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Expulsado del Ejército en Tenerife por trasplantarse el riñón: la historia de Pedro Alberto

El güimarero de 34 años ha presentado dos recursos, ambos rechazados por el Ministerio de Defensa. Ahora, busca visibilizar las "injusticias" que ocurren en el Ejército para que casos como el suyo no vuelvan a suceder
Pedro Alberto Tarife, exmilitar del Regimiento de Infantería número 49 de Hoya Fría. | Sergio Méndez

Desde su adolescencia soñaba con formar parte de las Fuerzas Armadas de España. Acudía a todos las ponencias y charlas que el Ejército español ofrecía en su centro escolar y fantaseaba con llevar algún día su uniforme. Y lo consiguió. En el año 2007, Pedro Alberto Tarife se convirtió en soldado tras superar las pruebas pertinentes. Un sueño que ha durado poco más de 13 años, ya que, hace apenas dos meses, el güimarero de 34 años vio como su carrera profesional se veía frustrada tras un diagnóstico médico y una supuesta mala praxis.

Ocurrió en 2013, cuando Tarife quiso acudir a una misión en el Líbano. “En los resultados de las analíticas me detectaron una enfermedad renal, concretamente glomerulonefritis, por lo que tuve que quedarme en España”, ha contado a DIARIO DE AVISOS el afectado, quien, por recomendación del médico militar, acudió a un experto en nefrología. Pese a que el soldado se quedó sin viajar a la República Libanesa, continuó desempeñando su labor en el Regimiento de Infantería número 49 de Hoya Fría. “Seguí haciendo maniobras y todo tipo de turnos, incluidas las guardias”, indica.

Sin embargo, su afección permanecía latente y con el tiempo comenzó a empeorar. En diciembre de 2019, durante unas competiciones deportivas con motivo de la celebración de la Patrona, Tarife notó algo en el riñón, “un pinchazo”, que hizo que ese día estuviera “muy débil” y decidiera visitar a su nefrólogo. Fue entonces cuando un desencadenante de infortunios golpearon la vida del tinerfeño. “Tuve que empezar un tratamiento de diálisis peritoneal en mi propia casa durante las noches y entré en una lista de espera de donantes para poder trasplantarme el riñón”, explica Tarife, que, desde entonces, estuvo de baja en el Ejército. “Me ilusioné cuando desde un primer momento había un posible candidato, pero lamentablemente no éramos compatibles y pasé a la lista de donantes fallecidos”. “Eso fue un palo para mí”, reconoce.

Durante la espera -amarga para cualquiera-, al soldado se le venía el mundo encima cada día. Por ello, consultó con su doctor si cabía la posibilidad de reincorporarse a su empleo. A lo que el experto respondió con un informe favorable: “Lo único que no podía realizar eran guardias porque tenía que darme la diálisis, pero necesitaba regresar a Hoya Fría, reencontrarme con mis compañeros y perder de vista aquella máquina; estaba bastante cabizbajo”. No obstante, a pesar de la insistencia del militar y la aprobación del nefrólogo, desde el Ejército le aconsejaron que descansara porque no estaba “en condiciones”.

El güimarero comenzó a formar parte del Ejército español en 2007. | Sergio Méndez

En el mes de junio de 2020, Tarife se presentó ante un tribunal médico militar, encargado de decidir su futuro como soldado debido a la insuficiencia renal que padecía desde hacía años y que se había complicado durante el último. Lo hizo por exigencia de un alto cargo de Hoya Fría que le espetó en su vista que “no se puede vivir de las rentas”. “Me temía lo peor porque acudir a un tribunal supone lo último a lo que puedes optar en el Ejército y suelen ser bastante duros”, declara.

Aunque la verdadera sorpresa para el todavía militar llegó cuando ninguno de los tres médicos que dictaron la resolución era especialista en nefrología. “El tribunal estaba compuesto por un oftalmólogo, una alergóloga y un psiquiatra”. Tarife dice que “dictaminaron que tenía dos tipos de enfermedades: una renal e hipertensión”, pese a que, según sostiene, ambas están relacionadas y se califican por los expertos como una única alteración de la salud. Ante tal situación, el afectado contrató a una abogada entendida en este tipo de casos que, precisamente, es la misma que lleva la defensa del exsoldado Agustín Fariña, también tinerfeño, que pide que se le reconozca el nivel de discapacidad.

Después de presentar dos recursos, ambos rechazados por el Ministerio de Defensa, Tarife recibió la mejor de las noticias: tenía un donante y además era compatible. “Me trasplanté en enero de este año y comencé a ver la vida de otro color”, comenta el exmilitar, que prefiere hacer borrón y cuenta nueva y desoír las alternativas de su letrada para ir a juicio. “Mis compañeros del regimiento también quieren que pelee por mis derechos, pero sinceramente yo ya tengo mi riñón y quiero estar tranquilo”, agrega. Tarife fue expulsado del Ejército hace dos meses tras la resolución del último recurso y se quedará sin percibir ninguna pensión porque durante su trayectoria laboral en el cuerpo no superó los 15 años de antigüedad.

Ahora, lo único que busca el ya exsoldado de Tenerife es visibilizar su historia: “Lo que a mí me ha sucedido es una injusticia y deseo que ningún compañero pase por lo mismo”. También incide en el presunto trato denigrante que reciben los soldados por parte de algunos de superiores, que “son capaces de pedirnos que busquemos un canguro para nuestros hijos al solicitar turnos más flexibles aun sabiendo que somos mileuristas”.

Después de casi dos años de sinvivir, Tarife retoma las riendas de su vida con nuevos proyectos. De momento, tiene previsto realizar un curso de vigilante de seguridad y aprobar el carné de conducir para camiones. Admite que aceptar su enfermedad le costó mucho y cuando lo expulsaron del cuartel “se me vino todo encima”. Por ello, tras un trasplante exitoso y un buen estado de salud, al güimarero ya no se le oprime el pecho, sino que respira con fuerza y ganas de volver a sonreír.

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