tribuna

Entre los síntomas de una pandemia no está la parálisis

Resulta descorazonador observar el grado de parálisis que estamos alcanzando en momentos en que no nos los podemos permitir. Llevamos tiempo, demasiado, reclamando que se tomen las decisiones precisas para no quedarnos atrás, para comenzar de la forma más rauda posible la labor que queremos realizar los empresarios y emprendedores de Canarias: sacar a la islas del atolladero al que nos dirigimos. Las buenas palabras, incluso los buenos modales, son de agradecer, pero se requiere algo más, pasar de aquellas a los hechos y comprobar que no somos víctimas de una plaga bíblica y que una desgracia -por su elevado coste en damnificados y daño económico sin duda lo es- puede ser remontada con determinación, conocimiento, medios, capital y talento.
Uno no puede por menos que sentirse representado por el presidente del Cabildo Insular de Fuerteventura, el socialista Blas Acosta, quien teniendo que decidir entre lo mejor para su partido o para su tierra, no lo dudó y ante las dudas y el desconocimiento del ministro Escrivá dio un golpe sobre la mesa nada metafórico para reclamar soluciones a quien puede proponerlas. No fue del agrado de todos sus compañeros, pero uno se reconcilia con políticos cuando se ejerce la política con mayúsculas, como fue el caso. Mientras que sectores, probablemente por un comprensible miedo al enfrentamiento con dirigentes de sus propio partido, transigen con la idea de la contemporización y dejar avanzar el tiempo a la espera de que una vacuna resuelva todos los males, otros actores de la sociedad propugnamos por unos principios proactivos que nos devuelvan la capacidad y autonomía precisa para que la remontada sea posible. Llevamos décadas de continuado crecimiento de las administraciones y engrandecimiento del aparato burocrático. Al menos una parte ha sido necesaria y consecuencia del crecimiento de lo que es de todos en las islas, pero no es menos cierto que una vez esa misma burocracia adquiere vida propia, se encamina a ser más un estorbo que algo valioso para la sociedad, el principio básico que debe inspirarla. Frente a una sociedad dinámica que espera soluciones, esa misma burocracia ofrece quietud, cuando no desidia por el futuro a medio y largo plazo de las islas, tal es el desafío que estamos viviendo. Quizás se lo puedan permitir quienes gozan de trabajos fijos, bien pagados y alejados de las demandas de a quienes deberían aspirar a servir, como tampoco de responsabilidad alguna sobre lo que hacen o dejan de hacer. Ya que no actúan, al menos que permitan que los demás sí, no les estamos solicitando que acometan nada que no deban, tan solo que autoricen a que los demás hagamos lo que creemos que nos devuelve a la normalidad en el plazo más rápido de tiempo posible.
No es razonable ni sencillo de comprender que a estas alturas sigan en disputa los test a los turistas, o que se argumente de manera pueril sobre su imposibilidad cuando observamos que otros destinos los vienen haciendo de forma exitosa desde hace ya algunos meses, minimizando el impacto económico de la crisis. Lo peor, con todo, es que estos mismos test no son exclusivamente una herramienta valiosa para recuperar el terreno perdido, lo son también para preservar la salud de los que aquí habitamos. No es tampoco aceptable que AENA -una empresa de mayoría accionarial pública- se niegue a facilitar espacios en los aeropuertos para la realización de esas pruebas, cuando vemos que la Autoridad Portuaria puede crearlos ex novo para que los cruceristas obtengan la necesaria tranquilidad en el disfrute de sus vacaciones entre nosotros. Tendemos a pensar en la maldad intrínseca de algunos decisores públicos cuando en ocasiones se puede explicar en la descoordinación o desconocimiento para tales erradas políticas. Por eso apelamos a la toma de iniciativas orientadas a superar el momento actual, dejar atrás la parálisis que impide cualquier progreso, recuperando la actividad turística de forma inmediata como principio del más elemental progreso para, a continuación, retomar todos aquellos proyectos que duermen el sueño de los justos que entorpece poner en marcha a las islas. Son demasiados años perdiendo oportunidades por esa falta de decisión y parece llegado el momento de, al igual que hiciera el presidente Acosta ante Escrivá, dar un puñetazo sobre la mesa, porque el fin bien vale el esfuerzo y la incomodidad.

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