Conversaciones en los limoneros

Alberto González Segura: “El vinilo ha vuelto para quedarse: reproduce texturas distintas de la música que no logra el CD”

Es especialista en música y en cine y propietario de las tiendas El Cinematógrafo, en Santa Cruz y en La Laguna

1863. En plena guerra civil americana, un grupo de confederados es confinado en Fort Bravo, en pleno desierto de Arizona. Cada preso que se escapa es perseguido implacablemente por el capitán Roper (William Holden), del ejército de la Unión. Una pelirroja bellísima (Eleanor Parker) se interpone entre el amor de un capitán confederado fugado (John Forsythe) y el propio Roper, que le persigue. Todos ellos son atacados por los apaches mescaleros, que abandonan su reserva para hostigar a los ejércitos en conflicto. La película, de 1953, fue dirigida por John Sturges y era una de las favoritas de mi infancia (en el 53 yo tenía seis años y mi interlocutor uno). Pues, ¿saben ustedes?, Alberto González Segura (Santa Cruz, 1954), que es especialista en música y en cine, me consiguió el DVD de Fort Bravo. Cada vez que estoy deprimido, y más en la situación actual, reproduzco la peli en el televisor. Una gozada. Con Alberto, propietario de las tiendas El Cinematógrafo, en Santa Cruz y en La Laguna, hablo en Los Limoneros. Es un pozo de sabiduría y –como indica, acertadamente—“yo me dedico a vender cultura”.

-Manzana también fue un pozo de sabiduría musical.
“Manzana fue una experiencia extraordinaria. Llegamos a tener creo que 22 o 25 tiendas de venta de discos, repartidas por las Islas. No queda nada de eso, aunque puede que sí quede el espíritu”.

-Y ahora vuelves a reinventar, más bien a reivindicar, el vinilo en tus dos tiendas de El Cinematógrafo.
“Es una tendencia universal. El vinilo ha vuelto, yo creo que para quedarse. Reproduce texturas distintas de la música que el oído, los sentidos, perciben adecuadamente. Con él regresan los tocadiscos, los altavoves y toda la parafernalia que rodeaba al propio vinilo. Y también regresan otros sentimientos musicales, los viejos sentimientos musicales. Lo percibimos por las ventas en nuestras tiendas de Santa Cruz (junto a El Águila) y de La Laguna, en la calle San Agustín”.

-Tú has conseguido licencias para vender cientos de películas. ¿Me equivoco?
“No, no te equivocas. Tenemos unos 1.500 títulos licenciados. La gente pide y nosotros respondemos”.

-Has obrado milagros, me consta. Lo digo, a la hora de conseguir películas, como La Casa de la Troya, que yo no encontré ni siquiera en la antigua pensión de doña Generosa, en Santiago de Compostela. Una adaptación de la novela de Pérez Lugín, protagonizada por un joven Arturo Fernández en el papel de Gerardo Roquer y Paz. Ella, no recuerdo el nombre de la actriz, se llamaba en la ficción Carmiña Castro Retén, hija del ex juez de Órdenes. Yo me sabía hasta la letra de la música en gallego.
“¡Dios, qué memoria! El cine es una caja de sorpresas, pero casi todo se puede conseguir, hasta lo más lejano como era tu Fort Bravo, o como La Casa de la Troya. Mira, nosotros llegamos a vender 120.000 copias de Por un puñado de dólares, por ejemplo, la gran película de Clint Eastwood cuando se llevó a DVD”.

-¿Te acuerdas de la tienda de discos de Sergio Bofill, en Nueva York? Ya sé que siempre te lo pregunto, Alberto.
“Claro, fuimos alguna vez juntos allí, a aquel templo de la música en español”.

-Ya lo conté en una entrevista anterior, del año 2017, en este periódico. Y también que llegaste a vender cientos de miles de copias de casetes de la orquesta gomera Los Bajip. Y que le compraste 40.000 discos a la COPE, del archivo viejo de Radio Popular, miles de los cuales has vendido ya, por cierto.
“Todo eso es verdad. Compré el archivo de Radio Popular y últimamente he adquirido algunos objetos vintages, como barcos, aviones y coches de juguete, en perfecto estado, que estoy vendiendo muy bien. Lo vintage está de moda, el coleccionismo está en los programas de la tele, y triunfa, y yo voy a dedicar la parte alta de mi tienda de Santa Cruz a la compraventa de objetos vintages”.

