tribuna

Periódicos de la mañana

Conocí a alguien que se dedicaba a leer la prensa cada mañana para luego transmitir las noticias a sus incondicionales mientras lo invitaban a comer. Era un hombre culto, exdiplomático, excelente jugador de bridge y experto en tácticas de rugby, una auténtica joya para la conversación, que había cambiado su vida en las cancillerías de París por la de clochard en Madrid. Algunos decían que vivía por encima de las posibilidades de sus amigos, pero lo cierto era que, con su trato, aparte de pasar un momento agradable, quedabas plenamente informado sobre la actualidad y también sobre lo que no lo era. Salía un poco caro, pero merecía la pena. Siempre elegía el mejor vino, que también en eso era especialista. En algo me parezco a este personaje, porque me levanto temprano y lo primero que hago es darme un paseo por los digitales para encontrar aquello que es digno de comentario. Ya sé que a muchos no les satisface lo que cuento, pero lo extraigo de la realidad; casi todo publicado en un diario al que acusan de ser el Boletín Oficial del Estado. Hoy, por ejemplo, me he desayunado con las elecciones venezolanas y he descubierto que Maduro, en ese intento de disolver la Asamblea Nacional para controlarla a su antojo, obtendrá, según las encuestas, una participación del 30%. Muy poco músculo democrático se puede exhibir con el 70% de la población pasando del tema, aunque algunos se empeñen en que esta situación sea reconocida en el ámbito de las democracias internacionales, y especialmente de las europeas. No sé cómo llamar a esa foto en la que se retrata un expresidente de mi país. Algún nombre habrá que ponerle. Dejemos pasar esto. Otra de las informaciones se refiere a las condiciones que nos impondrá la UE para disfrutar de la financiación extraordinaria de los 140.000 millones de euros. No serán recortes sino imposiciones, y sin su aceptación será imposible obtener el dinero. Es decir, estará en la voluntad de cada uno asumirlas o no, pero no tendrás chocolate si no te portas bien. Una de las principales es la de no modificar, ni total ni parcialmente, la reforma laboral. Ya Unai Sordo, de Comisiones Obreras, ha dicho que aceptar esto pondrá en riesgo el diálogo social. ¿Es una amenaza? También es cierto que la medida tira al suelo una de las aspiraciones máximas de la ministra Yolanda Díaz. Ganan las tesis de Calviño. Lo que hay que adivinar es si servirá para bajarle los humos a Pablo Iglesias, que aparece triunfante con el documento de los presupuestos debajo del brazo, aunque quien los levante sea la señora María Jesús Montero. Siempre se ha dicho que después de firmar un contrato vendrá la letra pequeña y, lo que es más gráfico, la tía Paca con las rebajas. Las rebajas no han esperado a enero. Ya están aquí, cuando no hay posibilidad de dar marcha atrás. Creo que los que apoyaron sabían que esto iba a ocurrir, más tarde o más temprano, pero seguro que se trataba de un gesto de cara a los votantes, igual que pasa con Bildu o con ERC, al que han dejado colgado de la brocha de los indultos. Ahora podrán decir eso de Santa Rita, lo que se da no se quita; pero quien manda, manda, y las órdenes que vienen de Europa o de los tribunales no son discutibles. Para los españoles de a pie, este espectáculo de trileros es habitual, e incluso, en algunos sectores, se puede llegar a aplaudir la habilidad con que se hacen las trampas. La nueva política consiste en eso. Yo creo que siempre ha sido así, aunque antes no se explicitaba tanto ni se hacía exhibición del truco. Hoy parece que ha pasado a ser un mérito. Mi amigo argentino contaba historias más divertidas. Yo no le llego a la suela de los zapatos, pero, qué quieren, leyendo la prensa del día no me encuentro más que esta miseria. Me gustaría hacer el efecto de un vals de Strauss titulado Morgenblatter (periódicos de la mañana), pero las melodías de los quioscos de música están congeladas con la pandemia. Veremos cómo sale el concierto de Viena. Habrá mascarillas rojas, como el gorro de Santa Claus, y los guantes amortiguarán las palmadas que acompañan a la marcha Radetzky, siempre con la esperanza de que vendrán tiempos mejores.

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