Cultura

Jonay Acosta Armas: “El silbo también pervive en El Hierro, Tenerife y Gran Canaria”

Silbador, investigador de la Cátedra cultural de estudios bereberes de la ULL

Jonay Acosta Armas. DA
Jonay Acosta Armas. DA

Desde hace años se han venido desarrollando estudios e investigaciones sobre la pervivencia de la práctica del lenguaje silbado, no solo en La Gomera, también en otras islas. Diversos colectivos, investigadores y estudiosos del silbo en El Hierro, y el propio Cabildo, vienen defendiendo que la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias declare Bien de Interés Cultural (BIC) el silbo herreño, para que se investigue, proteja y divulgue, como parte del patrimonio herreño desconocido por las nuevas generaciones. Hemos hablado sobre el tema con Jonay Acosta Armas (Santa Cruz de Tenerife, 1982), silbador, hijo y nieto de silbadores herreños y uno de los máximos defensores de que se reconozca y se proteja el silbo herreño.

Jonay es ingeniero técnico industrial y técnico superior en Prevención de Riesgos Laborales. En la actualidad estudia cuarto curso de Grado en Lengua y Literatura Españolas por la UNED. Es miembro fundador del Aula de Cultura Amazigh y de la Cátedra Cultural de Estudios Bereberes de la Universidad de La Laguna (ULL), instituciones en las que ha adquirido una sólida formación en lingüística líbico-bereber. Ha publicado artículos científicos en revistas académicas canarias y extranjeras que han supuesto un avance considerable en la metodología de estudio de los guanchismos y en el conocimiento de las hablas aborígenes canarias. Entre 2012 y 2017 participó en el rescate de más de 5.000 topónimos en El Hierro, su isla de origen, que culminó con el proyecto Elaboración de cartografía toponímica de la isla de El Hierro (2017), dirigido por la Academia Canaria de la Lengua y promovido por Grafcan. Actualmente, ejerce su actividad investigadora en la Cátedra Cultural de Estudios Bereberes de la ULL, siendo su campo de estudio predilecto las manifestaciones lingüísticas insulares y norteafricanas.

-¿Desde cuándo hay noticias de la existencia del lenguaje silbado en Canarias?
“Las primeras referencias inequívocas sobre la existencia de un lenguaje silbado se remontan a la segunda mitad del siglo XIX. Fue el geólogo alemán Karl von Fritsch (1838-1906) quien lo dio a conocer en su obra Cuadros de viaje de las Islas Canarias (1867). Los testimonios anteriores, especialmente los que nos brindan los cronistas e historiadores de los siglos XV al XVII, son tan ambiguos que nos impiden determinar si hacen referencia a un silbo articulado o convencional. No obstante, los arqueólogos y filólogos canarios, en general, han querido ver en ellos evidencias inequívocas, con el objeto de entroncar esta manifestación cultural con el pasado aborigen”.

-¿Solo se ha practicado el lenguaje silbado en La Gomera o en otras islas también? ¿Qué testimonios existen de ello?
“Todo apunta a que el lenguaje silbado siempre ha ido de la mano del habla canaria. En 1891, el etnógrafo francés Joseph Lajard publicó el artículo El lenguaje silbado de Canarias en el Boletín de la Sociedad de Antropología de París. Se trata del primer estudio lingüístico y antropológico riguroso, que fue llevado a cabo mayormente con silbadores herreños residentes en Las Palmas de Gran Canaria. Además, durante su estancia en Gran Canaria, Lajard también encontró vestigios de un lenguaje silbado entre los guías que le condujeron al Barranco de Guayadeque. A partir de Lajard, otros viajeros franceses ofrecieron testimonios acerca de la existencia del lenguaje silbado en otras islas, como pueden ser La Palma (en el periódico Les Annales Coloniales del 5 de junio de 1934) y los islotes de La Graciosa, Alegranza y Lobos (en el n.º 35 de La Revue Hebdomadaire, el 2 de agosto de 1902). En la década de los noventa del siglo pasado, el filólogo Maximiano Trapero redescubrió los silbos herreño, grancanario y tinerfeño, dándolos a conocer a través de varias grabaciones contenidas en el archivo de literatura oral de Canarias de la Ulpgc. Y, en lo que llevamos de siglo, el investigador tinerfeño David Díaz Reyes ha logrado localizar y entrevistar a más silbadores de esas islas, por lo que se puede decir que tanto el silbo herreño como el grancanario y el tinerfeño perviven”.

