despuÉs del paréntesis

El enfermo

Las reacciones habidas de los convecinos de la isla (e incluso del país) por el drama que vivimos estos días son lógicas. Ante una barbaridad de tal calibre es natural que reaccionemos así; de pedir tortura para Tomás Gimeno si aún viviera a la atrocidad que el fundamentalismo católico confirmó en boca del Padre Báez: el asesinato de las niñas Anna y Oliva no confirma la perversidad del padre, sino la indecente libertad de la madre (a la que califica de “infiel”) por haberse separado del legítimo marido. No importa para el caso que tuviera aquel pintas de maltratador o que el adulterio no decidiera. Pero, ¿qué hay detrás de esta historia? Una cuestión fundamental: el papel histórico que se atribuyen los machos en su actividad social. Ello frente a lo que ha ocurrido en el mundo desde (más o menos) los años 60 del pasado siglo con las mujeres: por feminismo, el análisis consecuente de lo que son y de qué papel, como tales, cumplen en el mundo. Esa es la enseña del tiempo que sienta una diferencia siniestra entre la posición hombre y la posición hembra en este planeta: la capacidad de reflexión femenina, la mirada desde la sospecha contra el enfoque machista e integrista del otro lado. Eso fue Tomás Gimeno, un ser incapaz de aceptar que su ex pareja no es una propiedad suya, que su ex pareja tiene todo el derecho del mundo a rehacer su vida con otro hombre, hombre al que se enfrentó fieramente el dicho Gimeno. Lo que apadrina esa situación es que su ex pareja (por suya) no se comparte, igual que no se comparte lo que considera exclusivo, sus hijas. De ahí salió la aberrante reacción: del buen padre, al sufrimiento; sufrimiento que señala a la mujer haciendo desaparecer de su lado a sus dos niñas, niñas que compartieron. Y el asunto no resiste solo la ferocidad, que alguien fríamente mate a sus hijas por ser las hijas de su otra, el asunto es recomponer el semblante de este tipo de personajes (machos); la cosa no se aviene al carácter, pagado de sí, orgulloso, competitivo, etc., la cosa es el desajuste, el desajuste drástico en macho y por macho, lo que ratifica: la enfermedad. En efecto, Tomás Gimeno era un enfermo categórico, tanto que si viviéramos en una zona más civilizada y cuidadosa, ese individuo hubiera sufrido un seguimiento ajustado y radical; más aún, acaso hubiera sido internado a causa de su disfuncionalidad. Su enfermedad era grave, muy grave; y esa enfermedad fue lo que horripilantemente mató a la inocencia

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