tribuna

El cotillón de las cifras

En el término medio está la virtud, pero hay cuestiones que tienen obligatoriamente que bailar, porque lo que para unas cosas es mucho para otras es poco. De esta manera se suelen emplear los adverbios de cantidad para expresar lo que más interesa resaltar dependiendo de que estemos ante una rebaja o ante un aumento. Por ejemplo, para notificar el número de muertos, en el caso de que sean 105, se puede decir: más de cien, o menos de ciento diez. Con uno de los métodos se dulcifica con un “menos mal que no llegamos a…” y con el otro se dramatiza con “hemos pasado de…”. Forma parte del mundo tradicional de la comunicación y se aplica a las reseñas de enfrentamientos bélicos para dar la noticia de los caídos en una batalla en función de que sean los propios o los del enemigo. En esto nunca va a llover a gusto de todos. En ocasiones tener muchas deudas es importante cuando existe la posibilidad de que te sean condonadas, y las mismas son una carga molesta cuando corres el riesgo de que te declaren moroso y aparezcas en uno de esos rankings de desprestigio. Hace muchos años, cuando los niños menores de 10 años no pagaban en la guagua, el hijo de un conocido personaje que ya lucía la pelusa de un incipiente bigote bajo la nariz y tenía más pelos en las piernas que árboles en una selva amazónica, era preguntado por su padre: “Rubenito, ¿cuántos años tienes?”, respondía 14. “¿Y para la guagua? 8”. Con el número de contagiados por una pandemia ocurre aproximadamente lo mismo. Para llegar a la cifra de rebaño, es decir, para calcular el número de la seroprevalencia, todos son pocos. En cambio, para comprobar las medidas de prevención frente a los contagios, esos mismos son demasiados. Por eso es conveniente maquillar al alza o a la baja en base a quien sea el tribunal que te formule la pregunta. Pues bien: en la misma fecha, 15 de diciembre de 2020, El País publica el número total de contagiados en España, que, según fuentes del Ministerio de Sanidad, ascienden a 1.748.000, y El Mundo destaca las declaraciones de la directora del Instituto de Salud Carlos III, Raquel Yotti, según las que, el Estudio de Seroprevalencia para calcular la inmunidad da una cantidad de 4.700.000 contagiados. No sé si esto entra dentro de lo que un articulista de El País llama “politiqueo de gama baja”. Lo que debe quedar claro es que no se puede hacer triunfalismo de la desgracia, y eso, desgraciadamente es lo que ha estado ocurriendo con la pandemia que sufrimos. No digo que sea un vicio exclusivamente español. Todos lo practican. Lo malo es que cuando alguien quiere coger el toro por los cuernos, afrontando la realidad a costa de lo que sea, aparecen las voces descalificadoras definiendo esa actitud como bolivariana. A pesar de las posibles adhesiones a ese régimen escasamente democrático (empleo este adjetivo desde la benevolencia) la palabra lleva una connotación peyorativa que le conviene a quien la pronuncia. En el momento actual, llamar bolivariano a alguien no es con la intención de hacer amigos, precisamente. Estos son los hechos sobre los que no me atrevo a hacer un juicio. Háganlo ustedes y les será fácil descubrir el balance global de la gestión de la catástrofe. Por sus hechos los conoceréis, aunque yo prefiero ese adagio más local que dice: “Al pájaro se le conoce por la cagada”.

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