Cultura

Antonio Álvarez de la Rosa: “Flaubert es un provocador; puedes estar o no de acuerdo con él, pero te obliga a pensar”

El catedrático tinerfeño de Filología Francesa publica 'El hilo del collar', la selección más amplia editada en España de la correspondencia de Gustave Flaubert, en el 200 aniversario de su nacimiento

Antonio Álvarez de la Rosa. / DA

El profesor Antonio Álvarez de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1946) acaba de publicar El hilo del collar (Alianza Editorial, 2021), un volumen que supone la edición en español más ambiciosa que se ha hecho nunca en torno a la correspondencia del escritor francés Gustave Flaubert (Ruan, 1821-Croisset, 1880). Para hacerse una idea del calado de este proyecto que acaba de plasmar el catedrático tinerfeño de Filología Francesa basta señalar que su labor de edición, traducción y, especialmente, selección se ha centrado en un corpus epistolar de casi 4.500 cartas. Sin embargo, más que de una edición académica en torno al autor de Madame Bovary, del que ahora se cumplen 200 años de su nacimiento, como indica Álvarez de la Rosa en el prefacio, El hilo del collar pretende ser “un muestrario representativo del pensamiento del autor, de su forma de ver la vida y sus circunstancias históricas, ofrecer las distintas caras biográficas, un escaparate, en resumen, lo suficientemente goloso para decidirse a visitar la tienda y hasta la trastienda de su gigantesca correspondencia”

-¿Cómo se enfrenta uno a una selección sobre las casi 4.500 cartas que se conservan de Flaubert? ¿Qué ha sido lo más complejo de esta tarea?

“Afrontar una selección como esta significa que te has pasado muchos años leyendo esa correspondencia. Estudié en la Universidad de La Laguna y continué mi formación en Madrid. En 1967 logré una beca y estuve durante un año en Ruan, la ciudad en la que nació Flaubert. En el instituto de Ruan en el que di clases descubrí que estaba el aula que él menciona en la primera escena de Madame Bovary. De manera que, poco a poco, empiezo a ser consciente de la dimensión de este escritor y me adentro en su correspondencia. Hay que tener en cuenta que son cinco volúmenes de la Bibliothèque de la Pléiade, en papel biblia. Calculo que son más de 5.000 páginas. En el desarrollo de mi carrera docente e investigadora ese interés por Flaubert fue creciendo”.

-Un interés que usted ya plasmó en un trabajo anterior.

“Sí. La primera vez que me puse en serio a ello, al menos a hacer una pequeña selección, dio como resultado un libro que se publicó en Sevilla en 2010, Querida maestra, que es justo como comenzaba Flaubert las cartas que le escribía a George Sand, su gran amiga. Ahí están la correspondencia con Sand y también con Leroyer de Chantepie, a la que nunca conoció personalmente. A partir de ese libro toma forma en mí una especie de sueño: la de hacer una selección de las 4.500 cartas. Una selección que a cualquier lector medianamente interesado le aporte la esencia del pensamiento de Flaubert. Lo que opinaba de la política, la religión, las mujeres, la educación… Ese fue el hilo conductor que me llevó a quintaesenciar su pensamiento en las 300 cartas que he reunido ahora en este libro”.

“Él nunca dijo “Madame Bovary soy yo”; el tópico es uno de los venenos de nuestro ser social, y eso él lo sabía muy bien”

-Al recorrer la vida de Flaubert a través de estas cartas, usted destaca la coherencia como una de sus principales características. Un aspecto que puede entenderse como el deseo de cumplir un objetivo, el de ser escritor, trazado prácticamente desde la infancia.

“Él escribe con 19 años una carta a su gran amigo Ernest Chevalier -cuyo abuelo les leía a ambos en la infancia El Quijote; Cervantes será toda su vida un autor de referencia para Flaubert-. En esa carta le dice que si alguna vez llega a tomar parte activa en el mundo, será como pensador y como desmoralizador. Pretende decir siempre la verdad; la verdad cruel, desnuda. En esa época ya no le gustaba la sociedad. Gustave Flaubert cree en el ser humano, pero tomado como individuo, a la masa no la puede ni ver. Pues bien, si tomamos esa carta y después vamos leyendo las demás, nos damos cuenta de que su idea se mantiene en el tiempo. Flaubert cree en la belleza, en la ciencia, en la inteligencia, pero nunca en la masa. A su juicio, el progreso de la humanidad se debe a unas mentes preclaras, a una especie de aristocracia del pensamiento. Él es un hombre independiente, de una ética inmarchitable, con una única obsesión: escribir”.

-Y esa inquietud también se refleja en una extrema preocupación por el lenguaje.

“Jorge Luis Borges dijo de él que era una especie de mártir de la literatura. Esa obsesión se traduce en una búsqueda incesante de la palabra justa, lo que hace que al leerlo percibamos que es prácticamente imposible retocar nada de lo que escribió. Defendía que cualquier pensamiento ha de ser expresado con las palabras precisas. Sin las palabras no hay pensamiento, y sin pensamiento tenemos el caos. Flaubert siempre le está dando vueltas a la relación necesaria entre la palabra justa y lo que llama la palabra musical. Esa es su coherencia”.

Portada de ‘El hilo del collar’. / DA

-Quizás precisamente porque son clásicos, hay escritores a los que acompañan una serie de etiquetas, de tópicos, que resultan muy difícil de desprender. ¿Cuáles son las principales creencias falsas sobre Flaubert que convendría desechar?

