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José Luis Escohotado Ibor: “La Constitución está inspirada en el Caudillo; por eso no podemos votar república o monarquía”

La trayectoria docente del filósofo y sociólogo ha discurrido paralela a su compromiso antifranquista y republicano, así como a su activismo social
El filósofo y sociólogo José Luis Escohotado Ibor. / DA

La universidad española ha tenido en la figura de José Luis Escohotado Ibor a uno de sus principales teóricos. Nació en el Madrid de la II República (1934) y le tocó vivir en su niñez la Guerra Civil y sus secuelas. Filósofo y sociólogo marxista, ha ejercido como docente en la Universidad de La Laguna (ULL) desde 1965 hasta su jubilación en 2004, donde dejó una profunda huella en generaciones de alumnos. Su trayectoria docente ha discurrido paralela a su actividad política, que se inicia en la lucha antifranquista y, posteriormente, en el republicanismo. Es uno de los más respetados intelectuales de las Islas, comprometido con el proyecto republicano, conferenciante y militante activo de los movimientos sociales.

-Háblenos de sus primeros años universitarios y cómo surge su vocación por la Filosofía.
“Siguiendo la tradición familiar, me licencié como abogado en Madrid. Mientras estudiaba, me integré en una tertulia vinculada a la Filosofía. Recuerdo a José Luis Abellán, catedrático de Historia de la Filosofía Española. También a los hermanos Fernández-Santos: Ángel, que sería crítico de cine en El País, y Paco, que se exilió en París, vinculado a la Unesco… Ese fue mi inicio en la Filosofía”.

-¿Cómo se produce el cambio del Derecho a la Filosofía?
“Una de las personas que más me influyó fue el profesor José Luis López Aranguren, en un curso que impartió sobre Hegel en 1960-1961. Desengañado del bufete de abogados familiar, inicié la carrera de Filosofía en Madrid. Pero los profesores eran escolásticos y arcaicos, y decidí trasladarme a Barcelona. Allí encontré a profesores como José María Valverde, con sus cursos sobre la Crítica del Juicio de Kant. Recuerdo a Manuel Sacristán, que impartía Introducción a la Filosofía. Asistí a sus clases y seminarios, semiclandestinos, sobre el concepto de ética en Marx, que fueron absolutamente esclarecedores”.

-¿Y por qué se acerca a la Sociología?
“Ya en los años 50 era consciente de que la Sociología era la que aportaría una dimensión estadística y de análisis imprescindible para entender la coyuntura de la época. Aunque tenía una verdadera vocación por esta disciplina, en los 60 no existía en la Península ninguna universidad donde estudiarla. Fundamentales fueron algunos cursos con el profesor Aranguren, con quien años después volvería a coincidir en Canarias. Como no se podía estudiar la carrera, tuve que esperar y hacer la licenciatura en los años 70 en Madrid, aún en la época franquista”.

-¿Qué le animó a venir a vivir a Canarias?
“Fue en 1965. Julia (su compañera, la escritora Julia Gil) y yo vivimos primero un año en Gran Canaria, porque ella daba clases en el colegio Viera y Clavijo de Vegueta. Allí mis relaciones fueron principalmente con el mundo literario de la Isla. Pude conocer a personalidades como Agustín Millares, Pedro Lezcano, Manolo González Barrera, Manuel Padorno o Fernando Sagaseta, que acababa de salir de la prisión de Burgos, donde estuvo varios años por el episodio de Canarias Libre. Allí conecté con Emilio Lledó, que impartió una conferencia en el Gabinete Literario. Ya nos conocíamos: en Madrid trabajé en 1961 en la editorial Tecnos, a la que él acudía como autor. Lledó, que era decano en La Laguna, me contrató para impartir clases el siguiente curso, 1966-1967, en la Facultad de Letras, de Introducción a la Sociología”.

