el charco hondo

Cuando nadie me ve

El partido se juega cuando nadie te ve, donde nadie nos ve. Ahí nos la jugamos, donde nadie te ve, cuando nadie nos ve, en los domicilios -propios o ajenos- porque ahí la privacidad da cobijo al libre albedrío. Cuando al entrar cierras la puerta de tu casa o de la de un familiar, intramuros, ventanas adentro y en los pasillos, baños o salones, ahí, justo ahí, es donde al virus se lo ponemos difícil o, por el contrario, dejamos que se sienta -y siente- como en casa, regándonos a diestro o siniestro, goleándonos a puerta vacía, enfermándonos, aislándonos, ingresándonos o matándonos. Somos vacuna o pólvora, de nosotros depende, de ti, de la responsabilidad y sentido común que tengamos, de la madurez que demostremos, y de la inteligencia, también, faltaría más. Las restricciones funcionan o no, contienen o no, cunden o no, únicamente si hacemos las cosas bien cuando nadie te ve, donde nadie nos ve. Así bajemos los aforos al 12%, dejemos de coger el tranvía o la guagua, sacrifiquemos lo de quedar con los amigos en bares, cafeterías, restaurantes o plazas, así dejemos de estar en la calle a las diez de la noche o al mediodía, desistamos de viajar a no sé que isla o salgamos solo con quienes convivimos, tanto da, da exactamente igual cumplir con las baterías de restricciones si cuando nadie nos ve, en domicilios con o sin terraza, con o sin jardín, lo único que nos preocupa es que no nos pillen, obviando que no huimos de la policía sino de un virus especialista en colarse en fiestas ajenas. El plan, el de verdad, eres tú. Tú eres el único plan posible para conseguir que la propagación afloje siquiera un poco. Las medidas valen o no dependiendo de si se cumplen o no. Por sí solas son papel mojado, humo, meras intenciones. El problema está en las casas, en domicilios donde algunos se esconden, sí, pero compartiendo escondite con el puto COVID. Al Gobierno le corresponde multiplicar el esfuerzo pedagógico, y echar una mano -con la tributación, sin duda la vía más rápida y efectiva- a negocios que son los principales malheridos de las últimas medidas. Y a los demás, que somos todos, nos toca cumplir con las prohibiciones, sí, pero también con las recomendaciones. Hacerlo bien, entender que las trampas son el alimento preferido del virus. En la calle hay que hacer lo que se nos dice, pero nos la jugamos en las casas, en los domicilios, donde nadie nos ve, cuando nadie te ve. Si la cagamos en los ámbitos que la privacidad deja a criterio de cada cual de nada habrá servido sacrificar tantas cosas, replegarnos, perder la calle. Cuando nadie me ve puedo ser o no ser, canta Alejandro Sanz. Seamos.

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