Tribuna

Luces largas

Afrontamos un tiempo crucial, máxime en el momento en que empecemos a tener una parte considerable de la población vacunada y con el virus bajo control. Dejaremos atrás, es el deseo y el foco de toda la sociedad, esta pesadilla, pero desafortunadamente no habrá una vacuna tan eficaz para reconstruir el impacto económico que ha […]

Afrontamos un tiempo crucial, máxime en el momento en que empecemos a tener una parte considerable de la población vacunada y con el virus bajo control. Dejaremos atrás, es el deseo y el foco de toda la sociedad, esta pesadilla, pero desafortunadamente no habrá una vacuna tan eficaz para reconstruir el impacto económico que ha tenido.
Confiamos que, con el regreso de los turistas, nuestras condiciones mejoren, pero no parece tan claro que esto ocurra de manera inmediata, primero contaremos con los canarios -como el año pasado-, posteriormente empezarán a venir los extranjeros, aunque es previsible que esto no ocurra hasta llegado noviembre, es decir, con el arranque de nuestra temporada alta. Centrar nuestra atención en el verano es, quizás, una invitación a una pronta decepción, porque no parece seguro que esté la población vacunada de acuerdo con las promesas políticas y, además, competimos con muchos destinos que se juegan perder su segunda temporada, con lo que la tensión en precios será máxima.
Lo anterior no obsta para ir preparando nuestro destino y dejándolo a la altura de las circunstancias, esas que son tan apreciadas por quienes nos visitan en gran número y desde hace tanto tiempo. Por tanto, parece razonable que se hagan los esfuerzos necesarios para que tal cosa pueda ocurrir, no tanto por parte de los operadores privados ya que muchos lo han ido haciendo durante estos meses, con enorme desgaste de sus recursos presentes y futuros. El Gobierno confía en los fondos que deben llegar procedentes de la Unión Europea y pueden constituir una oportunidad que no debe ser desperdiciada. Preparar las islas, no ya para el momento de la reapertura, sino sentar las bases de una economía más sólida y moderna de cara a las décadas siguientes.
Hablar de cambio en el modelo productivo es, a día de hoy, más un discurso político que realmente económico. ¿Podemos, por ejemplo, convertirnos en una potencia de innovación tecnológica? Seguro que a todos nos agradaría, pero no parece posible en el corto o medio plazo. Y así podemos seguir con otros muchos ejemplos. Sin reparar en que no existe razón alguna para abandonar o descuidar aquellas actividades en las que no solo somos buenos, es que somos de los mejores del mundo. Nadie puede ocultar el desplome del turismo y su incidencia, pero es más que razonable pensar que tendrá una recuperación igualmente briosa.
Los gobiernos tienen hoy en su mano ser impulsores y dinamizadores de la economía. Pese a las reticencias de algunos sectores concretos de la sociedad, si tiene sentido tal planteamiento es en un momento como el actual, donde el desplome de la actividad privada puede ser paliado con una inteligente acción política. Y eso puede pasar modernizando infraestructuras que faciliten la actividad económica, no señalando sectores concretos en los que actuar, solo permitiendo que se puedan aprovechar las enormes oportunidades que pueden presentarse.
El mundo no se detiene, vemos cómo cuestiones que ayer parecían imposibles son hoy realidades cotidianas, gracias a la increíble capacidad del ser humano para crear y adaptarse. Es por ello que necesitamos luces largas que permitan una mejor isla en apenas unos años, extrayendo las lecciones adecuadas a una situación tan extrema como la que nos ha tocado en suerte vivir.
Ese concepto de no dejar atrás a nadie es deseable y esto es posible no solo destinando recursos públicos a quienes peor lo estén pasando, sobre lo que no hay nada que objetar. Es también permitir que se den las circunstancias adecuadas para una rápida generación de riqueza, que de esas oportunidades por aprovechar pueda darse de igual modo una importante creación de empleo que no solo sirva para mejorar las condiciones económicas de los tinerfeños, también para que puedan autónomamente desarrollar sus proyectos de vida.
Pero no insistiremos lo suficiente que para que tal cosa ocurra es mucho más importante aliviar la presión burocrática existente que todo el dinero del mundo que se integre en los presupuestos, sabiendo que tan solo el 40% de los fondos que ya tuvimos a nuestra disposición en el periodo 2014-2020 fueron efectivamente utilizados.