les suministró comida y comisionó al médico de a bordo, que certificó el buen estado de salud de los náufragos. Alertadas por radio las autoridades de Micronesia, estado soberano con más de 600 islas, entre ellas la de Pikelot, enviaron una patrullera que recogió, sanos y salvos, a los modernos robinsones. Parece mentira que en pleno siglo XXI puedan ocurrir cosas así. Hay tantas islas en el Pacífico que sería dificilísimo encontrar a personas perdidas en el mar y refugiadas en ellas, a no ser que éstas hagan señales evidentes de su presencia. Realizaban un viaje de 42 kilómetros, ya digo que entre dos atolones, pero calcularon mal el consumo de combustible; una imprudencia. Existen fuertes corrientes que te pueden empujar a cualquier lugar del mar y en ocasiones no se encuentra a los náufragos jamás. Los tiburones dan cuenta de los extenuados navegantes. Ellos podrán ahora escribir su propia historia, aunque afortunadamente no estuvieron muchos días en la isla de Pikelot, antes de ser localizados. La isla coralina tiene unos 400 metros de extensión y una altura máxima de cuatro metros, con flora variada y exótica y millares de tortugas que acuden a sus playas a poner sus huevos. Los náufragos ya están en casa.

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