en el camino de la historia

La privatización en marcha

La quiebra del estado del bienestar lleva años gestándose de manera paulatina y hasta sibilina, pero es ahora, como pretexto de la crisis económica y sanitaria, cuando se ha destapado de manera desaforada en el intento de enviar lo público hacia la vía de la extinción. Lo que se debe, además, reforzándolo, a la contribución de gobiernos débiles que se encuentran desposeídos de argumentos convincentes para abordar tajantemente el bienestar de los ciudadanos, contando cada vez con menos recursos económicos para apuntalar lo público, lo que ocasiona que la plétora de la indigencia favorecida por sus incapacidades sea galopante y vergonzante. Y, además, la pérdida de un proceso social articulado entre gobiernos y ciudadanos, ratificando el contrato social adecuado es lo que aumenta el poder de un estado que, por medio de la persuasión demagógica, instaura medidas donde el miedo y la mentira toman presencia como verdaderos protagonistas de la acción política.


Burke esta situación la describió perfectamente en Reflexiones de la revolución francesa llegando a la conclusión de que cuando se destruye el tejido del estado no tarda en desintegrase en el polvo y en las cenizas de la individualidad. O sea, lo social se desvanece, los pueblos se desesperan y el individualismo enmarcado en un neoliberalismo asoma con todo su vigor la cara desagradable torpedeando los servicios públicos empezando a desmantelar el estado del bienestar, donde ya el fin justifica los medios y un utilitarismo desaforado se implanta reviviendo una vez más la insolidaridad, poniendo a la sociedad en la picota y dispuesta, en el momento menos pensado, como masa a actuar cuya reacción siempre es imprevisible.


Las soluciones políticas que se activaron en anteriores épocas de penuria pasaron por fortalecer lo público, cuya realidad fue patrimonio de las socialdemocracias, que con las enseñanzas de Keynes reafirmaron y apuntalaron que los desfavorecidos y la fuerza del trabajo se compaginaran aliándose con la intelectualidad, lo que motivó que se construyera una sociedad solidaria con la aspiración hacia el igualitarismo como objetivo a conseguir.


Pero cuando lo que prevalece, como ahora, es la disociación entre los poderes públicos y el individuo estaremos en la antesala de lo imprevisto, en las primeras páginas negras de una historia que está por escribir y que deseamos que se detengan a tiempo sus trazos desdibujados que nos indican quiebra y desazón. Para evitar que esto sea así habrá que volver al contrato social, rescatar a la sociedad del marasmo inducido por las malas políticas y usar el sentido común, porque en ello no solo se condenarán al ostracismo a los menesterosos, sino que los poderosos al final ni siquiera tendrán donde mirarse ni esgrimir su poderío, porque también a ellos solo les quedará el fracaso de una opulencia inservible sin nadie que los contemple y cante aunque sea de manera interesada sus melifluas hazañas .


Y por más que se enfatiza en las políticas socialistas de nuevo cuño, sí se observa que la política de nuestro marco político-económico, la de la UE, es neoliberal, la de EE.UU. es idénticamente neoliberal y hasta la de China con un comunismo ribeteado de un capitalismo mal disimulado va por el mismo camino. Y ante este escenario desplegado por los tres gigantes que dominan el mundo lo que se abre a pesar de ciertos discursos populistas es el retorno a lo privado como dominante y más aún cuando se ve cómo esos populismos se han reconvertido, alineándose con esas mismas políticas que, si las combaten, es de boca para afuera para instalarse en el simulacro y el despiste. No para otra cosa.

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