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Turistas británicos en Tenerife: “Mejor estar aquí que encerrados en Inglaterra”

El turismo empezaba a remontar este fin de semana, pero el nuevo confinamiento de Reino Unido agrava la crisis del sector en Canarias
J.B

Ayer se murió el escritor y periodista Javier Reverte, a quien pude disfrutar escuchando en el Festival Periplo del Puerto de la Cruz hace un par de años, embelesado con sus experiencias en ese periodismo de otra época. Yo nunca soñé, sin embargo, con convertirme en periodista de viajes. Sí anhelé ser James Bond. Desde que lo descubrí en la casa de unos primos y conseguí, todavía siendo un pibito, un libro de anécdotas sobre las películas que me parecía una enciclopedia. Como mi padre no quería comprarme una pistola, porque la consideraba un juguete violento, me hice una de legos que llevaba en una cartuchera que fabriqué con unos tirantes. Era lo más parecida que pude a la Walter PPK, “calibre 7.65, el equivalente al impacto de un ladrillazo en una ventana”, como la describía Q en ‘007 contra el Dr. No’, la primera película de la saga sobre el espía británico, basada en las novelas de Ian Fleming y protagonizada en siete ocasiones por Sean Connery, muerto ayer a los 90 años de edad.

Huyendo del Reino Unido de Bond -menos machista e imperial que cuando Connery encarnó al personaje-, había ayer un montón de ingleses en el aeropuerto Reina Sofía. Justo el día en el que su primer ministro, Boris Johnson, decidía un nuevo confinamiento hasta el 2 de diciembre. Un nuevo obús para el turismo en Canarias, que parecía empezar a respirar con la reanudación de vuelos desde Reino Unido, Alemania y Holanda. Pero a las cuatro de la tarde, ellos no lo sabían. Ni yo tampoco. Según AENA, ayer llegaron a Canarias 164 vuelos internacionales, un 34% más que la semana pasada.

“El avión estaba lleno”, contaban Sunny y Natasha, los dos londinenses, veinteañeros. “Hemos venido varias veces”, decía ella. “De hecho, teníamos programado casarnos aquí la próxima semana y lo hemos pospuesto a marzo. Pero vamos a disfrutar de una semana en el Hotel Abama”. “Es la primera vez que viajamos después de la pandemia”, decía él.

“Voy a estar una semana, en Costa Adeje. He venido ya dos veces en mi vida. Pero cuando era más joven”, afirmaba James, de 43 años, también londinense. “En realidad, yo, Tenerife lo tengo asociado a irme de marcha, a vida nocturna. Para vacaciones tranquilas, normalmente pesaba en otro sitio. Pero se abrió el corredor y decidí utilizarlo. La gente, en Reino Unido, considera a Canarias un sitio seguro. Y tienen ganas de viajar. Menos los mayores, que viven esto más preocupados”, relataba. “¡No me digas que se murió Sean Connery!” Y de golpe se le entristecieron los ojos.

Ya en la sesentena, Jackie, Steve, Ian y otra señora cuyo nombre olvidé preguntar estaban esperando a que fueran a buscarlos, “más emocionados por viajar que temerosos por el virus”. “Ya hemos estado aquí otras veces. Aunque normalmente íbamos a Florida a pasar la vacaciones. Preferimos estar en Tenerife que encerrados en casa en Reino Unido. Vamos a quedarnos una semana”. Ya lo veían venir.

– “¿Sabe que el Gobierno canario, en breve, va a pedir un test a quienes vengan de fuera”?

– “Yo no tengo ningún problema. De hecho, me hice uno la semana pasada. Pero no creo que sirva para mucho. Este virus es imparable. Lo único que podemos hacer es tener cuidado, lavarnos las manos, mantener la distancia, usar mascarilla. Nuestros hijos y nuestros nietos convivirán con este virus con normalidad. El mundo tiene que seguir, aunque unas cuantas personas mayores….”

– “Ey, para, yo no estoy de acuerdo con eso. Este señor no es mi marido”, decía Jackie, medio en broma, medio en serio. “Es el otro que está ahí”.

-“¿Saben que se murió Sean Connery?”

– “Sí. Pero bueno, tuvo una buena vida. Llegó a los noventa años. No está nada mal…”

“A mí no me parecen mal los tests”, decía ayer Bas recién llegado de Ámsterdam, enfermo de coronavirus hace unos meses, igual que toda su familia, sin mucho más que ligeros síntomas. “Pero, para algunas personas, puede resultar una traba extra, les puede hacer optar por otro destino. Cuando pones demasiadas puertas, puedes terminar disuadiendo a la gente”, afirmaba. “Depende”, opinaba Steve. “En Reino Unido, tardan unos cuatro días en darte el resultado. Eso puede ser un problema”. De hecho, el límite que ha puesto Canarias es de 72 horas antes del viaje. “Pero bueno, estoy muy contento, siento que aquí están más organizados que en mi país”. “¿Se murió Sean Connery? Era mi Bond favorito. Mi mujer se va a poner tristísima”.

“La gente, en Bélgica, también siente que Tenerife es un sitio seguro”, comentaba Else, cuarenta y pico. Va a estar doce días en la isla y ayer andaba relajada tomando el sol en un banco. “Aunque la mayoría de la gente no está viajando. Ayer, nosotros no sabíamos si íbamos a poder salir”, comentaba. “Lo de los tests lo entiendo. Pero no creo que sea práctico. En Bélgica te lo hacen si tienes síntomas, no es tan fácil. Y luego, si te lo hacen varios días antes de volar, te puedes infectar”.

Mayores ya, setenta y muchos, estaban Peter y Yutta, alemanes, fumando un cigarrillo junto al cenicero y contentos de volver a Los Gigantes, donde van a estar seis meses. “No nos gusta el invierno alemán. Y aquí la sanidad es buena. Hay gente que piensa que si un sitio está lejos de su casa es peligroso. Y no es verdad”. El primer confinamiento retrasó su vuelta de abril a julio. Y tan a gusto, dicen.

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