-¿Cuál era el ambiente de la ULL en esos años?
“Mantuve relación con profesores -sobre todo de Derecho- muy interesantes, como Felipe González Vicén, que vivía al lado del campus. Él había elaborado unos artículos sobre el joven Marx y mantuve muchas conversaciones con él y con Emilio Lledó. La impresión que tuve fue la de una universidad muy provinciana. Pero eso no era novedoso en las universidades españolas. Cuando fui a Barcelona tuve la misma impresión, aunque allí encontré varios profesores muy abiertos, más que en el círculo de Madrid, donde habían sido metidos a dedo para sustituir a los exiliados. El de Madrid sí que era un horizonte muy provinciano. En cambio, personalidades como Emilio Lledó y Felipe González Vicén le daban un horizonte mucho más abierto e interesante a la Universidad de La Laguna”.

-¿Qué otros hitos recuerda de esa etapa?
“Estando en La Laguna ocurrió un episodio que me influyó mucho: asistir al Congreso Cultural de La Habana, en diciembre de 1967 y enero de 1968, una movilización de intelectuales de izquierdas que me supuso relacionarme con numerosos intelectuales… Allí estaban Jorge Semprún y muchos otros”.

-¿Cómo fue su proceso de politización?
“El ambiente universitario en la década de los 50 en Madrid era de lucha estudiantil y mucha represión. En 1956 hubo encierros en la Facultad. Una vez la Policía entró a saco. Al día siguiente hubo una manifestación donde hirieron muy grave a un falangista del Sindicato Español Universitario (SEU) con un disparo de pistola, que no podía proceder de los estudiantes, pues no íbamos armados. Fue en esa época cuando comenzó mi politización. El ambiente universitario se radicalizó y entré en 1959 en la Agrupación Socialista Universitaria (ASU). Después se constituyeron las Juventudes Socialistas del PSOE, con Luis Gómez Llorente y otros universitarios. Me integré en el comité de las Juventudes Socialistas, con compañeros como José Luis Alonso, Ángel de Lucas, Ángel Fernández-Santos, Luis Martos… Funcionó de manera clandestina hasta el verano de 1963, cuando hubo una redada y nos tuvimos que dispersar. Me fui a Barcelona; a Luis Gómez Llorente y a Ángel de Lucas los detuvieron. En ese momento se produjo una depuración interna por parte del comité del PSOE. Fue una operación de Miguel Boyer, que estaba en las Juventudes Socialistas. Interpretó que éramos un submarino del Partido Comunista, porque en las acciones clandestinas colaborábamos con las Juventudes Comunistas, movidas por Jorge Semprún en las huelgas y manifestaciones universitarias. Así fue cómo nos expulsaron. En 1964 entré en el Partido Comunista”.

-El régimen franquista veía a algunos profesores universitarios como auténticos enemigos. ¿Cómo se vivía esa situación?
“Uno de los hechos más relevantes fue la expulsión en 1965 de los catedráticos López Aranguren, García Calvo y Tierno Galván de la universidad. Les acusaban de incitar a la subversión. Por ese motivo se realizó una manifestación masiva, en la que ellos iban a la cabeza. Salimos de la Facultad de Letras hacia el rectorado. Ahí nos interceptó la Policía y sacaron las mangueras. Nos sentamos, pero con la presión del agua nos tuvimos que marchar. La calle se llenó de zapatos y otros objetos”.

-¿Cómo es el modelo de República hacia el que considera que debemos avanzar?
“No podemos quedarnos en una repetición del modelo de la Segunda República, donde solo estaba el movimiento obrero. A partir de 1970 surgen los movimientos sociales: ecologismo, pacifismo, feminismo… Unas movilizaciones que van más allá de los partidos políticos. Esa evolución debe inspirar a la República que se pueda implantar”.

-¿Cómo encajaría el internacionalismo en este concepto?
“Hablaría de un internacionalismo humanista, que parte de la igualdad de los humanos como seres vulnerables. Los problemas comunes nos hacen solidarios. Solo una perspectiva internacionalista y confederal puede inspirar la reordenación del poder popular. Hablaríamos de postnacionalismo, pues esa perspectiva internacionalista va más allá de los Estados nación”.