-¿Silbo gomero exclusivamente, o deberíamos hablar también de silbo herreño, tinerfeño… y, en definitiva, de silbo canario?
“Llamar silbo gomero a los lenguajes silbados de Canarias constituye en sí una propuesta de cambio lingüístico, ya que en las islas que lo practican (incluida La Gomera) se ha llamado siempre silbo, a secas. En efecto, que sepamos, el sintagma silbo gomero lo acuña el poeta santacrucero Diego Crosa y Costa (Crosita) en el poema ¡Noche trágica!, publicado en el Diario de Tenerife el 21 de enero de 1911. Sin embargo, el maestro regeneracionista cordobés Celedonio Villa Tejederas, que visita la villa de Agulo en 1893, recoge solo silbo. Por este motivo, titula El silbo en La Gomera su artículo publicado el 15 de junio de ese año en El liberal de Tenerife. El sintagma lenguaje silbado de Canarias, acuñado por Joseph Lajard en 1891 y seguido por Robert Ricard en 1932, nos parece más adecuado explicativamente, por lo que es preferible usar su variante simplificada silbo canario. Porque lo que se silba es el español de Canarias y porque su ámbito de uso ha sido (y es) las Islas Canarias. No obstante, a la hora de llevar a cabo su estudio científico conviene diferenciar los silbos de cada isla, tal y como sucede con sus respectivas hablas, de las que son subsidiarios”.

-¿Cuál es el proceso que ha sufrido la práctica del silbo en La Gomera? ¿Es igual el que utilizaban nuestros antepasados al que se enseña hoy en los colegios y se muestra en las exhibiciones?
“El silbo gomero ha experimentado dos procesos importantes que han dejado huella en su sistema lingüístico. En primer lugar, su folklorización, promovida por la burguesía tinerfeña a principios del siglo XX y, por último, su normalización lingüística, entre 1978 (aparición de la obra El silbo gomero. Análisis lingüístico, de don Ramón Trujillo) y 2005 (publicación del programa de innovación educativa El silbo gomero. Materiales didácticos, por el Gobierno de Canarias), fundamentalmente. Tales procesos supusieron el triunfo de la variedad virtuosa del silbo gomero, caracterizada por su contexto festivo y su finalidad recreativa y didáctica. Este silbo, que transmite mensajes largos y relativamente descontextualizados a corta distancia, tiene poco que ver con el que practicaron los pastores gomeros. No por ello deja de tener interés y valor patrimonial. Canarias puede presumir de disponer de dos variedades de silbo: una virtuosa, que solo practican los gomeros, y otra práctica que únicamente se conserva en El Hierro, Gran Canaria y Tenerife”.

-¿Qué características específicas tiene el silbo herreño?
“Se derivan, fundamentalmente, de la manera de hablar de los herreños y de los usos particulares del silbo que se han consolidado tras, al menos, 129 años de historia. Afectan a la entonación, la realización de determinados fonemas en ciertas posiciones, el léxico empleado, las posturas predilectas para emitir el silbo y sus consecuencias acústicas, los condicionamientos que impone el medio insular… La mayoría de ellas han sido descritas por Rosa Delia Santiago (Estudio sonométrico del silbo gomero y herreño, 2000) y David Díaz Reyes (El lenguaje silbado en la isla de El Hierro, 2008), siendo los únicos investigadores que han comparado acústicamente el silbo de los gomeros con el de los herreños. No obstante, se trata de diferencias mínimas y no esenciales, ya que gomeros, herreños, grancanarios y tinerfeños silban la misma lengua: el español de Canarias”.