“Para empezar, hay una que repite todo el mundo, la de que dijo: “Madame Bovary soy yo”. Eso es falso. No hay el mínimo rastro de esa frase en sus escritos. Es una afirmación que se remonta a principios del siglo XX y es de un estudioso de la literatura que señaló aquello de “como dijo Flaubert…”. Aunque en realidad afirma que esa sentencia se la dijo Flaubert a una amiga y esa amiga dijo que Flaubert dijo… Ese es el primer tópico. Precisamente, Gustave Flaubert tiene un libro, que no llegó nunca a ver publicado, porque en realidad quería añadirlo a su novela inacabada Bouvard y Pécuchet. Al final de esa obra iba a figurar un pequeño diccionario, que unos traducen como Ideas recibidas, otros como Ideas comunes… donde recopila frases que se escuchaban en su tiempo, y que seguimos escuchando y repitiendo hoy, sin pararnos a pensar que hay tras ellas. El tópico, y eso Flaubert lo sabe desde muy joven, es uno de los venenos de nuestra condición humana, de nuestro ser social. Él decía que cuanto más potentes sean los telescopios, más estrellas aparecerán. Es decir, alerta de la costumbre de sacar conclusiones inamovibles. Eso de esto es así y se acabó. Una de las líneas maestras de su pensamiento era que jamás había que concluir. “Para que una cosa sea interesante basta con observarla intensamente”, afirmaba”.

“Siempre le está dando vueltas a la relación entre la palabra justa y la palabra musical; estaba obsesionado con la precisión”

-En esta obra que acaba de publicar alude a un elemento que quizás explica esa aversión hacia la sociedad: la estupidez.

“Sí, ahí estaba otro de sus caballos de batalla. Ya con solo nueve años le escribe a un amigo hablando de la estupidez, la bêtise. No sé si Albert Einstein leyó la correspondencia de Flaubert, en la que le escribe a su discípulo Guy de Maupassant: “La Tierra tiene límites, pero lo que no tiene límites es la estupidez humana”. Eso mismo dijo Einstein muchísmos años más tarde cuando afirmó: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana”.

-Este libro no busca ser una edición académica, sino una invitación a acercarse al pensamiento del escritor a partir de sus reflexiones. ¿La celebridad de obras como Madame Bovary o La educación sentimental nos impide ponderar la relevancia del Flaubert pensador?

“Sin duda. Y hasta cierto punto es normal. Al morir Flaubert, su sobrina comienza a vender esta correspondencia. Pero también la va podando, porque en ella habla de la familia, de sus relaciones amorosas…, de cuestiones que podían suponer un escándalo. De lo que comenzó a publicarse en ese momento a lo que ha aflorado hasta hoy, que se puede consultar en la web de la Universidad de Ruan, se ha ampliado de forma notable nuestro conocimiento de Flaubert. Cuando comienza a escribir Madame Bovary, por ejemplo, mantiene una relación con una de las mujeres con las que más se explaya, no solo desde el punto de vista amoroso, sino también reflexivo. En sus cartas le va contando, como si llevase un diario, las diferentes escenas de la novela. De manera que asistimos a la génesis de una obra de ficción. En su correspondencia percibimos, entre otras muchas cosas, la evolución del pensamiento estético del autor”.

“En sus cartas, como si llevase un diario, podemos asistir a la génesis de una obra de ficción como ‘Madame Bovary”

-El título de este trabajo, El hilo del collar, alude a una frase de Flaubert en la que destacaba, por decirlo así, el cómo frente al qué. ¿Esta preocupación se llega a observar incluso en la propia escritura de las cartas?

“Antes de que publicase Madame Bovary, cuando prácticamente nadie lo conoce, se muestra muy espontaneo y ligero en sus cartas. Aunque por supuesto que escribe bien, porque es alguien que ha leído mucho. En las que dirige a los amigos, por ejemplo, no faltan las confidencias y las bromas de carácter sexual. Sin embargo, cuando publica Madame Bovary y se produce el escándalo y el proceso judicial, empieza a cuidar lo que dice. En cuestión de meses se convierte en alguien famoso y sabe que las cartas que escriba tienen mayor trascendencia. Eso no significa que se convierta en un hipócrita, sino que es más cuidadoso. Por otro lado, al observar sus manuscritos te das cuenta de que no hay muchas correcciones. Creo que también hay otra razón para esto. En un pasillo de su casa, que llamaba El gritadero, se ponía a leer en voz alta, con esa voz tronitonante que al parecer tenía, lo que iba escribiendo. Si algo le sonaba mal, lo corregía. Volvemos, así, a ese equilibrio entre la palabra justa y la palabra musical”.

“Cuando dialogas con un clásico a través de la lectura te preguntas si está hablando de su época o de la tuya”

-¿Qué nos dice Gustave Flaubert hoy, 200 años después de su nacimiento?

“Si un autor es clásico, lo es, entre otros motivos, porque cuando dialogas con él a través de la lectura te preguntas si realmente está hablando de su época o de la tuya. Al leer a Cervantes, a Homero o a Shakespeare percibes que te cuentan lo que está ocurriendo ahora mismo. Cuando estalló la crisis de 2008, recuerdo que le recomendé a un economista que se leyera la novela de Balzac La casa Nucingen, sobre un banquero de origen alemán en París. Le dije que en esa obra vería que todo lo que estaba pasando en ese momento ya ocurría en 1830: la estafa piramidal. Cincuenta años después, Maupassant escribe un artículo en un periódico, en el que, empleando el humor y la ironía, cuenta lo mismo. Eso es la lectura de un clásico. Gustave Flaubert es un provocador, en el buen sentido de la palabra. Puedes estar de acuerdo o no con él, pero te obliga a pensar. Eso es lo maravilloso. Los provocadores como él hacen que no des las cosas por sentado”.