el charco hondo

Once

Once se las prometía felices con el toque de queda, no era para menos. Nunca estuvo tan cerca de montar una cena íntima sin que se le vayan de casa antes de las seis de la mañana, pero Sánchez le aguó el plan al excluir a Canarias. Once no sabe que es Once, todavía no, aunque está al caer que empiece a sospechar algo. Más pronto que tarde se preguntará por qué los otros han dejado de escribir en los chat de whatsapp, o cómo es posible que nadie quede con nadie para cualquier cosa. No ha caído en que con las restricciones no hay semáforo que permita reuniones de más de diez, y él, aunque no lo pille, es Once. Como le ocurre a la protagonista de Stranger Things, Once vive en un mundo del revés, en una dimensión alternativa a la de quienes alguna vez se echan con él dos o tres cañas de viernes. Once se jacta de tener un montón de amigos, de ser la alegría de todas las huertas, cuando lo cierto es que a ojos de quienes no viven del revés Once es el plasta que no deja hablar a los demás en las cenas de empresa, el que no sabe beber, el que interrumpe constantemente, ese que se escucha, el que tanto novela, ese que se emborracha en los entrantes, el mismo que cuando habla te obliga a dar pasos atrás para no morir atropellado. Once, el pesado de toda la vida, condenado a no entrar en el cupo de diez que marcan las restricciones. Menuda putada no poder salir con más de diez colegas, dijo ayer en la oficina, en alto, faltaría más. A ver si crece y se entera de que sus amigos son imaginarios, respondió alguien. Once tuvo conviviente, ya no, y no se le conoce conveniente, ni siquiera coincidente. Como la pandemia va para largo, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez han empezado a buscarle algún aspecto positivo a las restricciones, y lo han encontrado, de ahí que hayan abierto otro chat, ya sin Once, por coñazo. Once está cayéndose de listados, directorios, chats, picoteos, convocatorias, reuniones y planes. El estado de alarma ha fijado el tope en diez, y él, Once, no ha pasado el corte, la criba lo ha dejado en el limbo de los suplentes. Once no sabe que es Once, pero es cuestión de tiempo que caiga en que Canarias y él han sido excluidos con algunas medidas. Durante meses la vida será sin Once, por plasta. También sin Doce, o sin Trece, pero ellos sí son conscientes de su situación. Este año la cena de empresa será sin Once, no hay mal que por bien no venga. Todos tenemos un Once, y si no lo tienes es que eres tú -como diría la vecina rubia-.

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