después del paréntesis

Osiris

Se encontraron con un grupo desconocido de bacterias que podría matar a 10 millones de personas cada año. Habrían de proceder. Eligieron al gran Dave Luft, el sabio formado en Yale, para solucionarlo. Pero Luft sumaba al oficio la fascinación por aquellos seres. Luego, completaría su trabajo, aunque… Se llevaba los virus a su casa en soportes especiales para dormir con ellos. Su amigo Henry Fox conoció la maniobra y se lo advirtió. Son alimañas muy peligrosas; si crees que se avendrán a algún acuerdo y escapan de su recinto, morirás y acaso la pandemia será atroz.
Dave Luft no lo oyó; hablaba con ellos, incluso les puso nombre: Marlon, Cormac, Shakespeare, etcétera.
¿Cómo funcionan los designios de la suprema inteligencia universal?, se preguntaba. El mundo se sostiene por las matemáticas. Las bacterias matan. ¿Eso las especializa? Se sabe que somos los únicos seres vivos del planeta que exterminamos gratuitamente. Los virus no; se adhieren a nosotros para perdurar, como los leones con las gacelas o los osos con los salmones. ¿Es intolerable que los dueños de la creación nos disgustemos por sabernos afectados? En efecto, dijo el jefe, nosotros ponemos las reglas. Te damos seis meses. Recorrió la estructura del ácido nucleico en cada millonésima parte de aquellas criaturas. Todos los seres diminutos que encontró operaban de modo similar. Por eso redujo a uno al ente singular: Osiris.
Adoro la sencillez –dijo.
Supo cómo entrar en el corazón de la molécula de ADN, los linfocitos. Inyectó el fosfato de cloroquina con un refuerzo de su propiedad desconocido, administró la dosis requerida y murieron. En su morada las puertas, las ventanas… fueron tapiadas desde el interior. Sacó de su escondrijo a Osiris, el Dios que murió ahogado en el Nilo. Lo confinó en la BSC clase II que guardaba en el baño de su casa. Apretó el puño, la vena se hinchó y la aguja de la jeringa entró.
–Vive en mi cuerpo –le dijo– hasta que mi cuerpo te sirva para vivir.
Dos meses después Henry Fox pudo acceder a la vivienda. Sospechaba. Cruzó la puerta con un vestido riguroso de protección. Descubrió a Osiris por todos los rincones. ¿Qué hacer con él?, ¿dejarlo vivir por toda la eternidad en aquel estado, permitir que saliera a la calle para que operara como sabía operar o eliminarlo incendiando el recinto?
El cuerpo de Dave Luft lo encontró extendido sobre un sofá de mal modo y parcialmente podrido. Sonreía.

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