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Silvio Pelizzolo: “Mi misión era ocuparme las 24 horas de los turistas italianos contagiados”

El cónsul honorario del país transalpino en Tenerife recuerda en DIARIO DE AVISOS las horas más críticas del confinamiento del hotel de Adeje, un año después de la inédita cuarentena en la que resultaron infectados seis ciudadanos italianos y una británica
Silvio Pelizzolo, cónsul honorario de Italia en Tenerife. F. P.

Fue uno de los protagonistas del primer confinamiento en el mundo de un hotel por coronavirus, que encerró a casi un millar de personas en el sur de Tenerife después de que un médico italiano que se alojaba en el H10 Costa Adeje Palace, diera el primer positivo por COVID-19 en la Isla y el segundo en España tras el caso de un turista alemán en La Gomera.

Aquella noche del 24 de febrero, antesala de la apoteosis carnavalera en la capital tinerfeña, la noticia le sorprendió en La Palma al cónsul honorario de Italia en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Silvio Pelizzolo, que hoy, a punto de cumplirse un año de aquel episodio sin precedentes que dio la vuelta al mundo, recuerda cómo afrontó los días más críticos a partir del momento en que conoció el primer contagio de su compatriota a través de una llamada de DIARIO DE AVISOS.

“Esa noche no había vuelos desde La Palma a Tenerife y tuve que esperar al día siguiente para salir de la isla”, recuerda Pelizzolo, que en esas fechas ya seguía con preocupación la creciente espiral de contagios en Italia, primer país europeo golpeado por la pandemia. “Además de lo que publicaban los medios de comunicación, tenía información de que las cosas no iban bien en el norte del país, donde existe una gran actividad industrial y, por tanto, una gran conectividad, y reconozco que empezaba a temer lo que podía pasar, aunque sin imaginarme lo que ocurriría realmente, pero aquí todavía se veía el problema bastante lejano”, afirma.

Como ejemplo de esa distancia social que existía con el preocupante panorama que comenzaba a gestarse, Pelizzolo apela a una experiencia personal el día en que se dirigió por primera vez a una farmacia de la capital tinerfeña para comprar mascarillas. “Los empleados y los clientes me miraron como si fuera un marciano”, asegura.

Nada más aterrizar en Tenerife el martes de Carnaval, Silvio Pelizzolo asistió a la primera reunión del Comité de Emergencia de Sanidad convocada con carácter urgente. Ahí le vio las orejas al lobo tras palpar la gravedad de la situación que transmitían las autoridades sanitarias y políticas, cuya prioridad era evitar los contagios a toda costa en el establecimiento hotelero – se contaba con el precedente de La Gomera resuelto favorablemente – pero sin perder de vista los efectos económicos que se jugaba la industria turística en plena temporada alta.

El médico infectado fue trasladado, entre grandes medidas de seguridad, al Hospital de La Candelaria, donde permanecería aislado. 48 horas después, su esposa daba positivo en un test y también quedaría ingresada en el mismo centro hospitalario. “Hablaba diariamente por teléfono con él y no me transmitía un temor especial, probablemente como médico pensaría que a él no le tocaría la enfermedad. En cambio, su señora lo llevaba mucho peor, estaba muy deprimida porque se veía sola y atendida por el personal sanitario con trajes de protección especial. No aguantó la presión psicológica y un día se escapó de la habitación para ir a ver a su marido. Entonces se hicieron gestiones y se logró que los dos estuviesen juntos para mejorar su estado de ánimo, y a partir de ahí todo fue un poco más fácil”.

En los días sucesivos se registraron cinco positivos más (no se detectarían más casos durante los 14 jornadas de cuarentena), de los cuales cuatro corresponderían a turistas italianos del círculo más próximo al matrimonio infectado, y una huésped británica.

“Mi misión era ocuparme de los italianos ingresados o bajo observación las 24 horas durante los siete días de la semana, mientras que un funcionario de la Embajada realizaba un seguimiento al resto de turistas italianos alojados en el hotel, más de 30, a través de un chat para vigilar permanentemente su estado de ánimo hasta que pudieran regresar”, recuerda Pelizzolo.

contagio en un apartamento
Un año después, el cónsul italiano revela en este periódico que, mientras los grandes focos mediáticos apuntaban hacia el complejo hotelero de cuatro estrellas (cada día se congregaban frente a su fachada una decena de cámaras y una veintena de reporteros), se produjeron otros dos positivos en unos apartamentos del Sur. “Toda la atención estaba en el hotel, pero hubo otro contagio de un italiano que había llegado una semana antes en el mismo avión que los afectados. Su pareja poco después también enfermó de coronavirus. Lo comuniqué al Servicio Canario de la Salud telefónicamente y por escrito, porque así me lo pidieron. Tuvimos suerte, porque los dos se autoconfinaron hasta que las pruebas dieron negativas y la situación no fue a más”.

Además, no olvida que otro de los temores que transmitían los ciudadanos confinados en el hotel era que se acabaran sus medicamentos para tratarse las enfermedades que padecían, como diabetes o hipertensión, pero “ahí contamos con la colaboración de una farmacia que regenta un chico italiano en Adeje, hacia el que fuimos dirigiendo las solicitudes de los fármacos para enviarlas al hotel. Él nos ayudó después, en plena crisis sanitaria, a buscar medicamentos para demandas de ciudadanos italianos de toda Canarias, sobre todo cuando quedó aquí mucha gente bloqueada al no poder regresar”.

Y es que una situación especialmente delicada fue la búsqueda de vuelos para proceder a las repatriaciones. Viajar al país transalpino resultaba una misión prácticamente imposible. “De repente nos encontramos con el bloqueo de vuelos al prohibir el Gobierno español las conexiones aéreas con Italia. Eso lo complicó todo y afectó al grupo que había pasado los 14 días de cuarentena en el hotel. Estábamos con todo el operativo dispuesto y la gente se quedó encerrada otra vez aquí”, relató el cónsul, que recuerda que se recurrió en las siguientes fechas a la autorización de vuelos específicos a través de la Embajada, “aunque también hicimos dos viajes también de Italia a Canarias”.

En la resolución de la crisis del hotel, el representante consular italiano elogió la gestión de todo el cuerpo consular. “Nos ayudamos entre todos y colaboramos para que todo saliera bien y se resolviera de la mejor manera. El dispositivo, en líneas generales funcionó y dimos una buena imagen de Tenerife como destino turístico”.

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