-¿Es viable hoy esa unidad de todos los Estados ?
“Solo tendría éxito sobre la base de unos acuerdos multinacionales. Se trata de que haya cauces de flexibilidad para integrar conglomerados de Estados en perspectivas transestatales. Los más de 200 Estados deberían tener la capacidad de confederarse, de crear acuerdos que permitieran que la instancia estatal se superase en proyectos comunes, de una forma mínimamente asamblearia y democrática. Supondría un cambio frente a la geopolítica imperial capitalista que viene practicando Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial y ejerce una especie de tutela que tendría que ser sustituida por una cooperación internacional que superase esos objetivos belicistas y hegemónicos. Sería una confederación republicana de los pueblos, que podría partir de la experiencia de las Naciones Unidas. Todos los países podrían integrarse en esa política común ecosocialista, que planificase la compleja gama de reordenación del trabajo que habría que afrontar para superar la crisis ecológica y económica”.

-¿Qué es el ecosocialismo?
“Lo que lo caracteriza es la reorganización estructural de la división del trabajo, en la que se eliminan los trabajos destructivos del medio ambiente, el extractivismo, etc., y también las actividades ficticias, por ejemplo, el aparato especulativo de transacciones financieras, los movimientos especulativos, los mercados de futuros y esos elementos perturbadores de la economía real. El ecosocialismo supone retornar a la economía acorde a las necesidades de la ciudadanía mundial”.

-¿Qué opina de los intentos de algunos sistemas educativos de eliminar materias como la Filosofía o la Ética en ciertos niveles…?
“La filosofía nos plantea adoptar una perspectiva humanista, de solidaridad e igualitarismo. Quitar de la enseñanza la reflexión filosófica, con su dimensión crítica, tiene que ver con el proceso del tecnologismo que mantiene la tasa de ganancias capitalistas a escala mundial. Es esa ofensiva del neoliberalismo capitalista. Ahora parece que el proyecto de Ley de Educación del actual Gobierno también elimina uno de los restos de Filosofía que quedaban en el Bachillerato, la Ética, que quieren convertir en optativa”.

-Hace días intervino en el Pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz para pedir que se quite el Monumento a Franco.
“Durante cinco minutos, pero con poco éxito, porque CC, PP y Cs votaron en contra. Mantener el Monumento a Franco es una expresión de ese peso del régimen franquista y su subterránea continuación. El argumento es muy simple: el retraso en la aplicación de la Ley de Memoria Histórica en Santa Cruz es insólito. En casi todas partes se han ido quitando los monumentos a Franco. Que en Santa Cruz no se hayan cambiado más que media docena de nombres de calles y permanezcan más de un centenar dedicadas a militares golpistas y falangistas no se puede explicar. Es una anomalía que aún exista este monumento, teniendo en cuenta que la Ley de Memoria Histórica es de 2007 y que es el último que queda de los dedicados al dictador en España. Fue bautizado por el pueblo, yo creo que irónicamente, como el Ángel Exterminador”.

-¿Por qué no se ha permitido un referéndum sobre monarquía o república?
“Porque la Constitución del 78 está inspirada en el Caudillo. El título dedicado a la Corona le da una impunidad al rey semejante a la del Caudillo. En esta Constitución no es posible el federalismo ni los referéndums populares vinculantes. Detrás de la fachada de reconocimiento de los derechos humanos, oculta toda una serie de artículos antidemocráticos, como el 8, donde se encomienda al Ejército el mantenimiento de la unidad territorial del país, mostrando un centralismo militar heredado. O el 16, donde se da privilegio a la confesionalidad católica… Es decir, contiene elementos que están lejos de formar una constitución democrática auténticamente laica. La posibilidad dentro de esta Constitución de un referéndum como el catalán era imposible. Y por eso se pudo procesar a unos políticos que iniciaron un proceso democrático constituyente. Por ejemplo, el caso de Escocia es significativo. Dentro de la monarquía británica no hubo problemas para que se hiciera el referéndum. Aquí hubiera podido pasar algo similar, pero el militar-centralismo de la tradición franquista que execraba a los independentistas llevó a la situación que conocemos en Cataluña”.

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