tribuna

La democracia necesita explicaciones

Parece detectarse un empeño en vincular a la persona con la institución, cuando se viene sosteniendo por parte de las mayores instancias del Estado que estas cosas son independientes

Pasada la tormenta del aniversario del 23F, después de escuchar el discurso de Meritxell Batet y ver el paso de Echenique, como si fuera un trono de Semana Santa, El País vuelve a la carga con una supuesta investigación, en la que ha descubierto que el emérito hace una segunda regularización con Hacienda. Y yo que creía que, salvo lo referente a la ley de protección de datos, los asuntos fiscales eran públicos, fueran de la naturaleza que fueran. En fin, el periódico ha hecho su labor y todos debemos agradecérselo, pero hay una afirmación en el editorial que comenta estos acontecimientos que no puedo pasar por alto. Está bien eso de que el rey es un ciudadano más y que todos los españoles son iguales ante la ley. Faltaría más. A veces, al editorialista se le va la mano y afirma algo que va más allá del texto, y en ese más allá es donde se le ve su auténtica intención. La frase textualmente dice: “La conducta del rey emérito ha sido más que incívica. Constituye un oprobio que cae directamente sobre su protagonista, que no supo estar a la altura de la dignidad de su cargo, pero empaña también todo un sistema político en cuya Constitución solo figura un nombre propio, el de Juan Carlos I de Borbón”. Hay que ir por partes. Parece detectarse un empeño en vincular a la persona con la institución, cuando se viene sosteniendo por parte de las mayores instancias del Estado que estas cosas son independientes. La motivación que se argumenta como añadido es que el único nombre que aparece en el texto es el de Juan Carlos I de Borbón, pero si prestamos atención a lo que dice el artículo 57, aquí se le nombra para dejar constancia de que la corona tendrá carácter hereditario en sus sucesores, con lo que la referencia dinástica atañe también a Felipe VI, al que, según parece, están todos esforzándose en defender. No voy a discutir estas argumentaciones del diario más “sensato e imparcial” de España, solo las expongo como una muestra compensatoria de las ofensas recibidas por sus detractores en el acto celebrado hace unos días en el salón de los pasos perdidos. Qué no pierdan su esperanza, porque, al menos El País, les da la razón y se coloca al lado de las tesis de los demoledores del régimen del 78, tan alabado por los otros hace unos días. ¿En qué quedamos? Estamos ante una situación transitiva por la cual pasamos de un elefante abatido en Botsuana a una abdicación real, a la imputación a la institución dañada y, por ende, a la demolición del régimen político al que dio lugar. Esta es la estrategia de los antisistema que se cuela de rondó en una editorial del periódico más influyente. Alguien me dirá que son cosas de la prensa, y de la libertad de expresión, pero esto va más lejos. El título es: La democracia necesita explicaciones. Claro que necesita explicaciones, entre otras aclarar qué se quiere decir cuando el comportamiento del rey emérito empaña a la Constitución. Esto sí me preocupa, como me preocupan tantas cuestiones oscuras que se están desplegando sobre la política española. Si quieren perseguir al emérito hasta meterlo en la cárcel, para así darle carroña al carroñero, que lo sustenten en los tribunales y lo lleven a cabo, pero el carroñero no se conforma con eso. Quiere más. Estas son las explicaciones que necesita la democracia. ¿Hasta dónde se quiere llegar? Con la mentira y la rectificación no se va muy lejos, y así llevamos desde la moción de censura de 2018.

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