tribuna

A vueltas con el derecho a decidir

O sea, que estamos hablando del derecho a autodeterminarse que tienen los pueblos para decidir su futuro como sujetos históricos que son. Y en esas estamos. Hay pueblos que ante una confrontación teórica-política en los parlamentos, pongamos como ejemplo el español, en los que hay representantes que apoyan esa decisión y otros que no. Desde el escenario del nacionalismo cuesta mucho comprender ambigüedades al respecto porque ese derecho es inherente y define a los nacionalismos; es parte imprescindible de su estructura conceptual. Ir por otros caminos que se alejen de este derecho es estar a contracorriente y en un sinsentido.


Es un tema, este de la autodeterminación, que se ha alejado del escenario universitario y de los debates de cierta altura intelectual y que cuando aterriza, como ahora, llega arrastrado por determinadas incongruencias sin haberse implantado en la sociedad con todo el respeto y amplitud que se merece quedándose incardinado en el debate político cerrado de determinadas organizaciones políticas y ausente en algunas nacionalistas, lo que hace sea incomprensible.


Hay que entender que una sociedad moderna, pluralista, tolerante y debidamente informada puede admitir, aunque sea provisionalmente una vía transitoria hasta encontrar la definitiva. Una ruptura sin más, es difícil de aceptar por una mayoría suficiente cuando prevalece el estigma de la aculturizacion lo que causaría rupturas y encajes sociales que no se podrán recomponer de la noche a la mañana. Por lo que debe abrirse y en el caso de Cataluña, que es el que nos ocupa un espacio negociador, e imaginando que este periodo de negociación fracase resultaría obligado poner en relación los hipotéticos beneficios a obtener con los posibles costes que esta decisión podría tener para el conjunto de los afectados.


Y por lo que se puede intuir estamos a las puertas de una solución, no a muy largo plazo que conducirá hacia un “federalismo asimétrico” para dar satisfacción a los catalanes. Cataluña vera aumentado sus competencias, casi como si fuera un estado coaligado, confederado, con el estado español .


Esa situación política, no les quepa la menor duda, es la que se adoptara’ mas pronto que tarde poniendo, de momento, fin al debate ya iniciado. Euskadi ira también por el mismo camino; y tal vez a continuación le tocaría el turno a Galicia ¿Y Canarias?.En esta situación de federalismo asimétrico, o sea confederalista, puerta de entrada de un futuro contrato si así lo considera la mayoría de los canarios quedaría al margen de este proceso porque si en estos momento no se está por la labor, no se apoya el derecho a decidir de los catalanes no podremos, cuando toque, exigirles y al resto de los nacionalismos que apoyen lo que no hemos apoyado.
Y lo mas paradójico es que algunas autonomías, aun siendo del PP, por ejemplo Andalucía ya ha tocado a la puerta de Sánchez para decirle que también requiere para su territorio una mesa de negociación con todos los parabienes sociopolíticos y económicos que se podrán poner sobre al mesa para Cataluña.

Canarias, o deja de mirarse el ombligo o quedaremos a expensas de los que otros hagan y opinen, o no, sobre nosotros. No podemos seguir con un paso adelante y dos atrás, así el futuro cada vez será mas distante, no halagador y sí pleno de incomodidades y de máxima incertidumbre.

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