Por quÉ no me callo

La ‘manta corta’ y la Alcatraz de África

Si en 2006, cuando la crisis de los cayucos encendió todas las alarmas, era perfectamente factible y recomendable trasladar inmigrantes de Canarias a la Península, cabe preguntarse, incluso sin sarcasmo, qué factor se ha visto alterado para que ahora ese mismo protocolo sea cuestionado desde Madrid. Grande-Marlaska pasa por ser el ministro más militante en […]

Si en 2006, cuando la crisis de los cayucos encendió todas las alarmas, era perfectamente factible y recomendable trasladar inmigrantes de Canarias a la Península, cabe preguntarse, incluso sin sarcasmo, qué factor se ha visto alterado para que ahora ese mismo protocolo sea cuestionado desde Madrid. Grande-Marlaska pasa por ser el ministro más militante en el rechazo a esa medida que invoca todo el mundo con sentido común. Vale que Marlaska, ministro de Interior, haga de poli malo y ponga cara de palo a Torres aun tras la incursión en la pequeña África hacinada de Arguineguín. Vale que llame desde Rabat a las agencias de prensa para que maticen su negativa con el latiguillo de que Europa se opone a derivaciones “masivas”. El desmentido del portavoz europeo de Migración, Adalbert Jahnz (“No hay regulación europea alguna que impida a un Estado miembro mover inmigrantes o refugiados dentro de su territorio nacional”), es una enmienda a la totalidad del argumentario de Marlaska. Un esquinazo en toda regla.

Los ministros se van turnando en el podio de los non gratos para Canarias, y así el de Migraciones, José Luis Escrivá, que concedió una entrevista el domingo a este periódico con evidentes muestras de estudiante aplicado, va logrando enfriar lo suyo (tras el plantón a Torres), la de Defensa se esconde tras los tanques haciéndose de rogar para desprenderse de un cuartel destinado a la acogida, y los restantes departamentos concernidos (Exteriores, Transportes, Política Territorial y la vicepresidenta primera Carmen Calvo) actúan en la sombra para pasar desapercibidos. La inmigración en Canarias es una papa caliente, pero no una crisis que no se viera venir. Desde el momento en que Madrid decidió cerrar, por arriba, los accesos desde el Mediterráneo sabía a ciencia cierta que, por abajo, estaba reabriendo de par en par la Ruta Atlántica. Ya lo dijo Elba de Padua Lima, el míster brasileño apodado Tim: “Jugar al fútbol es como tratar de taparse con una manta corta: si uno se cubre la cabeza es inevitable que se descubran los pies; y si se tapan los pies, queda afuera la cabeza”.

De manera que los 18.000 inmigrantes que han llegado a Canarias desde África en lo que va de año (antes de que finalice 2020 la cifra podrá rondar los 30.000, como en la crisis de los cayucos) no constituyen ninguna causa de perplejidad para los fontaneros de la Moncloa. Por no actuar a tiempo, derivando (menos sotto voce y más fluidez) los migrantes que transitan por nuestros puertos, el problema se ha cronificado y ahora forma parte del teorema marroquí. La encuesta de SocioMétrica para EL ESPAÑOL/DIARIO DE AVISOS es harto elocuente: el 83,1 por ciento de los ciudadanos de este país están convencidos de que Marruecos hostiga a España abriendo la espita de las pateras hacia las Islas. Lo que era un conflicto humanitario se dejó enquistar y Rabat armó su puzzle de leyes marítimas, Ceuta y Melilla y conflicto saharaui.

Canarias se parte la cara por España y por Europa. Y está harta. Ni Lampedusa, ni Lesbos, que son territorios escasamente poblados.Aquí vivimos más de dos millones de personas y no conozco a nadie que tolere ser la Alcatraz de África. Por eso el titular de nuestra portada del sábado: Ni muro ni cárcel. El dosier de la prensa canaria, nacional e internacional debe de ser ya una montaña. Como un Teide a punto de explotar. Se comprende que Sánchez, ante los primeros enjambres sísmicos, haya dicho el domingo porosamente lo de la “solidaridad nacional”. Las ínclitas derivaciones a la Península, mal que le pese a Marlaska. Sánchez hace de poli bueno. Pero si no remata la frase, no es gol.