-Vuelves a los ruedos, como proveedor, y además de grandes tiendas.
“Lo dices seguramente por la FNAC. Efectivamente, somos proveedores de esta gran cadena. Tenemos eso, 1.500 títulos de películas en DVD y mensualmente licenciamos de 6 a 8 títulos nuevos”.

-Tú dices que el vinilo ha vuelto para quedarse. Aunque nunca se puede estar seguro de nada en este mundo de la música.
“Es verdad, pero el sonido del vinilo, que es analógico, resulta más cálido que el del CD, que es bueno, pero también más comprimido. El vinilo se vende de segunda mano precisamente por eso, por su calidez. El vinilo enamora, es como un ritual que empieza cuando pones sobre él la aguja del brazo del tocadiscos”.

-¿Es cierto que se han disparado las ventas de tocadiscos?
“Sí, lo sé por mis propias tiendas. Pero también porque se solicitan sin parar en los rastros y en establecimientos tradicionales que conservan viejos stocks”.

-¿Todos los vinilos valen lo mismo?
“No, yo sé que lo preguntas porque tú tienes una buena colección de ellos, pero fíjate más en Los Beatles, en Pink Floyd, Michael Jackson, Bob Marley. Ahí está el valor verdadero. Pero, ojo, los viejos discos de salsa y merengue también se venden muy bien”.

-¿A estas alturas?
“A estas alturas”.

-Los Sabandeños dejaron atrás grandes discográficas por fichar por Manzana.
“Fue nuestra gran apuesta. Mira, yo le llegué a adelantar a Los Sabandeños, en los buenos tiempos, 32 millones de pesetas, a cuenta de uno de sus discos. Grabamos algo así como 22 con ellos. Le quitamos el grupo a Columbia, que es una multinacional. Los Sabandeños han sido, y son, un fenómeno de la música en Europa. Luego, grabaron un par de discos con Zafiro. De uno de sus discos llegamos a vender más de 100.000 copias”.

-¿Hoy en día sería lo mismo?
“No, todo ha cambiado. ¿Se le puede echar la culpa a Internet? Sí. Pero las costumbres también cambian. Hoy, un intérprete de prestigio lanza 1.000 copias en vinilo y pronto se convierten en objetos de coleccionistas. Ya no se venden cedés en aquellas cantidades. Mira, nuestro Celso Albelo ha sacado 1.000 copias de su disco de boleros. Ya se los están rifando la gente”.

(Y cuando nombrábamos a Celso, el tenor tinerfeño aparece por Los Limoneros, porque está pasando una temporada en la Isla, con motivo de la presentación de su disco, En busca de la paz, que ha tenido la amabilidad de enviarme, dedicado. Le presento a Alberto).

-Involucraste a personajes como Valdano y Paco Rabal para que recitaran textos en canciones de los Sabandeños: Te cuento cómo vivo en Tenerife y La Cantata del Mencey Loco, por ejemplo.
“Bueno, fue cosa de Elfidio Alonso, pero con una gran visión. Valdano estaba de moda y Paco Rabal poseía una voz inmortal. Aquello fue un éxito tremendo. Lo de Valdano coincidió con los triunfos del C.D. Tenerife en Primera División y en la copa de la UEFA y ello impulsó su éxito”.

-¿Lo vintage es presente o futuro?
“¿No fueron los Sex Pistols los que dijeron que el futuro no existe?”.

