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Judit, la dura situación de una madre tinerfeña: “Vivo con mi familia en 25 metros cuadrados; necesito darle estabilidad a mis hijos”

Solo tiene una ayuda de 450 euros de la PCI, que es la misma cantidad que paga por el alquiler mensual del estudio donde reside en Taco
Judit con sus hijos y su pareja. Sergio Méndez

Judit tiene 30 años y es madre de dos niños, de tres años y tres meses, respectivamente. Sin empleo y enferma, vive en un piso de 25 metros cuadrados con sus hijos, su pareja y una gatita. Necesitan un trabajo y una vivienda.
Esta joven vivía en el sur de Tenerife hasta hace año y medio, pero su pareja, el padre de su primer hijo, la dejó en la calle. “Me vi sola con el niño y una señora me acogió durante un tiempo en un pequeño espacio que tenía en su casa. Durante la pandemia entré en un piso en La Laguna. Era una ocupación consentida hasta que consiguiera ayuda para salir adelante. Ese era el acuerdo al que había llegado con el propietario del piso, pero estuve un año y pensaron que no me iría. Me denunciaron y tuve que dejar el piso antes de que me echaran. Yo les entiendo, pero mi intención no era quedarme”.
“Vulnerabilidad completa”. Estas son las palabras que utiliza Judit para definir cuál es la situación en la que se encuentra ahora mismo junto a sus hijos y su pareja.
Recibe la Prestación Canaria de Inserción, la PCI, 450 euros que es justamente el dinero que paga al mes por el piso en el que ahora vive con su familia. Un estudio, sin habitaciones, que mide únicamente 25 metros cuadrados.
Judit es muy joven, pero no goza de una buena salud y esto le limita a la hora de buscar un trabajo que le permita salir adelante. Padece artritis reumatoide y sufre episodios de narcolepsia. Un trastorno, este último, que se manifiesta con ataques repentinos de sueño. Judit se desmaya sin poder controlarlo. También padece parestesia. Una patología que hace que su cuerpo se le quede dormido y rígido. Además, pierde el equilibrio y tiene migrañas fuertes muy frecuentes.
“No saben muy bien qué tengo. Los médicos llevan años haciéndome pruebas. Lo único que sé es que tiene que ver con el sistema nervioso, pero hasta que no den con lo que me pasa no podrán reconocer qué grado de discapacidad tengo. Por este motivo solo puedo hacer trabajos que requieren poco esfuerzo físico”.
Judit tiene estudios de fotografía y diseño gráfico, pero dice que solo puede hacer trabajos puntuales porque no puede darse de alta como autónomo. “No tengo dinero para pagar la cuota cada mes y no quiero problemas con Hacienda. No puedo tener una cartera de clientes sin estar dada de alta”, comenta.
Su pareja, de 33 años, siempre ha sido socorrista y ha trabajado en el sector del Turismo, pero asegura que “ahora con la situación que atravesamos y el descenso de la actividad en las zonas turísticas es muy difícil encontrar trabajo. Además, estamos limitados en relación al transporte. Tenemos un coche pero se para. Algún día nos deja tirados”.

Cómo sale adelante
“Recurro a ONG para pedir ayuda e intercambio productos por Internet. Los servicios sociales me facilitan tarjetas para poder comprar alimentos. Y Eloy, un señor que conozco, a veces nos da fruta y verdura que van a tirar en una frutería y que todavía se puede aprovechar. Mi hijo mayor tiene problemas en el intestino y necesita comer mucha fibra”, relata Judit.
Cuenta que ha tocado todas las puertas. Su desesperación le ha hecho incluso escribir al Defensor del Pueblo y a la reina Letizia. Pero la respuesta, en ambos casos, ha sido negativa.
Respecto a su familia, dice que están incluso peor y que no pueden ayudarle económicamente. “Estamos solos, no tengo a nadie”, comenta.
Una situación, dice Judit, que le pasa factura a nivel psicológico. Asegura que “está bastante tocada”, aunque lucha cada día por sus hijos, para sacarlos adelante y que no les falte de nada. “Quiero cuidar de mis hijos y darles todo. Si tengo que luchar por conseguir una casa y un trabajo lo voy a hacer”.
“Lo único que pido es un trabajo para mi pareja y un espacio digno para poder vivir porque estamos hacinados. Vivo con mi familia en 25 metros cuadrados y necesito darle una estabilidad a mis hijos. No tengo espacio para nada y el niño no puede ni jugar. Eso y todos los cambios de casa le han pasado factura en su aprendizaje. Es pequeño, solo tiene tres años, pero ya empieza a darse cuenta. Me ha visto llorar”. “Quiero salir adelante y estar bien para ayudar a los que no tienen y a los que ya me han ayudado. Me siento en deuda con ellos”, concluye Judit.

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