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Los 180 años del Real Casino de Tenerife

Fue la primera entidad privada de la capital en instalar la luz eléctrica, en 1897
Fachada marítima del Real Casino de Tenerife en la actualidad. DA
Fachada marítima del Real Casino de Tenerife en la actualidad. DA
Fachada marítima del Real Casino de Tenerife en la actualidad. DA

Por Antonio Salgado

Mientras en La Palma, en 1893; en La Orotava (1894) y Arucas (1895), habían estrenado la electricidad de forma urbana en los referidos años, en Tenerife, capital de Canarias desde 1822, se seguía, de forma insólita, alumbrando sus principales calles, plazas y otros rincones, con aceite, petróleo y faroles. Corría el año 1896. La capital de Canarias tiene apenas 24.000 habitantes.

A finales del citado año, se publicaron en los periódicos locales los anuncios que ofrecían el suministro de electricidad a los futuros abonados particulares. La publicidad prometía a sus clientes un servicio escalonado conforme a la estación: “de marzo a octubre habría corriente desde la puesta del sol a la medianoche y, de noviembre a febrero, se prolongaría el servicio hasta la una de la madrugada”. Las cuotas se pagarían mensualmente, a tanto alzado, de acuerdo con el número de lámparas instaladas. A pesar de estas promesas, el suministro a particulares no se hizo efectivo sino tres años más tarde.

Este retraso parece explicarse por el poco interés que despertó en el público el ofrecimiento de la compañía: “El número reducido de los abonados no justificaba todavía el gasto de un tendido urbano”.

Telegramas en el tablón de anuncios

Antes de ocuparnos de la energía eléctrica del Casino de Tenerife, donde fue pionero, como entidad privada en instalar esta, convendría recordar, porque supone exponer un proverbial afán de actualización y superación, que una vez inaugurado el cable del telégrafo, que nos unía con la Península y el resto del mundo, hecho que acaeció el 6 de diciembre de 1883, la citada sociedad santacrucera-que había sido fundada en 1840, y que ahora cumple su 180 aniversario- contrató los servicios de una agencia de Prensa que transmitía desde Cádiz los telegramas para conocimiento de los socios del mencionado Casino, que dirigía Lorenzo García del Castillo.

Estos telegramas eran expuestos a continuación en el tablón de anuncios de la referida sociedad, a la que acudían varios periodistas a copiarlos para luego ampliarlos y comentarlos en sus respectivos rotativos locales.

Un voto de confianza a la Junta del Casino

El 23 de enero de 1897, el Casino de Tenerife, ahora bajo la dirección del periodista y político Rafael Calzadilla y Calzadilla, celebró una Junta General en la que entre otros puntos del Orden del Día figuraba “la conveniencia de la instalación del alumbrado por medio de la electricidad en el Casino”. Uno de los socios, Arturo Ballester, expuso que “antes de proceder a dar o negar a la Junta la autorización indicada correspondía, según su entender, y para la mejor inteligencia de todos los socios, que se hiciera un presupuesto relativo a dicho alumbrado”.

El indicado presupuesto ya había sido estudiado y valorado por la Junta Directiva: 2.500 pesetas. Y ante tal cantidad, otro socio, Julián Rodríguez Pastrana, intervino para decir que “ tratándose del Casino Principal de Santa Cruz de Tenerife no debiere siquiera discutirse si convendría o no fuera alumbrado por luz eléctrica, pues entendía que esta Sociedad primeramente llamada a introducir en sus servicios los más recientes adelantos, proponía que se diera a la Junta Directiva un voto de confianza”. Y el secretario del citado Casino, Miguel Díaz-Llanos Fernández, terminaba el texto del Acta de la mencionada reunión, de esta manera: “ Y no habiendo ningún otro socio que quisiera hacer uso de la palabra, se puso a votación el referido extremo y se acordó, por unanimidad, autorizar a la Junta para que instalase la luz eléctrica en la Sociedad”. El resto de aquella emprendedora Junta Directiva estaba compuesta con los siguientes miembros: vicedirector, Rafael Hardisson y Espóu; tesorero, Francisco de Armas Clós; contador, Juan Cayuela; y vicecontador, Rafael V. del Campo.

Salón de baile del antiguo Casino santacrucero. DA
Salón de baile del antiguo Casino santacrucero. DA

La victoria del general Gutiérrez

Sobre este particular hay que reseñar que en el mes de julio del año reseñado anteriormente, y cuando la ciudad celebró el centenario-25 de julio de 1797- de la extraordinaria victoria del general Gutiérrez sobre el fallido ataque del almirante Horacio Nelson, el Casino de Tenerife fue escenario de dos bailes, en uno de los cuales ya se ensayó su instalación eléctrica, que fue encendida durante los tres días de festejos oficiales en uno de los balcones que daba al mar. Un testigo de la época dejó escrito que “el calor desprendido por estas luces fue demasiado, resultando muy agradable tener todas las ventanas abiertas, con un ambiente tan fresco como el invierno”. Y en septiembre del mismo año, el Casino de Tenerife inauguró la instalación eléctrica en el transcurso de un baile ofrecido a la tripulación del buque escuela de la Armada Española ‘Nautilus’, que bajo el mando del capitán de Navío, Fernando de Villamil, iba a dar la vuelta al mundo.

Así se convertía en la primera entidad privada de la ciudad que estrenaba esta innovación tecnológica, a base de 200 lámparas de 10 bujías.(La bujía era una unidad aceptada para medir la intensidad de la luz eléctrica). Dichas lámparas estaban distribuidas en el salón de baile, antesala y galerías, biblioteca, tocador de señoras, escalera , patio y billares.

Como colofón, recordar que el sábado, día 6 de noviembre de 1897, Santa Cruz de Tenerife inauguraba el tendido eléctrico público en sus calles, plazas y aledaños, acabando de esta manera con el mortecino alumbrado de faroles alimentados, primeramente, de aceite, y más tarde, de petróleo.

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