-¿Qué queda de aquella aventura con Prisa?
“Gran Vía Musical fue una apuesta, que duró lo que duró, pero se acabó. Renovarse o morir. En esto de la música se pasa bien y se pasa mal. Lo que ocurre es que se hace preciso disponer de la capacidad de renovarse. Es verdad eso de renovarse o morir. Lo de Prisa se acabó, como se acabó Manzana, pero nacieron otras cosas: Impulso Records, El Cinematógrafo. Yo mismo me he puesto detrás del mostrador en una época difícil como la de ahora. Y no se me caen los anillos. Ahora tengo la ilusión de lo de la tienda vintage. En mi establecimiento de Santa Cruz, en El Cinematógrafo, vendo juguetes algunos de los cuales llegan a los 500 euros. Hay de todo. Pero todos ellos están catalogados como vintages, de los años cincuenta y sesenta”.

-¿Cómo ha influido en nuestra sociedad esta época de confinamientos?
“La sociedad tiene problemas con este asunto, ya se sabe. Pero quizá para la cultura ha sido importante, o al revés, la cultura que emana de la música, del cine y de la lectura ha ayudado a la gente a sobrevivir al calvario del aislamiento”.

-¿Cómo te gustaría que la gente te recordara?
“Como un artesano del cine y de la música”.

-Qué bonito; queda bien.
“Yo creo que es una definición acertada. Es lo que he hecho toda mi vida, aunque algunas veces las cifras se me hayan ido de la mano, como vender 120.000 copias de una película o 100.000 copias de un disco. Son cifras que hoy serían inalcanzables y que quedan lejos del romanticismo y de la artesanía y se convierten en estratosféricas”.

-Es verdad, toda tu vida te has dedicado a esto, cuando realmente no era lo tuyo.
“¿Te refieres a mi carrera de aparejador? Pues sí, soy aparejador, aunque nunca trabajé como tal; ni siquiera me dieron el título, porque no he presentado el proyecto. Y, claro, a esta edad…”.

(Se ha dejado una barba venerable (quizá la de la sabiduría) y le gusta salir de vez en cuando con su mujer, Cristina, a esa costa lagunera a mandarse un vaso de vino y un pescado. Devora los camarones de Los Limoneros. Aunque nació en Santa Cruz, Alberto González Segura es lagunero de sentimiento y se conoce todos los ‘golpes’ de los personajes famosos de Aguere. Yo creo que con Julio Fajardo y Paco Padrón es una de las tres personas que mejor conoce a los laguneros. Bueno, y Elfidio, que no se queda atrás en esta agradable disciplina).

-En los buenos tiempos conociste a mucha gente en Cuba, cuando ibas allí en plan negocio.
“Sí, hasta mantuve alguna conversación con Fidel Castro, un personaje que no se puede olvidar. Yo estaba muy relacionado entonces con la música cubana, con Pablo Milanés, con Silvio, con la gente de La Nova Trova. Fidel calculaba de memoria cifras inverosímiles. Y también pasé grandes días en Nueva York. ¿Te acuerdas de cuando nos alojábamos en el hotel Plaza? Aunque yo muchas veces me iba al Ramada, en la Octava Avenida, que era el hotel de Javi Zerolo y de los tinerfeños que iban a N.Y. por lo de la salsa. Eran dos mundos distintos y opuestos, pero vivíamos en ellos con cierta naturalidad”.

-¿Echas de menos aquellos viejos tiempos?
“Es bueno adaptarse. No volverán, o quizá sí, quién sabe. Nosotros tenemos que vivir el presente, que pide distintas cosas que el pasado. Mira, el pobre Sergio Bofill murió. ¿Qué fue de su inmensa tienda de discos? No lo sé. Lo único que sé es que no podremos visitarlo, al menos aquí en la Tierra, en su destartalada y enorme tienda de la Décima Avenida”.

-Tienes razón, amigo. A lo mejor el vinilo es como un hilo que nos unirá al pasado. Quién lo iba a decir: un trozo de pasta, redondo.
(Terminamos el vino, los camarones, el pescado, la carne. Hace calor en Guamasa. Se oye a lo lejos a los que gritan jugando al tute. Corre una leve brisa, que se agradece. Ha sido agradable recordar el tiempo pasado, que siempre fue mejor, no hacía falta que lo dijera el poeta. Ahora los estudiosos de Jorge Manrique dicen que el autor de las Coplas quiso decir todo lo contrario. Puto mundo este, Alberto).