Gastronomía

Carnes y pescados para disfrutar a la parrilla en El Esquinazo

Son tiempos complicados, pero su propietario y chef, Baudilio Brito, los afronta con valentía

Hoy, cuando las palabras más temidas por el sector de la restauración son la reducción de los aforos, nos encontramos en pleno casco lagunero con el restaurante El Esquinazo, sito en la calle Marqués de Celada número 15, en cuyos fogones está el propietario y chef Baudilio Brito. Son tiempos complicados, pero Brito los afronta con valentía. En sus dos comedores, divididos en dos plantas, caben cerca de 200 personas pero ahora con las restricciones rondan las 100.

Baudilio Brito saltó a los medios de comunicación nacionales al quedar finalista en el XI Concurso Nacional de Parrilla de San Sebastian Gastronomika, celebrado el pasado mes de octubre. Su restaurante se ha especializado, si cabe utilizar esta palabra en una carta amplia, en las parrillas, para lo cual cuenta con dos: Una para carnes, entre ellas las gallegas, y otra para pescados y mariscos. También cuenta con productos gourmet como son quesos franceses con trufa y el cabrales.

Aparte, Brito también regenta el Esquinazo Plaza, un multiespacio ubicado en la Casa Albar, en la lagunera Plaza de la Concepción. Aquí, con un modelo más informal, se pueden encontrar alrededor de 40 especialidades de pinchos y tapas y coctelería para disfrutar de una tarde-noche agradable.

Brito, que es economista y experto en márketing, ha montado restaurantes en Tacoronte, Santa Cruz de Tenerife y el barrio San Benito en La Laguna. Experto conocedor del mundo de las parrillas adquiere piezas de buey y vaca vieja de Cárnicas Lyo, en Galicia.

Como decíamos, la carta del restaurante es amplia; en ella resaltan productos gourmets (anchoas, quesos franceses y españoles) que se pueden disfrutar de entrantes. A continuación Brito acierta en el punto de una lubina premiun al calor de la parrilla y la acompaña de unas verduritas.

Un apartado de la carta corresponde a los arroces, que parece que vuelven a ponerse de moda en la restauración tinerfeña y que tanto gusta a los españoles. Aquí bordan el de bogavante, el único que probé, con el grano en su punto y un buen fondo con sabores potentes a mar.

La dos parrillas permiten asar pescados y mariscos por un lado, y por otro, la carne. Un cuarto de lechazo de Riaza, acompañado de unas papas y una ensalada verde, revelan la diversidad de platos que ofrece este restaurante, al igual que un pieza cárnica de Simmental, ambos servidos en su justo punto.

De postre unos helados caseros, suaves y cremosos, de queso con guayaba y el otro del licor Baileys.