visiones atlÁnticas

Efecto Messi

La ensoñación nacionalista arrastra la pérdida de la realidad, que acaba sustituida por el regreso a un pasado ideado. Anomalía donde razón e identidad se contraponen, según la tribu de adscripción. Desaparece la democracia, dice Giovanni Sartori, cuando se desprecia el mérito y el derecho a la igualdad. Esta deriva conlleva la tribalización, incluso de los intelectuales, en una operación de marketing, devaluando mérito e igualdad; como hace Michael Sandel, desde Harvard, en su obra La Tiranía del Mérito. Ligado al conflicto entre democracia y multiculturalismo, se diluye el mérito y hasta la identidad de los sexos. Atrás han dejado la razón, soporte de la ciencia y la humanidad de las democracias liberales, devaluadas por la ocupación del poder. Cataluña es una “democradura” (democracia-dictadura), en términos de Pierre Rosanvallon, donde operan los émulos de los “camisas pardas” hitlerianas, los “descamisados “del peronismo, la “kalebarroca” vasca, aquí los “antifascistas” del procés.
Gráfica la imagen de las figuras de Messi y Pujol para reflejar la deriva catalana. En ambas, la figura se ha comido a la persona. Los 23 años de Pujol al frente de la Generalitat, con los casi 20 años de Messi en el Barça. Dos líderes sociales. Messi nunca ha engañado a nadie, Pujol a nadie ha dado verdad. Jordi Pujol i Soley (1930) fue presidente de la Genelalitat entre 1980 y 2003, con CIU, alianza de Convergencia y los democristianos de Unió Democrática de Durán y Lleida, hasta 2015. Tarradellas nunca se fio de Pujol, ya dijo cuando cerró el pacto de la Constitución del 78 con Suárez, que montaría una “dictadura blanca”. Cuyo escándalo en Banca Catalana enterró Felipe González en 1984 y cuya figura elevó Aznar, al convertirlo en español del año. Estratega desleal a varias velocidades, donde en paralelo vaciaba el estado, con la lengua, la escuela, la Administración, los medios y el presupuesto. ”Mister 3%”,como lo llamó Maragall, impulsó su “capitalismo de amiguetes” en el juego de la contratación pública, destruyendo el mercado como mecanismo de asignación . Acabó convertido en el Bárcenas catalán en provecho familiar, donde el 3% empieza financiando en mayor cuota al partido y acabó financiando al gestor.
Lionel Messi (1987), Rosario, Argentina. Desde los 13 años se integró en el Barça, debutando a los 17 años y en 2004 en el primer equipo. En febrero 2021 Messi marca su gol 650 en el Barça, que es “más que un club”. Identificación nacionalista que Messi aborda con el bolsillo, sostenido en los 34 títulos, 10 ligas, cuatro UEFAS, seis copas del Rey y más. Sin crisis, el equipo se mantenía al borde; con ella, entra en quiebra. Con los 555 meuros de Messi, el mayor contrato de un deportista actual, cierra el presupuesto 2020 con 100 meuros en pérdidas, 1.200 meuros en deuda a corto. Situado en suspensión de pagos, debe ampliar capital, reducir salarios y venta de jugadores, renegociar deuda y generar nuevos recursos. El Barça le firmó de rodillas el 2017 en plena rebelión y él hizo caja con la debilidad nacionalista, que le obligaba a hablar en catalán e integrarse, y él se desvinculaba en caso de independencia. Solo se puede ser argentino en español.
Demolida la democracia en Cataluña, el próximo reto electoral compromete a la nación. Donde ya el PSOE vende la condonación de su deuda pública con España de 72.000 meuros. Análoga propuesta que elevan al Banco Central Europeo, promoviendo la ilegal cancelación de 300.000 meuros, amparados con las firmas del neocomunista Thomas Piketty, Podemos y Cristina Narbona, Presidenta del PSOE y mujer de Josep Borrel. Irresponsable matrimonio, alentando el letal debate de no devolver la deuda UE. Ministro él de Exteriores de la UE, que vive en un mar de contradicciones y fracasa en su misión rusa y ante la dictadura venezolana.
Ni España, ni la UE, ni el BCE pueden socializar los desmanes nacionalistas.

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