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Trump vs el sistema: una carrera judicial que busca ser de fondo

Los intentos del presidente en funciones de, si no gana en las urnas, hacerlo en los juzgados, ha generado discrepancias incluso en la propia bancada del Partido Republicano
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un acto electoral celebrado en Austin, Texas. Reuters

Donald Trump, el excéntrico empresario hijo de emigrantes que levantó un imperio millonario prácticamente de la nada, ha sido presidente de Estados Unidos estos últimos cuatro años. Y durante ese tiempo, a pesar de sus salidas de tono, de las veces en las que obvió el protocolo y restó decoro con sus gestos a la institución a la que representaba, nunca se había producido una respuesta tan unánime por parte de los medios en contra de su alegato como la que ocurrió en la madrugada de ayer. Entonces, las cadenas de televisión y radio del país se vieron obligadas a interrumpir la emisión en directo del discurso que estaba entonando el mandatario, ni más ni menos que desde la Casa Blanca, debido a las afirmaciones sin contrastar que llegó a realizar, acusando a la campaña de su rival, el demócrata Joe Biden, de interferir en el proceso de recuento de votos para alzarse con la victoria.

En el transcurso de la esperpéntica conferencia de prensa, el aspirante a la reelección aseguró haber ganado “fácilmente” los comicios, sin tomar como válidas las papeletas remitidas por el Servicio Postal, que estaban siendo comprobadas en varios estados, como Nevada, Arizona, Carolina del Norte, Georgia o Pensilvania. Para él, los únicos resultados fidedignos eran aquellos dados a conocer en la primera noche electoral. Es decir, los emitidos de manera presencial y, presumiblemente, en su mayoría republicanos. Por muy alocado que pudiera parecer su relato, no es más que una estrategia construida a lo largo de meses, desde el instante en que comenzó a repetir a sus afines, como un mantra, que acudieran a los colegios a votar, sin temor a las aglomeraciones y a la COVID, al hilo de su escepticismo con el virus.

De este modo, logró polarizar aún más el ambiente: las mascarillas, más que en elementos de protección, se convirtieron en símbolos de un bando u otro; si la llevabas, aparentabas simpatía con los demócratas, y si no, con los trumpistas. Al igual que la asistencia presencial a los centros de votación: si optabas por la fórmula anticipada, se presuponía que votarías por el que fuera vicepresidente con Barack Obama, mientras que si lo hacías el mismo 3 de noviembre, era signo de tu apoyo al hasta entonces líder de la nación norteamericana. Así fue cómo se urdió una táctica para, una vez que se concentrara una importante cantidad de respaldos a Biden en Correos, con posterioridad poner en duda la legitimidad de dicha vía, como haría semanas antes de la cita electoral. De hecho, ya a finales de julio tuiteaba frases como que “2020 será la elección más inexacta y fraudulenta de la historia. Será una gran vergüenza”.

Ese grito de guerra precedería a una campaña de desprestigio hacia los funcionarios electorales, el Servicio Postal y el devenir del proceso, hasta el punto de que Trump ha puesto sobre la mesa la posibilidad de recurrir ante la Corte Suprema las presuntas irregularidades, para cuya justificación aún no ha presentado pruebas. Además, en varios territorios su equipo ha tratado estos días de detener los recuentos y, casi de forma sistemática, poner palos en las ruedas a que los conteos se lleven a término. Es más, para tal tarea se sabe que cuenta con un ejército de 8.500 abogados, otro síntoma de que, a efectos prácticos, esta batalla legal, que podría alargar la transición de poder -si procediera- más allá del 20 de enero de 2021, estaba calculada con antelación.

Y ese intento de, si no gana en las urnas, hacerlo en los juzgados, inclusive valiéndose de la mayoría conservadora del referido órgano judicial, es el que ha despertado preocupación entre entidades internacionales como la OSCE (grupo de observadores europeos), los medios y sectores de peso del Partido Republicano. Ayer, el senador y compañero de bancada de Trump, Rob Portman, sostuvo que “tenemos que respetar el proceso y asegurarnos de que se cuentan todas las papeletas depositadas acorde con las leyes del estado”, no suscribiendo las palabras del presidente interino.

Por otra parte, no es menos reseñable que Fox News, siendo una televisión cercana a los republicanos, otorgara prematuramente la victoria a Joe Biden en Arizona; hecho por el que Trump llamó al propietario de la emisora, Rupert Murdoch, y le recriminó que estuviera siendo cómplice de las presuntas malas prácticas electorales. Y que, sin embargo, ayer se tuviera conocimiento (según la CNN) de que la misma cadena dio orden de no llamar a Biden, aunque ganara, “candidato electo”. Sin duda, una batalla que se jugará en el barro, con desinformación, pleitos y un cuestionamiento constante del sistema estadounidense y de la democracia en sí misma.

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