cultura

Una fecha para celebrar (y resistir) sobre las tablas

El Día Mundial del Teatro se conmemora hoy en un tiempo excepcional protagonizado por una pandemia, en el que el arte escénico se enfrenta, otra vez, a múltiples retos e incertidumbres
‘Fábula del topo, el murciélago y la musaraña’, de Miguel Ángel Martínez, que representa Delirium Teatro en Gran Canaria. / Sergo Méndez

“El teatro es la poesía que se levanta del libro
y se hace humana”.

Federico García Lorca

Y pese a todo, no hay que dejar de celebrar (y de reivindicar y de resistir). El Día Mundial del Teatro llega hoy para conmemorar el arte escénico de la interpretación. Algo más de un año después de que una pandemia se instalase en nuestras vidas, trastocándolas de arriba abajo y llenándolas de restricciones para protegernos de un coronavirus letal, la cultura intenta abrir grietas en un muro de incertidumbres.

“En medio de este desequilibrio emocional y profesional, tratamos de adaptarnos”, apunta Severiano García, de Delirium Teatro. “Esta vez, a diferencia de otras crisis, como la de 2008, el Gobierno de Canarias, los cabildos y los ayuntamientos se esfuerzan para mantener la actividad cultural”. “Nosotros somos muy afortunados: actuamos en el Teatro Guiniguada y hace semanas que están todas las entradas vendidas. Lo que también demuestra que el público necesita el teatro”.

‘Bárbaros’, un montaje de Troysteatro. / Paula Fuentes

En el Guiniguada, el primer escenario español en reabrir sus puertas tras el confinamiento, la compañía tinerfeña ofrece este sábado, 27 de marzo, al igual que el viernes, Fábula del topo, el murciélago y la musaraña, de Miguel Ángel Martínez. El otro recinto gestionado por el Gobierno regional, el Espacio La Granja de la capital tinerfeña, se suma esta tarde (19.30 horas) a la conmemoración con Teatro La República (Gran Canaria), que escenifica San Juan, de Max Aub.

“Este es un arte que lleva 2.500 años en crisis, de manera que el momento tan duro que estamos atravesando igual hasta nos hace más fuertes”, apunta el dramaturgo palmero Antonio Tabares. “Lo más importante para el teatro, lo esencial, es la presencia: el encuentro físico entre el público y los intérpretes. Eso es algo que en algunos momentos esta pandemia nos quitó, y por eso mismo es muy de agradecer el empeño que muestran tantas personas para que el teatro siga subiendo a las tablas”, agrega el autor de La punta del iceberg y Proyecto Fausto.

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“La mejor forma de reivindicar el teatro es trabajar, cada uno desde su ámbito, para que no cese la actividad”, subraya José David Santos, de la compañía tinerfeña Troysteatro. “Es una labor de todos, de las administraciones públicas, que deben seguir programando; de las compañías, que no han dejado de presentar propuestas, y de los espectadores, que han de continuar viniendo al teatro porque, además, se ha demostrado que la actividad cultural es segura. Nosotros, que también llevamos la gestión del Teatro Unión Tejina, trabajamos duro para que hubiera programación, aunque fuera con un aforo muy reducido”.

“Quiero ser optimista, porque tampoco nos queda otra, y pensar que cuando todo esto acabe el teatro va a resurgir, una vez más, de sus cenizas”, señala el dramaturgo tinerfeño José Padilla. “Durante toda esta pandemia, de una forma u otra, aunque haya sido en remoto y desde una pantalla, el teatro nunca ha dejado de acompañar a la gente. Crisis ha habido muchas y el teatro siempre ha sido necesario, tanto como medio de expresión como para acudir a él y obtener respuestas a nuestra preguntas; respuestas que a su vez nos llevan a otras preguntas”, concluye el autor de Dados, Golfa y Las crónicas de Peter Sanchidrián.

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